Como el Barça de Flick, que siempre remonta. Así se ha mostrado el independentismo esta Diada de 2026. No con una remontada épica de las de goleada, pero sin bajar los brazos cuando lo tiene todo en contra. Especialmente los árbitros. De entrada, un dato: se ha revertido la tendencia a la reducción de participantes en la manifestación de cada Once de Septiembre a las 17.14 horas, multitudinaria ininterrumpidamente –excepto el año de la pandemia, en que las medidas sanitarias lo impedían– desde 2012. Aunque siempre es difícil decir cuántos manifestantes participan en una marcha –con el desfase crónico entre la versión de los organizadores y la policial–, la Guardia Urbana ha atribuido a la convocatoria de Barcelona 17.000 asistentes más que el año pasado: de 28.000 personas a 45.000. La ANC calcula que había 100.000, más 15.000 en Girona y 13.000 en Amposta. Pero, aparte del baile de cifras, en la calle se ha percibido la vitalidad de una movilización que sigue siendo la más masiva del país –y Rodalies– después de catorce años.

Este año, además, se ha empezado a ver relevo generacional. Mucha más gente joven. Chicos y chicas que no llevan la mochila de la frustración del post Proceso –aunque la vean cargada a las espaldas de sus padres– y que viven el independentismo desacomplejadamente y sin rencores ni decepciones, de momento. Como el chico de la estelada que acabó apaleado por la policía española alrededor del campo del Elche por una estelada. De hecho, el episodio de Elche –con la posterior llamada a «la exaltación» de la estelada que hizo Joan Laporta, se apunta como uno de los posibles incentivos o coadyuvantes de la notable presencia de camisetas del Barça en la movilización de este viernes, donde también se han escuchado cánticos azulgranas, como el clásico de la grada de animación Un dia de partit.
Este giro llega dos meses después de que el último sondeo del CEO detectara un resurgir del independentismo y de los encuestados que se muestran partidarios de un estado propio para Cataluña. Una tendencia disociada de las perspectivas electorales de los partidos que participaron del Proceso. Y también han casi desaparecido los abucheos a los representantes de estas formaciones, tanto en la manifestación organizada por la ANC como en la velada tradicional la noche anterior en el Fossar de les Moreres. Si algo los ha rodeado, en todo caso, ha sido la indiferencia. De hecho, el nuevo presidente de la Asamblea, Josep Vila –que ha superado con nota el desafío de su primera Diada tras sustituir a un personaje tan carismático como Lluís Llach–, había remarcado mucho que en esta jornada no deben tener protagonismo los partidos, sino que debe ser «de la gente».
La primera Diada de Josep Vila como presidente de la ANC, con una propuesta
Vila había afrontado con este argumento la presión ambiental –y mediática– para posicionarse respecto de Aliança Catalana, el partido independentista que sí crece en las encuestas y que lleva asociado un discurso marcadamente anti inmigración. De hecho, todas las miradas estaban puestas esta Diada en los de Sílvia Orriols y la polarización que generan en el independentismo. La tensión en este terreno ha estado totalmente ausente de la manifestación de este viernes por la tarde, aunque sí la hubo ayer en el Fossar de les Moreres, antes de la vigilia tradicional. A media tarde, Aliança había anunciado que iría y había incluso fletado autobuses para llenar este espacio emblemático y escenario de batallas internas históricas del independentismo. La izquierda independentista se había movilizado para responder, y finalmente fue bastante más numerosa que los de Aliança: 2.500 a 500. Hubo intentos de enfrentamiento, evitados por los Mossos d’Esquadra, muchos nervios y tres detenidos por desórdenes –que hoy han quedado en libertad–, pero una vez finalizado el acto de Orriols, el resto del programa continuó con más placidez que nunca. El gran choque, subrayado por voces interesadas en remarcar la división interna en el independentismo, terminó siendo un suflé.

Y en la manifestación de este viernes por la tarde y los discursos posteriores han dominado las llamadas rituales a la unidad y la propuesta de Òmnium Cultural de retomar el conflicto con el Estado cuando se termine de aplicar la amnistía, pero con un elemento nuevo que ha puesto sobre la mesa el presidente de la ANC: la propuesta de una gran movilización para el año que viene, coincidiendo con el décimo aniversario del 1-O, que la entidad intentará impulsar a partir de una reunión con todos los actores del movimiento. Independentismo propositivo otra vez, en la calle y en la tribuna de oradores, a pesar de la falta de concreción –por el momento– y del desconcierto en el ámbito de los partidos y el distanciamiento de los electores.

