Cataluña mejoraría los resultados de PISA en las tres competencias examinadas: ciencias, matemáticas y lectura, y se situaría por encima de la media estatal y de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Se situaría, en condicional, porque el error en la muestra de los alumnos –han quedado exentos más de los que correspondía– ha invalidado cualquier comparación que se pueda hacer. En ciencias, Cataluña obtiene 502 puntos, mientras que la media internacional es de 482; en lectura, la media es de 473 puntos, por encima también de los 461 de la OCDE; y en matemáticas, la gran asignatura pendiente de los últimos años, el resultado es de 469 y supera por poco la media del resto de países.
Todo ello, marcado por el error de Educación al ejecutar las pruebas, que se realizaron entre el 31 de marzo y el 16 de mayo de 2025. Un cúmulo de incoherencias y errores provocaron, a pesar de las advertencias del Ministerio de Educación, que la muestra no fuera representativa: quedaron excluidos de la prueba un 23,2% de los alumnos seleccionados, cuando la OCDE acepta un máximo del 5%. En números absolutos, 591 estudiantes quedaron excluidos de las pruebas; la mayoría por discapacidad cognitiva, conductual o emocional, pero también por desconocimiento del idioma.

Un asterisco en el informe estatal alerta que los resultados catalanes «no deben ser utilizados para hacer comparaciones con otros territorios o otras ediciones de PISA, ya que la muestra de alumnado que ha realizado las pruebas no es representativa del conjunto de alumnado en Cataluña». En la rueda de prensa de presentación del informe, el secretario de Estado de Educación, Abelardo de la Rosa, ha admitido que los resultados catalanes son inválidos, pero no incluirlos en el informe “sería ignorar que ha sido evaluada y que hay unos resultados”.
El informe internacional, que recoge todos los resultados, también advertirá de los errores que se han dado en Cataluña. Sólo Murcia ha vivido una situación similar, aunque la tasa de exención es sólo del 13% –diez puntos menos que el 23,2% de Cataluña– y aparecen en el informe. En este caso, la advertencia de la OCDE avisa de un posible “riesgo de sesgo por sobreestimación”, aunque no invalida el resultado.
La consellería, en el punto de mira
Los resultados de las pruebas PISA no podrán compararse con otros territorios ni tampoco con los que hubo en Cataluña en 2023. Sirven para bien poco y no proporcionan una radiografía real de la situación. Todo ello ha generado una nueva crisis en la consellería que ha provocado el cese y sustitución de la secretaria general Teresa Sambola –número dos de Niubó– y la apertura de tres expedientes sobre los cuales el departamento aún no ha querido dar ningún dato. Una crisis sin precedentes que ha convertido la consellería en el nuevo talón de Aquiles del Gobierno y ha encendido aún más la comunidad educativa, que inicia el curso con una nueva huelga para reclamar mejoras laborales.

La crisis pone en el punto de mira la gestión de la consellería, que recibió hasta siete avisos de los técnicos del Ministerio de Educación alertando de los errores en la muestra de alumnos. Unos avisos que, según la consejera Esther Niubó, nunca llegaron a su mesa. El departamento, que primero señaló a los docentes, ha reconocido finalmente que las indicaciones no fueron claras, lo que provocó confusión en las escuelas. De la Rosa, preguntado por esta cuestión, se ha limitado a avalar las explicaciones de la consejera Niubó, atribuyendo los errores a un problema de «interpretación y de transmisión» de las indicaciones. Niubó, que ha abierto una investigación, aún en marcha, ha reiterado la hipótesis de que los docentes habrían aplicado los criterios de las pruebas internas de la Generalitat –con criterios más laxos– a las PISA.
Todo ello ha generado la situación ya explicada: los resultados no son comparables con la última edición (2022), que dibujó un nivel bajo en matemáticas y provocó cambios dentro de la consellería. Educación, en aquel momento en manos de ERC, vinculó aquellos malos resultados a la transición del Consejo Superior de Evaluación a la Agencia de Evaluación y Prospectiva de la Educación, y causó polémica asegurando que el mal resultado también se explica por el incremento de alumnos recién llegados. La consejera Anna Simó (ERC) acabó por cesar al presidente del Consejo Superior de Evaluación, Carles Vega. Los errores de esta edición impiden saber ahora si la mejora detectada en matemáticas es o no real.

