Uno de los aspectos que llamó la atención en la Diada de este año fue la presencia de grupos de chicos y chicas muy jóvenes en la manifestación de Barcelona. Una imagen que contrasta con los resultados que se obtuvieron en la encuesta del Centro de Estudios de Opinión (CEO) sobre generaciones y participación política. Según estos datos, la opción de la independencia es mayoritaria (34%) entre los baby-boomers, los mayores de 59 años, y la Generación X (32%), que abarca la franja de personas entre los 43 y 58 años, pero solo uno de cada cuatro jóvenes de la generación Z, es decir, entre 16 y 26 años, apoya la independencia de Cataluña. ¿Hay suficiente masa juvenil para afrontar un relevo generacional dentro del independentismo con estos datos? Tres jóvenes que forman parte de esta generación Z opinan en conversación con El Món que el independentismo tiene el relevo generacional asegurado y que dispone de una cantera preparada, pero necesita sentirse útil y que se cuente con ella para «actualizar» el movimiento. Y señalan una clave para relanzar el independentismo: recuperar la ilusión.
David Silvestre (Barcelona, 2001), que es estudiante de ciencias políticas y centra su actividad política en la asociación juvenil Nosaltres Sols!, y ahora colabora activamente con Voluntaris Catalunya DANA, opina que hay masa suficiente para tomar el relevo generacional y opina que «hay mucha gente concienciada, politizada», pero a la vez apunta que el problema de esta generación está «muy desengañada y muy desamparada» y les cuesta implicarse. «Están reticentes con la política porque el proceso les ha generado un trauma con muchas promesas que no se han cumplido«, dice, y subraya que «falta un poco de tiempo y que la gente joven vea que puede hacer trabajo», también fuera de los partidos, por la causa independentista. «Hay que darles confianza y que su pensamiento tiene un lugar», concluye, porque a pesar de todo, hay muchos jóvenes que han visto que «era posible» alcanzar la independencia y tienen ganas de «remediar los errores que se han cometido y volver con otras estrategias, otras propuestas y con todos los aprendizajes».
Josep Punga (Montcada i Reixac, 1997), un joven economista que trabaja como director de negocio internacional en el Banco Sabadell, exmilitante de Junts y secretario nacional del Bloc Jove de la ANC, defiende que esta masa existe, pero remarca que «está tan desincentivada y parece que son pocos», pero, a su parecer, la clave está en el hecho de que los partidos o los principales actores independentistas conecten con los independentistas más jóvenes, que «se activarán» cuando haya un proyecto que cambie el «rechazo y la rabia» por la ilusión. «La gente joven debe ambicionar ocupar todos los espacios de todos los frentes de lucha independentista como partidos o entidades», defiende, y cree que es necesario renovar «todas y cada una» de las organizaciones independentistas que existen.

El politólogo y doctor en historia contemporánea por la UPF Frederic J. Porta (1996), que por un año de diferencia pertenece a la generación Milénica, opina que el futuro del independentismo está garantizado porque «hay transmisión cultural». «Hay muchos jóvenes que son independentistas, pero están huérfanos de personas, de organizaciones, de ideas», expone, y lo atribuye al hecho de que las generaciones precedentes «no se preocupan, o no les dejan las cosas preparadas para que las puedan llevar adelante». «Los jóvenes tienen que actuar un poco a tientas», lamenta, y advierte que la gente joven «se ha alejado de la política en el sentido de los partidos y las instituciones que han sido hegemónicas durante los años del Proceso». «No quieren saber nada de partidos ni de todo lo que no ha funcionado los últimos años», y cree que deben tener un papel de renovación porque «son los que están más en contacto con el mundo tal como avanza».
La fórmula preferida: combinar sus ideas con la experiencia que tienen los más veteranos
Por otro lado, los tres consideran que se deben establecer sinergias entre los independentistas más jóvenes y los más veteranos, y Josep Punga deja claro que «no debe ser una guerra de generaciones». «No creo que sea los jóvenes contra los menos jóvenes, o nosotros o vosotros, ni mucho menos», resalta, y defiende que la juventud debe tener «más participación, más ambición, debe participar en las decisiones, pero sin abandonar ni dejar atrás toda la experiencia que tantos años ha acumulado en las generaciones que nos han precedido». «Al final la experiencia que tienen no es un patrimonio personal de esas personas, es que es un patrimonio de país y, por lo tanto, como jóvenes también nos pertenece y también debemos utilizarlo para avanzar», sentencia.
Porta defiende esta combinación porque «una nación es un pacto entre los jóvenes y los viejos, los muertos y los que están por nacer», pero subraya que el papel que le corresponde asumir a la generación más joven del independentismo es «actualizar» el movimiento. «Liderar una renovación que vuelva a ilusionar», resume. Silvestre, que tenía 16 años cuando se celebró el Primero de Octubre, constata que la gente joven aporta «sangre fresca», pero le falta experiencia porque acumula «menos errores», y pide que las generaciones más adultas aporten recursos, experiencia, apoyo y consejo: «Nosotros los debemos escuchar, pero ellos también nos deben escuchar». «Solo tomando lo mejor de todas partes saldremos adelante, de lo contrario ya vemos cómo ha ido la cosa», sintetiza.

Los jóvenes se sienten lejos de los partidos y sus juventudes
Los tres representantes del independentismo opinan que la gente joven se siente muy lejos de las formaciones políticas y sus organizaciones juveniles. En este sentido, Frederic J. Porta constata que la gente joven con la que tiene contacto «no quieren saber nada de partidos ni de todo lo que no ha funcionado en los últimos años» y cree que esta es una de las causas de la abstención, que, a su parecer, se concentra mucho en el voto de las nuevas generaciones. Josep Punga, por su parte, se muestra muy crítico con las organizaciones juveniles de las formaciones políticas y afirma que la gente joven que no tiene ningún tipo de vinculación con las formaciones políticas «desconoce las juventudes», que, según él, son «una burbuja» y fuera de esta nadie las conoce.
«Las juventudes de los partidos no son más que máquinas que vacían y generan perfiles acríticos, perfiles obedientes, para maquillar y vender un poco de relevo generacional que, en realidad no existe, porque son personas que no tienen criterio propio para conectar realmente con los cambios que hace la sociedad y replican y repiten los viejos patrones de sus dueños», argumenta el secretario de la ANC.
Finalmente, David Silvestre, expone que en su caso decidió crear una organización al margen de los partidos porque en Nosaltres Sols! son «apartidistas», pero cree en la política «como un lugar donde poder cambiar el rumbo», pero opina que «la estructura política actual ha intoxicado las instituciones, priorizando la silla y el bienestar de un partido». En este sentido, apunta que Cataluña cuenta con gente de «primera división» en diferentes ámbitos como el cultural, el tecnológico, el empresarial y el industrial, entre otros, y lo contrapone con «una clase política que parece de cuarta regional». «Los partidos son una herramienta y no un fin en sí mismo, y simplemente debemos utilizar la política para conseguir nuestro objetivo, que es la independencia», sentencia.


