“Paso lista y me sobran mossos”. Así, resumido en una pancarta, se entiende mejor el nuevo atajo del colectivo docente. En la primera gran movilización del curso, en febrero pasado, las pancartas señalaban la “situación límite” de los maestros, que no han recuperado el poder adquisitivo perdido en la época de los recortes. En marzo, las proclamas profundizaban en la rabia provocada por un acuerdo «insuficiente» ratificado solo por UGT y CCOO. Y, este martes, dos meses después, las críticas incluyen también a los Mossos, que se han infiltrado –aún nadie lo ha desmentido, casi una semana después de la polémica– en una asamblea de docentes.

“Todo irá éb”, ha escrito Òscar, maestro en una escuela del Guinardó (Barcelona), en el otro lado de un cartón simple pero visible entre los 80.000 manifestantes –26.000 según la Guardia Urbana– que se han concentrado en Barcelona en la primera gran parada del tercer trimestre. “A este paso, la educación no tendrá herramientas para enseñar a escribir», explica sobre la pancarta. «Es la misma que había usado en otras manifestaciones, pero por detrás he añadido la última novedad: habríamos venido igualmente, pero que nos infiltren mossos en una reunión es la gota que colma el vaso”, confiesa el docente a El Món.

Más cerca de la cabecera, Marc sostiene una pancarta contra las infiltraciones policiales que firma la CGT. “Yo solo la aguanto. La aguanto y comparto lo que dice”, explica con acento del Penedès. “Es un escándalo”, remata Mercè, de la Bisbal d’Empordà, que luce un cartel ingenioso digno de cualquier acto y encuentro anticapitalista. “Gossos aquí no”, decía su ilustración antes de que ella misma cambiara la letra ‘G’ por una ‘M’ de Mossos. “Me he inspirado en un bar de la Bisbal, que tienen un cartel similar que me llama la atención. Parece que el destino me guardaba el momento ideal para lucirlo”, sentencia.

La infiltración policial, unida al polémico plan piloto que incorpora un agente de los Mossos en las escuelas para “prevenir” la conflictividad, ha indignado a un colectivo que no olvida sus reivindicaciones. “Nos han recortado educadoras sociales”, suspira Rosa, que cierra el pequeño grupo de maestros del Empordà. “Hace muchos años que estamos hartas; nos han hecho recortes y el acuerdo con UGT y CCOO solo nos devuelve migajas”, concluye. “Yo no me manifiesto por el sueldo, me manifiesto porque tengo 35 alumnos en el aula“, añade unos metros más atrás Marc, pendiente en todo momento de la pancarta de la CGT. “Yo les he dicho a mis alumnos: ‘Tenéis peor educación de la que tuve yo’. Se manifiestan por todo, lo cual está muy bien, pero yo les insisto: ‘¿Por qué no lo hacéis por vuestra educación?’”, detalla el profesor.
La USTEC fija un mínimo para empezar a negociar
La de este martes es la segunda de diecisiete huelgas que han convocado los sindicatos críticos, la primera gran parada de país de esta tanda. Habrá dos más: una el 27 de mayo y una última el 5 de junio, también con una manifestación unitaria en Barcelona. El resto serán territorializadas. En medio, el Departamento de Educación ha citado a los sindicatos –este jueves – en el marco de mesa sectorial. “Entre todos debemos reconducir la situación y encontrar vías para rebajar esta tensión que viven los equipos directivos, los claustros y las familias. La voluntad es encontrar los márgenes, volver a sentarse en una mesa y fortalecer el sistema educativo”, ha expresado la consejera Esther Niubó este lunes en RAC1. Ante una nueva arenga de la USTEC y Profesores de Secundaria (Aspec) en favor de un incremento salarial, Niubó habla de estudiar qué queda en los “márgenes”. Pero “los recursos son los que son”, ha sentenciado poco después la portavoz del Gobierno, Sílvia Paneque, al salir de la reunión del consejo ejecutivo.
“Pedimos al departamento que se siente a negociar y que lo haga con una propuesta real sobre la mesa”, había apuntado la portavoz de la USTEC, Iolanda Segura, antes de iniciar la marcha. El sindicato, mayoritario entre el colectivo docente de los centros públicos, ha movido ficha. Su propuesta inicial era de un incremento del 100% de complemento específico, el equivalente a unos 700 euros mensuales. Pero, en una entrevista en el Ara, la misma Segura ha apuntado horas antes de la huelga una nueva cifra: 400 euros mensuales más, que deberían ir complementados con el retorno de la deuda de los estadios y una cláusula de actualización salarial vinculada al IPC. “Son las primeras bases para plantearnos poder llevar a consulta del colectivo una propuesta de acuerdo”, sentencian desde la USTEC.
El acuerdo firmado por UGT y CCOO fija 800 euros extra este año y un incremento de hasta 3.000 euros de cara a 2029. Es decir, que en cuatro años los docentes cobrarán unos 250 euros mensuales más. La USTEC se ha mostrado por ahora abierta a estudiar una calendarización de posibles nuevos incrementos, pero avisa al mismo tiempo que en ningún caso pueden ser plazos a cuatro años vista como los que plantea el acuerdo actual.

El resto de sindicatos también sitúan la pelota en el tejado del Gobierno. Profesores de Secundaria (Aspec), organización referente en los institutos, van más allá y piden la implicación directa del presidente, Salvador Illa. “Presidente, si quiere saber la temperatura de las protestas no nos envíe más policía, solo hace falta que ponga las noticias”, ha dicho Ignasi Fernández. La CGT y la Intersindical también han recordado el problema que hay con las ratios y la infrafinanciación de recursos para hacer de la escuela actual un modelo de inclusiva real. Marc Martorell, de la Intersindical, lo ha resumido de esta manera: “Nos manifestamos en defensa de un modelo de país, de un modelo con centros educativos sin policía y una inmersión lingüística real. Donde los maestros no sean los funcionarios peor pagados del grupo A de la Generalitat”.
Los docentes confían en la movilización
En las aulas, los docentes confían en el poder de movilización del colectivo. “Soy de uno de los institutos menos activos del Penedès y quizás hemos parado un 40% de la plantilla”, resumía Marc. Educación ha cifrado en un 35% el seguimiento de la huelga –nueve puntos menos que en febrero– y los sindicatos en un 70%. Ambas cifras son más bajas, un aspecto que los sindicatos ya sabían cuando convocaron a los maestros a cinco días de paros en un mes. “La movilización no se hace solo los días de huelga. El objetivo es que el conflicto sea visible, que se pueda explicar a la comunidad educativa y que cada centro encuentre la manera de participar según sus fuerzas”, dicen desde la USTEC, que valoran cifras de participación notables casi seis meses después del inicio del conflicto.

“Yo estoy a media jornada y haré los tres días de la huelga general. Si hago los cinco, casi que tengo que pagar yo al departamento”, ha resumido durante la manifestación, medio en broma, Òscar. Otros docentes han optado por repartirse los días, de manera que los servicios mínimos queden cubiertos y todos puedan participar de las huelgas. La mayoría tiene claro que el primer y el último día son los más importantes, y no temen un desgaste por un conflicto que se alarga. Las asambleas de docentes, bastante movilizadas, insisten en el veto a las colonias el próximo curso. “No dejaremos caer el sector del ocio educativo”, insistía hace unos días Niubó, ante unas casas de colonias que ya notan una bajada de las reservas. “Quien lo puede detener es el departamento, sentándose a negociar”, remarcan nuevamente los sindicatos.

