El curso no ha comenzado con normalidad, al menos, con la normalidad que imaginaba el Departamento de Educación cuando, en mayo, firmó un preacuerdo con cuatro de los cinco sindicatos de la mesa sectorial –CCOO y UGT, que ya habían firmado el primer acuerdo en marzo, y también Profesores de Secundaria y la USTEC. El rechazo masivo de los docentes en la consulta posterior hizo que la USTEC se desmarcara y ha propiciado la nueva huelga, el primer día de clase, que se ha notado más en las carreteras que en las aulas. Los sindicatos cifran el seguimiento en un 30%, que la consejería rebaja al 12,6%. Muy por debajo, en ambos casos, de los registros de las huelgas del curso pasado. Pero el malestar de los docentes que no han hecho el paro se ha manifestado en las mismas escuelas, donde han acudido con camisetas amarillas y pancartas diversas. Y a primera hora los huelguistas habían cortado una decena de carreteras. Los buenos resultados de PISA, inflados después de excluir a casi una cuarta parte de los alumnos que debían participar y, por tanto, invalidados por la OCDE, no maquillan un inicio de curso anómalo y que anticipa un nuevo ciclo de protestas.
A primera hora de la mañana, la consejera Esther Niubó afirmaba que el departamento no esperaba una “incidencia muy alta” de la huelga, matizando al mismo tiempo que “eso no significa que haya una satisfacción generalizada”. “Ha sido un día normal en las aulas, pero el malestar está igualmente, habría sido un error considerar que ha desaparecido”, confirma a El Món Jordi Satorra, presidente de la asociación de directores AXIA. La huelga el primer día de curso, comenta, tenía un efecto “llamativo”, pero también partía con “muchos hándicaps”. “La docencia es vocacional y el primer día tiene un punto de romanticismo que hace que quieras estar. Además, hay un cierto agotamiento del ciclo anterior”, explica el director. Satorra cree que, durante el curso, el malestar puede expresarse con “diversidad de acciones”. “En nuestro centro, por ejemplo, en ningún momento se ha considerado que se debe replantear el veto a las salidas y colonias”, remarca.

La huelga sí que se ha notado en las carreteras. Los docentes han desafiado el derecho a la movilidad –que en Cataluña reivindican a partes iguales el presidente Salvador Illa y los usuarios de Rodalies– con una decena de cortes. Los manifestantes han bloqueado los accesos a las rondas de Barcelona y algunos tramos de la AP-7 para acabar confluyendo en diversas manifestaciones por las principales ciudades del país. La jornada, liderada por la Assemblea Educativa de Catalunya, ha terminado con asambleas en muchas capitales de comarca; unas pocas, las que sí son productivas, han avanzado en un nuevo calendario de huelgas que se concretará en un documento definitivo el 19 de septiembre.
👮♂️ Los antidisturbios también han hecho acto de presencia en el corte de la C-58 a la altura de Sabadell en esta jornada reivindicativa del personal educativo por una educación pública, de calidad y en catalán.#8SVaga pic.twitter.com/NyLFH0M226
— Intersindical Educació (@InterEducacio) September 8, 2026
Niubó ignora PISA y pide un debate educativo “amplio”
Mientras tanto, Niubó pide abrir una nueva etapa que sume directores, familias y entidades educativas a las conversaciones que el departamento ha tenido con los sindicatos hasta ahora. La consejera ve amortizado el debate salarial y ha manifestado su voluntad de tratar el resto de temas con toda la comunidad educativa; hacerlo implicaría, según ha insinuado en RAC1, desconvocar futuras huelgas a la espera de tener el resultado de este debate. Pero los directores, citados constantemente por Niubó, avisan que no los han llamado. “Presentamos una lista con 40 reivindicaciones el pasado abril y solo nos han concedido una, muy menor –las mentorías a directores noveles–. Hemos pedido la reunión, pero no nos ha convocado”, lamenta Satorra. Niubó no ha aclarado cuándo ni cómo se articulará este debate más amplio con toda la comunidad educativa. “En los próximos días tendremos más noticias”, ha comentado al respecto.
La consejera también ha asumido diferentes preguntas sobre el informe PISA, que constata un fracaso educativo en diferentes países –entre ellos España– y también la aparición de unos resultados poco fiables para Cataluña. Niubó ha descartado hacer “política ficción”, preguntada por si Cataluña habría salido bien parada de haberse hecho bien las pruebas, y ha descartado hacer ninguna valoración respecto a unos resultados que quedan en papel mojado por el error en la tasa de exención (quedaron excluidos un 23,2% de los alumnos seleccionados, cuando la OCDE acepta un máximo del 5%). A pesar de todo, los resultados en matemáticas son solo cinco puntos mejores que la última edición, lo que hace prever un estancamiento en esta competencia.

Sin capacidad para leer con exactitud los resultados catalanes, los principales análisis alertan de la caída generalizada en el conjunto de países examinados. En este sentido, la antigua Fundació Bofill, desde hace unos años rebautizada como Equitat.org, pone el foco en los malos datos de comprensión lectora. El departamento dirigido por Niubó quiere hacerle frente repoblando las escuelas de bibliotecas –sobre todo en la educación primaria– y ha avanzado que podrían restablecerse las lecturas obligatorias. Sería, de confirmarse, un nuevo cambio de criterio pedagógico, uno de los aspectos más criticados por los analistas educativos.
PISA pone a Illa en el punto de mira
El fiasco de PISA también afecta a Salvador Illa, que deberá comparecer ante el Parlamento a petición de la mayoría de los grupos de la oposición. Junts y CUP apostaban por hacerlo antes de vacaciones, pero ERC y Comuns retrasaron los tiempos a la espera de saber los resultados de una investigación interna que ha acabado provocando la apertura de tres expedientes a ex cargos del departamento. Semanas más tarde, los republicanos advierten ahora que pedirán dimisiones si Illa no los convence con sus explicaciones.
La presión sobre el ejecutivo, a quien docentes y oposición acusan de no haber actuado con transparencia, ha crecido en los últimos meses, sobre todo después de saberse que el Ministerio de Educación alertó hasta siete veces que había errores. En todo caso, el Gobierno aún no ha confirmado cuándo comparecerá Illa en el Parlamento. «Debemos ver qué mecanismo y qué horizonte podemos ofrecer. Recogeremos todas las propuestas que nos lleguen y veremos la forma que toma en los próximos días y semanas», se ha limitado a decir la portavoz del ejecutivo, Sílvia Paneque, mientras profesores y analistas también daban su opinión en un primer día de curso anómalo.

