La Diada de este 2026 ha certificado un punto de inflexión en la movilización soberanista con una presencia destacada de jóvenes, muchos de ellos luciendo esteladas y la camiseta del FC Barcelona –la de la senyera, pero también la blaugrana. Tras años de desencanto post Proceso, la incorporación de esta nueva generación, menos marcada por la frustración de 2017, se ha convertido en un soplo de aire fresco para el movimiento, impulsada tanto por la reacción a Aliança Catalana como por el papel del Barça como referente de catalanidad. La juventud que ha asistido a la Diada tiene un objetivo claro: que el independentismo mire al futuro con «esperanza».
Blai Francesch (18 años), de Barcelona y miembro de la Assemblea de Joves de Catalunya –entidad que funciona de forma independiente de la Assemblea Nacional Catalana–, participó en la manifestación convocada por la ANC en Barcelona. Integrado en una columna bautizada como «futuro», explica que «siempre» ha ido a la Diada porque es tradición, pero subraya que este año ha visto «más actividad independentista». En conversación con El Món, reconoce que el independentismo «está muy decepcionado», pero cree que «está resurgiendo» y ve un punto de inflexión en el movimiento: «Muchos jóvenes se han adherido, y mucha gente que ya no confiaba en el independentismo ha visto este año que no hay nada perdido, que todavía se lucha», y considera que los problemas sociales y la gestión del gobierno del PSC genera un aumento del independentismo. Èlia Farré, de Les Borges Blanques y también miembro de la entidad, constata que le «sorprendió» que este año en Barcelona hubo más gente que el año pasado, y considera que eso es «bueno» porque significa que «la juventud sale a la calle y tiene ganas». Para ella, hechos como la reivindicación de la estelada tras la agresión de un aficionado del Barça en Elche o la organización de entidades juveniles como la Força Antifeixista Catalana o Nosaltres Sols han funcionado como catalizadores para que la juventud tome las calles.
Francesch recuerda que el Primero de Octubre, cuando tenía 9 años, acompañó a su madre a votar y que a su padre «le rompieron los dedos». En este sentido, subraya que le afectó la «represión» que sufrieron familiares como su padre y afirma que, a pesar de ser tan pequeño, considera suyo aquel fracaso. «Todos los jóvenes estamos condicionados por lo que pasó», y afirma que siente suyo el fracaso del Proceso porque «es el fracaso de toda la sociedad catalana». En cualquier caso, subraya que el independentismo «renace» porque cree que hay «esperanza». «Tenemos todo este impulso y esperanza para intentar cambiar las cosas», afirma el joven. Una opinión que también comparte Èlia Farré, que en el referéndum tenía 10 años: «Éramos pequeños, pero estábamos allí y lo vivimos», dice. Ella siente el fracaso como suyo porque en su casa siempre han sido independentistas. «Dijeron que estábamos muy cerca, pero realmente estábamos muy lejos», lamenta sin perder la esperanza: «Lo queremos volver a hacer, tenemos ganas y no nos rendimos». «Después del Proceso, la gente se cansó, se quedó en casa, y ahora lo que intentamos es que haya ganas de volver a las calles», concluye. Ambos se muestran satisfechos por el «triunfo» de la Diada, pero también denuncian las cargas policiales «indiscriminadas» por parte de los Mossos, que detuvieron a 18 personas, 10 de los cuales menores.

El análisis: de la polarización al factor Barça pasando por la insatisfacción con el Gobierno
Los politólogos Marc Guinjoan y Andreu Paneque coinciden en señalar a El Món que este fenómeno responde a una «confluencia de varios factores» sociopolíticos y culturales. Para Guinjoan –que es profesor de Ciencias Políticas de la UAB–, la movilización de jóvenes puede ser un reflejo de que el soberanismo «ha comenzado a salir del hoyo», y esto, según él, se explica en buena parte por «una reacción a Aliança Catalana». «La protesta es más posible cuando protestas contra alguien por quien sientes animadversión. Cuando Aliança Catalana crece, mucha gente reacciona porque no quiere que el movimiento independentista se asimile a la extrema derecha», señala el politólogo. Pero este para Guinjoan no es el único factor. También señala otros factores como el efecto Elche, la «toma de conciencia de país y lingüística» por parte de la juventud y que los dos años del PSC en la Generalitat no han mejorado nada: «El PSC parecía que lo iba a cambiar todo, pero no ha hecho absolutamente nada. Ha sido un auténtico desastre». También añade que la presencia juvenil aporta «nuevas visiones» a organizaciones como la ANC, dominadas históricamente por gente mayor, y al movimiento independentista en general para volver a ponerse en marcha. «Algo se está moviendo y supone un soplo de aire fresco sobre el conjunto del movimiento independentista».
Por su parte, Paneque –doctor en Ciencias Políticas y profesor en la UOC– apunta a la polarización política como elemento clave: «En una sociedad donde nos hemos centrado en analizar cómo los jóvenes se acercaban a proyectos de extrema derecha, esto genera el efecto contrario». Según el experto, muchos jóvenes buscan situarse en el opuesto directamente para contrarrestar estos discursos. Además, remarca que estos nuevos electores llegan «con una tabla rasa» y motivados por ejes estructurales propios como la vivienda, las condiciones sociales o el cambio climático, y no por la frustración del proceso de 2017. También analiza el factor Barça en esta ecuación y manifiesta que cuando «Cataluña ha tenido menos movilización, en tanto que ciudadanía a favor de la independencia, el Barça ha sido el último eslabón que ha quedado en cuanto a catalanidad y, además, hay que sumar el momento de buena dinámica deportiva que vive el club». «El Barça vuelve a molar, y la defensa de la lengua y de la catalanidad, agitan el elemento de la polarización y puede tener un efecto llamada», sentencia.

El Barça, «termómetro» del país e icono de catalanidad
Por otro lado, la proliferación de la camiseta blaugrana —más allá de la tradicional equipación de la senyera— y el episodio reciente como la represión policial por llevar la estelada en Elche han sido puntos de conexión simbólica claves en esta jornada. La vicepresidenta del FC Barcelona, Elena Fort, en conversación con El Món, constata esta proliferación y atribuye este fenómeno a una tendencia generalizada de la juventud de llevar ropa deportiva en su día a día. Pero también hace una lectura más política: «El Barça es una forma de expresar un sentimiento de la gente del país y de su catalanidad». Fort enlaza esta respuesta con el impacto que tuvieron hechos como la agresión a un menor por llevar la estelada en Elche, un caso que «impactó a toda la sociedad» de forma «transversal». «Parte del éxito de la Diada también se genera por un hecho como aquel que afecta al Barça, pero golpea a toda la sociedad», dice la directiva del club, que, según ella, es un termómetro de lo que pasa en la sociedad y en la calle». «El Barça no se ha alejado nunca del país, es ‘más que un club’ precisamente por esta vinculación intangible y emocional con lo que representa Cataluña como país», ha sentenciado.

