L'escapadeta
«El Himalaya español»: descubre la laguna de Aragón donde miles de grullas hacen escala en otoño

Prepárate para descubrir un tesoro natural que hasta ahora solo conocían unos pocos privilegiados. En el corazón de Aragón, escondido entre vastos campos de cereal y sierras ibéricas, emerge un paisaje tan imponente que el mismo Jesús Calleja lo bautizó como el «Himalaya español». (Sí, nosotros también alucinamos con la comparación, pero ya verás por qué es tan acertada).

Este rincón secreto se convierte cada otoño en un escenario mágico, punto de encuentro para miles de ejemplares de una de las aves más majestuosas de Europa. Estamos hablando de un espectáculo natural imprescindible que te dejará sin aliento y te hará replantear el significado de la palabra «desconexión».

El secreto que Calleja desveló está ahora a tu alcance. Una experiencia que no puedes dejar escapar si buscas la verdadera conexión con la naturaleza más salvaje.

El nombre de este lugar casi mítico es la Laguna de Gallocanta. Situada entre las comarcas de Daroca y del Jiloca, se extiende sobre casi 2.000 hectáreas a unos 1.000 metros de altitud, un verdadero gigante que ha pasado desapercibido para el gran público. Pero su magnitud no es lo único que la hace única; su origen geológico es fascinante.

Esta reserva natural, protegida por la convención Ramsar por su relevancia internacional, esconde una peculiaridad sorprendente: es el lago salado más extenso de Europa occidental. Las aguas que bajan de las sierras quedan atrapadas en esta depresión sin salida natural, y la fuerte evaporación estival concentra los minerales, creando un ecosistema salino único en la Península Ibérica.

El secreto de un tesoro natural escondido en nuestro interior

Las dimensiones de Gallocanta realmente imponen: el vaso principal puede llegar a los 7,5 kilómetros de largo por 2,5 de ancho. Eso sí, su lámina de agua es un organismo vivo que cambia con las lluvias, pudiendo pasar de casi unas charcas en épocas secas a superar los dos metros de profundidad en los años más húmedos. Una solución natural que se adapta a su entorno con una inteligencia sorprendente.

Pero el verdadero motivo por el cual Gallocanta se convierte en un polo de atracción es la migración de las grullas comunes. Estas aves, procedentes de Escandinavia y el Báltico, utilizan la laguna como una estación de servicio natural, un punto de reposo y alimentación crucial antes de continuar su largo viaje hacia las dehesas del suroeste peninsular o el norte de África.

Este fenómeno es tan masivo que en los momentos de máxima afluencia se han llegado a contabilizar concentraciones superiores a los 60.000 ejemplares en la cuenca. Imagina la imagen: miles de aves descendiendo sobre el agua al atardecer, un contraste mágico entre la serenidad del lago y la llegada constante de grandes bandadas. Es un espectáculo visual que queda grabado en la retina.

Poco queda de la calma de verano; el otoño transforma Gallocanta en el pasillo aéreo más impresionante. No te pierdas este milagro, es ahora o nunca.

La clave para entender el gran espectáculo aéreo del otoño

Octubre marca el inicio de esta llegada progresiva. Las primeras grullas ya se dejan ver, aterrizando con elegancia sobre el agua al atardecer para descansar tras horas de vuelo. Pero es durante las semanas centrales del otoño cuando el espectáculo gana toda su intensidad, con la afluencia aumentando significativamente a lo largo de noviembre.

Este humedal es un destino clave para los amantes de la ornitología y las rutas al aire libre. Gallocanta no es solo un lugar de paso; los campos de secano de alrededor son una fuente de alimentación vital para estas aves. Observándolas mientras buscan comida antes de emprender el vuelo es una lección de resiliencia natural.

La vista de estas bandadas, con su vuelo coordinado y sus gritos característicos, es un fenómeno que nos recuerda la fragilidad y la belleza de nuestro planeta. Este es un lugar donde la naturaleza dictamina el ritmo, y nosotros somos meros testigos privilegiados de un ciclo ancestral. Un verdadero regalo para los sentidos.

Así puedes vivir la experiencia más sorprendente del año

Si ya estás planeando una visita para disfrutar de este espectáculo definitivo, debes saber cómo hacerlo sin interferir en la vida silvestre. La reserva cuenta con varios miradores estratégicamente situados y un centro de interpretación muy completo, ubicado en la carretera entre Bello y Tornos. Estos recursos son imprescindibles para aprovechar al máximo tu estancia.

El Gobierno de Aragón también gestiona casetas de observación, que abren desde principios de septiembre, ofreciendo un refugio cómodo para quienes quieran seguir el ajetreo de las aves con telescopio. Puedes comenzar tu itinerario en el observatorio de Los Aguanares y luego poner rumbo a la Ermita del Buen Acuerdo, un promontorio natural perfecto para contemplar la entrada de las bandadas a última hora de la tarde. Una experiencia inmersiva garantizada.

Muy cerca del agua encontrarás el observatorio de La Reguera, una estructura desde donde te será muy sencillo seguir con el telescopio el ajetreo de las aves. Y no olvides subir hasta el mirador de Berrueco, situado en la parte alta de la localidad del mismo nombre. Cada punto te ofrece una perspectiva única, un ángulo diferente de este ballet aéreo.

Visitar Gallocanta en otoño es tomar una decisión inteligente que te permitirá conectar con una de las maravillas naturales más grandes y desconocidas de la Península. No es solo un viaje, es una inmersión en la vida salvaje, una pausa en el ritmo frenético para presenciar uno de los ciclos más antiguos de la naturaleza. Realmente nos lo merecemos, ¿verdad?

Ver Gallocanta en Google Maps

Comparteix

Icona de pantalla completa