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Paúl Lucín, experto en eliminar barrigas: «Para empezar a perder barriga, tu desayuno debe incluir huevos, proteína, fruta y yogur»

Te levantas a las siete de la mañana, con la sensación de haber dormido poco, y sabes que te esperan tres reuniones antes de poder comer de nuevo. Sí, estás de viaje de trabajo. Bajas al bufé del hotel y, casi sin pensar, te preparas un plato bien lleno: huevos, pan, embutidos, bollería, jugo, café y ese dulce extra «para tener energía». El razonamiento es común: «Como estoy fuera, ya tengo suficiente con el trabajo». O la frase que escuchamos a menudo: «Viajando es imposible cuidarse».

Este pensamiento, sin embargo, no se detiene en el desayuno. Aparece después de cinco horas de reuniones, durante un almuerzo con un cliente que se alarga demasiado, cuando te ofrecen otra copa o cuando llegas al hotel a las once de la noche, sin ganas de tomar más decisiones. Este patrón se repite, transformando un viaje de pocos días en una semana entera de caos alimentario y de desgaste físico y mental. El problema real no es el viaje en sí mismo, sino la falta de un sistema. (Y esto es lo que nadie te dice).

El secreto para romper el ciclo del caos

Tu rutina y tu sistema para mantenerte en forma a menudo se quedan en casa, y cuando la agenda se complica, sientes que todo depende de tu fuerza de voluntad. Pero después de una madrugada, cinco reuniones y un almuerzo extenso, la fuerza de voluntad suele haber hecho el check-out antes que tú. Un experto en nutrición y entrenador personal, Paúl Lucín, ha observado de cerca este fenómeno. Su recomendación es clara y directa, una solución definitiva para uno de los momentos clave del día.

Según Paúl Lucín, el experto que ha ayudado a muchos a decir adiós a la barriga, para iniciar un cambio significativo y empezar a perder grasa abdominal, la clave está en la primera comida del día. Su consejo es simple pero potente: «Para empezar a perder barriga, tu desayuno debe incluir huevos, proteína, fruta y yogur».

Mi truco es entender que el viaje no es una «recompensa» que justifica cualquier cosa. Es un reto que nos obliga a ser más inteligentes con nuestras elecciones.

Lucín vio el problema durante años cuando trabajaba en hoteles de lujo en Barcelona, antes de dedicarse a ayudar a empresarios y directivos. Observaba hombres de negocios agotados, que llegaban tarde y devoraban el bufé por la mañana sin saber cuándo volverían a comer. Pasaban del ascensor al taxi, del taxi a una reunión, y de una reunión a otra mesa. A media tarde, la imagen era la misma: ojos cansados, café en la mano, la panza inflada y la sensación de funcionar por inercia.

Por fuera, parecían tenerlo todo bajo control, pero por dentro solo querían llegar a la habitación y dejar de tomar decisiones. Viajar por trabajo suele implicar comer peor, dormir menos, moverse poco y acumular estrés, dejándonos sin energía para elegir con criterio al final del día. Esta concesión inicial lleva a una mentalidad de «ya que estamos, perdidos al río», donde un día no perfecto se convierte en una excusa para abandonar todos los intentos de cuidarse.

La fórmula oculta de un viaje sin caos

El verdadero lujo hoy no es viajar más o alojarse en una suite de cinco estrellas, sino que tu éxito profesional no se manifieste en forma de desgaste físico o mental. El viaje no termina al volver a casa; a menudo, el regreso conlleva hinchazón, aumento de peso y frustración. Esto nos lleva a la clásica trampa de compensar: ayunar, pasar hambre, hacer horas extra de cardio o prometer ser «perfectos».

El viaje dura tres o cuatro días, pero entre el descontrol y el castigo posterior, perdemos diez más. Llegamos al fin de semana cansadas, con hambre y frustradas, confirmando la historia que nos contamos a nosotras mismas: «Viajando no puedo estar bien». El error fatal es intentar improvisar cuando ya estamos agotadas, en lugar de tener una estructura que podamos mantener.

Un viaje saludable comienza antes de cerrar la maleta. No necesitas planificar cada gramo de comida, pero sí tomar decisiones estratégicas previas. Es necesario investigar el hotel, si tiene gimnasio y qué días puedes entrenar. Considera cuántas comidas tendrás con clientes y qué opciones saludables hay cerca. Cuantas menos decisiones tengas que tomar cansada en un aeropuerto o en el hotel, mejor para nuestro ahorro energético.

Tu plan B alimentario de emergencia

El objetivo es mantener un sistema simple. Para viajes de dos a cinco días, necesitamos mínimos claros: dos sesiones de entrenamiento ajustadas al viaje, caminar unos 10.000 pasos como referencia, proteína en las tres comidas, añadir fruta y verdura de forma habitual, agua como bebida principal y un máximo de una copa de alcohol al día, intentando dormir siete u ocho horas. No se trata de suspender el viaje si un día haces 7.000 pasos en lugar de 10.000, sino que una reunión larga no se convierta en una excusa para abandonarlo todo.

En el VIP Lounge del aeropuerto o en el bufé del hotel, la solución también es la simplicidad. Busca huevos o alguna fuente de proteína, fruta, agua y yogur natural, si es posible. El objetivo no es un desayuno perfecto, sino un desayuno que te nutra y te aporte energía sin hincharte. El problema del bufé, donde todo está incluido, es que parece que debemos amortizarlo, comiendo más que en un domingo de vacaciones.

Empieza siempre por la proteína: huevos, yogur natural, pescado, mariscos, carne magra o pollo. Luego, añade fruta, agua y café. Puedes incluir un poco de pan, una tortilla o una porción de arroz, pero evita llenar tres platos por la incertidumbre de cuándo volverás a comer. Si sabes que la mañana será larga, prepara una opción sencilla para más tarde. Para las comidas principales, busca una estructura sencilla: proteína, verduras, y según el contexto, legumbres, patata, boniato, arroz o pasta. Y agua, siempre.

Una tortilla puede ser un buen almuerzo, y unos macarrones también pueden encajar. El engaño es comenzar con pan, seguir con entrantes, beber varias copas, pedir un plato contundente y terminar con postres y otra bebida con la mentalidad de «ya que estamos». A las once de la noche, con un día agotador a cuestas, la carta del servicio de habitaciones puede parecer una invitación a la peor decisión. No te castigues, pero busca una cena sencilla: pollo, pavo, huevos, mariscos, pescado o carne roja. Acompáñalo con verduras, si están disponibles, agua y una pequeña ración de boniato, patata o pasta si tienes hambre. Ir a dormir con el estómago vacío después de un día largo no es una estrategia inteligente.

La clave definitiva para no tirar la toalla

En cuanto al ejercicio, no pienses: «Como no hay gimnasio, esta semana no hago nada». Tampoco te levantes a las cinco de la mañana después de cuatro horas de sueño para hacer burpees al lado de la cama. La estrategia depende de la duración del viaje, el descanso y la carga de trabajo. En algunos viajes, será razonable entrenar. En otros, será más inteligente mantener los pasos, comer con estructura, descansar y retomar la fuerza al volver. Y al volver, es imprescindible no empezar desde cero. No ayunes para compensar, ni hagas dos horas de cardio. No intentes pagar lo que has comido. Haz una comida normal, bebe agua, incluye proteína, fruta y verdura. Camina y duerme.

Vuelve a la siguiente sesión de entrenamiento que te correspondía. Retomar la rutina con normalidad tiene mucho más valor que intentar ser perfecto cada día, un objetivo inalcanzable que solo nos lleva a la frustración. No dejes de viajar, solo aplica sentido común a tu día a día y verás cómo tu cuerpo y nuestra salud mental te lo agradecerán. Este es nuestro secreto para un bienestar duradero. ¿Cómo lo harás en tu próximo desplazamiento?

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