Los docentes coleccionarán un álbum de fotos notable con las protestas de los últimos meses. La marea amarilla que llenaba calles la semana pasada se ha difuminado en pequeños grupúsculos, después del preacuerdo firmado entre los sindicatos y el Gobierno, pero aún deja imágenes impactantes, como una acampada en el centro de Girona o una reunión insólita en el atrio de la basílica de Montserrat. Todos ellos cuestionan un acuerdo que mejora notablemente sus salarios, pero que no deshace, afirman, la crisis que padecen en las aulas.
Un cuarto de los docentes ya han participado en la consulta impulsada por la USTEC, CGT e Intersindical, que darán a conocer los resultados el jueves por la noche. Sobre la mesa, solo dos posibles respuestas. El ‘sí’ implicaría la desconvocatoria de todas las huelgas; el ‘no’ elevaría el conflicto, pendiente de la visita del papa León XIV la próxima semana en Barcelona y de una posible –así lo defiende la USTEC– huelga indefinida.
En un comunicado, el conjunto de asambleas pidió “tiempo” para evaluar la letra pequeña del nuevo acuerdo, aunque, de entrada, ven “insuficiente” el documento pactado con los sindicatos mayoritarios; USTEC, Profesores de Secundaria, CCOO y UGT representan el 80% de la fuerza sindical de la escuela pública. El preacuerdo no tendrá «un impacto significativo en las aulas», ha defendido de Montserrat Pablo Ruíz, delegado sindical de la CGT, sindicato que no ha firmado el pacto.

Los docentes irrumpieron en el atrio el lunes pasado, con megáfonos y pancartas, para discutir el acuerdo tras el canto del Virolai. Se saltaron el cordón de seguridad y tampoco sucumbieron al personal que les pedía dejar a un lado los altavoces, para no molestar a unos monjes posiblemente cansados del constante alboroto turístico. Los críticos insisten en que el acuerdo no va más allá en la reducción de ratios –que queda en 20 alumnos en primaria el próximo curso y 25 en secundaria en dos años– y lamentan que no haya ninguna cláusula que vincule el sueldo a las subidas del IPC. Según el departamento y los sindicatos, esto se ha de negociar en Madrid.
Medio millar de personas también se han manifestado esta semana en Girona, a pesar de que los sindicatos mayoritarios habían desconvocado la huelga prevista para este lunes en el territorio. Han acampado y también se han decantado por un ‘no’ en la consulta. En este caso, los docentes han hecho notar su desconfianza hacia el departamento y un documento que “no es concreto”. En Manresa, unos 200 docentes también han salido a la calle.
Las huelgas continúan este martes en Barcelona. Un grupo de manifestantes liderados por los sindicatos minoritarios y algunas asambleas han bloqueado el acceso a la Casa Batlló con mesas y sillas. El emblemático edificio de Gaudí no ha podido abrir y los manifestantes han cortado el paseo de Gràcia. Una imagen similar a la de la semana pasada frente a la Sagrada Familia. Los argumentos son similares; la poca concreción, las ratios y la desconfianza abanderan el ‘no’ de los críticos al acuerdo.

Según los datos oficiales del departamento, uno de cada diez docentes (11%) han secundado estas jornadas de huelga. Una cifra notable –a pesar de reducirse respecto a la semana pasada– teniendo en cuenta que cuatro de los cinco sindicatos con presencia en la mesa sectorial habían desconvocado las protestas hasta el viernes. La semana pasada, el Gobierno cifraba las paradas entre el 20 y el 35%.
El nuevo pacto incrementa notablemente los salarios
El nuevo pacto –o preacuerdo– prácticamente dobla el incremento salarial conseguido en marzo –los docentes cobrarán casi 400 euros mensuales de la parte autonómica y unos 600 euros si tenemos en cuenta la parte estatal– e incorpora la devolución de la deuda de los estadios a unos 35.000 docentes. Un aspecto, este último, que la UGT y CCOO se atribuyen en el marco del despliegue de su acuerdo. Se trata de un incremento notable de la nómina que no revierte, según la opinión de los críticos, la pérdida de poder adquisitivo acumulada desde los recortes. Era el objetivo inicial de la negociación.
Unos 94.500 docentes de la escuela pública están llamados a participar en la consulta, que termina el próximo jueves. Según la consejera de Educación, Esther Niubó, un ‘no’ abriría una nueva etapa marcada por el “caos” y el “debilitamiento absoluto” del sistema educativo y de los sindicatos. La misma Niubó ha aclarado que el preacuerdo no es el final de ningún camino, abierta a seguir hablando de mejoras. Los sindicatos también lo creen, pero hacen campaña por el voto favorable porque es momento de “consolidar” las mejoras conseguidas.

