Los docentes llevan años denunciando que las aulas se han convertido en espacios hostiles para muchos maestros y profesores. No es un problema nuevo, pero, según aseguran, se ha ido acentuando bastante desde la pandemia de la Covid. Datos recientes de un macroestudio estatal elaborado por el sindicato STEs-Intersindical, donde también ha participado la USTEC -la organización sindical mayoritaria en Cataluña-, a partir de las respuestas de más de 13.000 docentes de la enseñanza pública no universitaria, muestran que el 83,15% de maestros y profesores alertan que se han incrementado mucho las agresiones verbales –la mayoría– y físicas de los alumnos. Desde menosprecios y faltas de respeto hasta insultos o amenazas, y en algunos casos ataques físicos. En Cataluña, la percepción de inseguridad en las aulas se incrementa hasta el 85%, dos puntos más que el promedio estatal. «Esto responde directamente a la pérdida de prestigio y autoridad de la figura de los docentes», argumenta la portavoz nacional de USTEC, Iolanda Segura, en conversación con El Món.

En esta línea, en el estudio, el sindicato STEs-Intersindical también apunta que este mal clima en las aulas es uno de los principales causantes de muchas de las bajas laborales de los docentes. Una idea que también comparte la portavoz de la Unión General de Trabajadores (UGT) en el sector, Lorena Martínez, que considera que se debería analizar el motivo que provoca que maestros y profesores necesiten tomarse la baja: «Yo misma sufrí dos agresiones por parte de alumnos de primaria cuando estaba en el aula», relata la sindicalista. Todos los docentes consultados apuntan la misma raíz del problema: la pérdida de autoridad. «Hay malestar en los centros educativos, porque estamos sosteniendo lo insostenible, y eso no puede ser», sentencia con firmeza el portavoz de la Intersindical, Marc Martorell, que asegura que, en los últimos años, se han acentuado los problemas de convivencia en los centros educativos. «Se sufren agresiones de alumnos, mayoritariamente verbales, de personas externas o de las mismas familias», añade.

Imagen de la manifestación multitudinaria de maestros y profesores del 15 de noviembre de 2025 para reclamar una mejora de las condiciones laborales del sector / Kike Rincón (Europa Press)

La escuela, un espejo de la sociedad

Los docentes consultados coinciden en que las escuelas y los institutos son un reflejo nítido de la sociedad. Políticamente hablando, los discursos de ultraderecha han tomado fuerza en los últimos años, especialmente entre la gente joven y a través de las redes sociales: «Las redes sociales son un medio de propagación muy grande, y hacen de altavoz de este ideario. La ultraderecha también está entrando ya en las aulas, y no se nos dan herramientas desde la administración para combatirla«, argumenta la portavoz del sindicato mayoritario de educación. De hecho, según asegura Iolanda Segura, al sindicato les consta que algunos docentes han sufrido agresiones LGTB-fóbicas y xenófobas, entre otras, por parte del alumnado. En este sentido, coincidiendo con la opinión de los otros portavoces sindicales, Lorena Martínez apunta que los docentes han perdido autoridad, también, por la percepción que tiene la sociedad sobre su profesión: «Por eso cada vez nos faltan más profesionales. La gente no está dispuesta a aguantar según qué conductas», exclama.

De la misma manera que los discursos de odio se están haciendo un lugar entre parte de las nuevas generaciones, el incremento de las desigualdades sociales también les afecta directamente. Y estas desigualdades también se trasladan a las aulas: «También nos encontramos con alumnos emocionalmente inestables porque los acaban de desahuciar», ejemplifica Marc Martorell, que recuerda que en los últimos meses muchos docentes han empezado a organizarse en plataformas de defensa de la vivienda. Profesores y maestros de Salt, en el Gironès, plantaron la semilla en noviembre de 2018 con la plataforma Docentes 17190 Por el Derecho a una Vivienda Digna, y desde entonces otros profesionales del país han seguido su estela creando organizaciones en Barcelona -con la plataforma Docentes O80– o en Hospitalet de Llobregat, entre otros. «Los problemas deben atacarse desde la interseccionalidad», constata el portavoz de la Intersindical.

Imagen de la manifestación multitudinaria convocada por los sindicatos de docentes contra la precariedad laboral / Kike Rincón (Europa Press)

Ratios más bajas, más recursos y más intervención de Educación

Los docentes consultados aseguran que la mejor manera de hacer frente al incremento de las agresiones en las aulas es tomar medidas para prevenirlas, ya que de esta forma será más sencillo evitarlas: «Lo más esencial para combatir las agresiones es la prevención, trabajar con proyectos educativos de convivencia», argumenta Marc Martorell, que considera que actuar retroactivamente una vez se ha sufrido la agresión «es ir vendidos». En este sentido, los representantes de los diferentes sindicatos apuntan que una de las mejores maneras para prevenirlas es bajar las ratios, una reclamación que llevan años poniendo sobre la mesa, y que aún no se ha resuelto del todo por parte de la administración catalana: «Cada vez hay más complejidad en las aulas y nos faltan manos», asevera Iolanda Segura.

Más allá de una bajada de las ratios, los docentes insisten en que también se necesitan más recursos para el sistema educativo, especialmente desde la puesta en marcha de la escuela inclusiva: «Impulsarla sin dotarla de recursos aumenta la complejidad», exclama la portavoz del sindicato mayoritario. En esta línea, Lorena Martínez asegura que es «imposible» afrontar la realidad de las aulas con los recursos actuales: «Tienes veinticinco alumnos en el aula, cada uno con sus casuísticas personales, y faltan manos para darles la atención que requieren. Hay niños que necesitarían tener una persona al lado durante todo el día. Es un pez que se muerde la cola», argumenta la portavoz de UGT, que considera que se necesitan «dos personas en el aula» y unas ratios ajustadas a las necesidades del alumnado.

Aparte de estas dos cuestiones, desde la Intersindical también reclaman una «política de país clara contra las agresiones»: «Queremos que el Departamento de Educación actúe de oficio cuando se produzcan estos casos», exige Marc Martorell, que asegura que, en estos momentos, la consejería evita confrontar estas situaciones. «En la inmensa mayoría de los casos, solo viene un inspector que te recomienda que tomes la baja y no hagas mucho ruido. No acaba pasando nada, y esto da carta blanca a las agresiones para que vayan en aumento», añade el sindicalista. Los docentes también piden más apoyo de las direcciones, que a su vez deben tener más cobertura legal, ya que, según apuntan, a menudo se sienten «cohibidas» de actuar por miedo a las represalias legales de las familias. Es decir, los docentes creen que las direcciones pueden darles más apoyo a la hora de tomar medidas contra las agresiones, pero el Departamento de Educación también debe dar más herramientas a los mismos centros para hacerles frente: «Se están normalizando estos hechos, y eso no puede ser. Se deben cuidar los servicios públicos», exclama Lorena Martínez. Sea como sea, maestros y profesores reclaman medidas urgentes para hacer frente al clima creciente de inseguridad en las aulas.

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