Las críticas no han cambiado la visión del Departamento de Educación, que no ve la presencia permanente de un mosso en las escuelas como una figura punitiva, sino como un «referente en prevención y mediación». Una medida polémica que no gusta a los sindicatos, genera el rechazo «firme» de la Federación de Familias de Alumnos (aFFa) y ha causado «sorpresa» en la Asociación de Directivos de la Escuela Pública. La misma sorpresa que expresan los expertos consultados por El Món, que alertan que este gesto acerca el sistema educativo a una «mirada punitiva» cuando, en el fondo, la mayoría de estudios recomiendan una «visión restaurativa»

“Nos ha sorprendido el plan, parece que estemos en las películas del Oeste”, expone Joan Gamero, pedagogo y coordinador del Grupo de Investigación en Mediación del Colegio Oficial de Pedagogía de Cataluña. El experto pide saber “exactamente” qué rol tendrá el agente en los institutos elegidos para la prueba piloto –algo que el departamento no ha terminado de concretar–, pero duda de entrada de su eficacia. “Se ha demostrado que es necesario cambiar nuestra mirada. Cuando hablamos de una visión restaurativa, hablamos de tener en cuenta a la persona, no solo las acciones. Debe haber límites, claro, pero se debe ir más allá del castigo; saber por qué un adolescente ha terminado actuando de una manera determinada y acompañarlo después”, resume Gamero. En resumen, el pedagogo resume el debate: “¿La función que asumirá este mosso la puede asumir un agente educativo? Aquí radica el epicentro de todo. Si fuera así, este plan es absurdo”.

La profesora de la Universidad Ramon Llull (URL) Maria Carme Boqué, especializada en mediación de conflictos, también pide reducir la presencia policial en el exterior del centro. “Los adolescentes están en una etapa que necesitan salir, pero que no tienen a dónde ir ni dinero para hacerlo. Necesitan entornos seguros en la calle, pero dentro del centro, de ninguna manera la solución llega poniendo un mosso”, opina la experta, que ha formado policías locales en resolución de conflictos. 

“Evaluamos constantemente los resultados académicos, que tampoco son buenos, y muy poco el resto del sistema educativo”, lamenta al mismo tiempo Boqué. La investigadora de la Ramon Llull recomienda que la escuela enseñe a los alumnos a tener una “respuesta activa”. “En la pasiva, solo hay responsabilidad si hay un castigo, solo actuamos por miedo a la consecuencia; en la activa, nos damos cuenta del daño que hemos hecho”, detalla. 

Docentes de dos centros de l’Hospitalet que participan del plan se han quejado | USTEC

Alternativas más pedagógicas 

El Gobierno, que ha tenido que salir al paso de las críticas, insiste en que se trata solo de una prueba –»Si nadie quiere el plan, no se pondrá en marcha», dijo el miércoles el presidente Salvador Illa– y remarca que no se ha impuesto la presencia de los mossos en ningún centro. Educación asegura que algunos directores lo han pedido a los Servicios Territoriales de la Generalitat, a pesar de las protestas públicas de algunos claustros de la zona, e insiste en que la experiencia de los agentes en la resolución de conflictos ayudará a “fortalecer la convivencia” en las escuelas. 

Los expertos consultados discrepan. “Hace dos décadas que hay planes de mediación en Cataluña y la clave radica en que los mediadores son los mismos adolescentes. Es una etapa en la que los iguales son muy importantes”, subraya Boqué. “El poder nunca interviene en la mediación”, sintetiza. Gamero añade que los planes de mediación “cuidan sobre todo la comunicación, no dictan sentencia” y compara la presencia permanente de mossos en las escuelas con las aspirinas. “Nos alivian los síntomas que padecemos, pero no los resuelven. Si a un centro no le funcionan las herramientas pedagógicas que tiene, hay que mirar por qué, pero con una aspirina [los Mossos] solo taparás el problema”, insiste el pedagogo.

La consejera de Educación, Esther Niubó, defiende como una prueba la presencia de policías en las escuelas | ACN

El otro argumento que expone con fuerza el Gobierno tiene que ver con la diversidad de algunos entornos escolares. La sociedad catalana, según ha argumentado la consejera Niubó, vive un momento de alta “complejidad social” que “termina impactando en los centros”. Los mossos, en este sentido, se entienden como una figura puente que conoce la realidad de la zona. Los expertos consultados no terminan de ver claro el argumento y recomiendan trabajar esta complejidad social con figuras educativas. “Me cuesta ver que los mossos hagan una labor educativa con el alumnado y las familias. Para eso hay orientadores escolares, que son pedagogos y también conocen el entorno. Si trabajas en una escuela con entornos vulnerables, conoces lo que pasa fuera”, remarca Gamero, que se pregunta por qué se apuesta por incluir un policía permanente en los centros “y no nos planteamos esta misma estrategia con trabajadores de los servicios sociales”.

Boqué, autora del informe Guía para el diseño y evaluación de un Plan de Convivencia de centro [educativo], encargado por el Ministerio de Educación, propone la figura de un “jefe de estudios de convivencia” como alternativa. Una persona que se centre en la coordinación de las medidas de prevención, mediación y diálogo de los centros educativos. “Los docentes no están formados en este ámbito y todo ha evolucionado”, remarca. Una figura actual que podría aproximarse a este peculiar jefe de estudios es el cocobe, acrónimo de coeducación, convivencia y bienestar. “Es un docente que actúa como referencia de convivencia del centro”, explica Gamero. “Tenemos las herramientas, pero debemos creer en ellas. Y debemos dotarlas de recursos”, añade. 

La polémica por el plan de mossos tensa la relación con los docentes, que han convocado 17 días de huelga antes de terminar el curso | ACN

La visión de ambos expertos complementa las quejas expresadas esta semana por el Colegio de Educadoras y Educadores Sociales de Cataluña (CEESC), crítico con un plan que delega a policías funciones «claramente educativas, preventivas y de trabajo comunitario». «En los espacios educativos no se debería contemplar la incorporación de cuerpos policiales y los profesionales de la educación social son los que verdaderamente tienen otorgadas funciones de prevención de conflictos, mediación y acompañamiento al alumnado en situación de vulnerabilidad”, resumían.

Las asociaciones de directores también cuestionan el plan

Educación insiste en que el plan se activa a partir de la inquietud de algunos directores, un aspecto que ha sorprendido a la Asociación de Directivos de la Escuela Pública. “En la junta central nunca se ha hablado; te diría, incluso, que no se ha ni insinuado la posibilidad de tener mossos en los centros”, explica Jordi Satorra, director del Instituto Antoni de Martí i Franquès (Tarragona), preguntado por El Món. El director ve “contradictorio” que el departamento haya iniciado esta prueba mientras, públicamente, insiste en que no hay una crisis de conflictividad en los centros catalanes. “Ocurren cosas, pero de casos concretos no podemos crear una norma general”, opina. 

El departamento insiste en que la idea del proyecto es que los centros puedan “pasar de un escenario reactivo”, es decir, de llamar a los Mossos cuando hay un problema, a una “dinámica preventiva” que permita “actuar antes de que los conflictos escalen”. “Los Mossos vienen cada año al centro –responde indirectamente Satorra– y nos forman, en prevención de la violencia y en yihadismo, por ejemplo. Tenemos un contacto fluido con ellos, pero no tiene sentido tener un policía permanente y de camuflaje en el instituto”. El Gobierno insiste, en todo caso, que no se impondrá este plan a ninguna dirección. 

La presencia de mossos en las escuelas ha abierto al mismo tiempo una grieta entre algunas direcciones y el claustro. En l’Hospitalet de Llobregat, docentes del Eugeni d’Ors y el Margarida Xirgu, centros escogidos por el Gobierno, protestaron el jueves contra la medida. Protestas que se han repetido también en Vic. El departamento remarca que los agentes escogidos formaban parte de la policía de proximidad, que ya interactúa con los centros. No irán uniformados, no tendrán arma y serán guiados por las direcciones, siguiendo patrones “pedagógicos”. Pero los críticos continúan pensando que un modelo con protagonismo policial es “peligroso” porque “vulnera muchos derechos”. Así se expresaba el miércoles Anna Masllorens, docente del Instituto Comtat d’Osona. «Es una figura que nos incomoda muchísimo», añadía.

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