La crisis abierta por el caos y el desastre del Gobierno con la gestión de Rodalies, Renfe y Adif debía hacer reaccionar al principal partido de la oposición en el Parlamento. La poca relevancia que hasta ahora ha tenido Junts en la cámara catalana se ha unido con la perspectiva del plenario de la próxima semana, en que por primera vez habrá una sesión de control con un presidente accidental, el consejero de la Presidencia, Albert Dalmau, a raíz del ingreso hospitalario del presidente, Salvador Illa.

Este ha sido el marco en que el líder de Junts, Carles Puigdemont, ha dado una orden a los principales cuadros del partido con poder de mando institucional y territorial. Es decir, quien maneja las riendas en Junts, porque quien corta el bacalao es Puigdemont. Una señal dada no solo al estado mayor de la formación, sino a los lugartenientes de Junts del poder local de un partido que disfruta de una gran capilaridad territorial. De ahí la convocatoria extraordinaria de este sábado en Perpiñán, en la Cataluña Norte, para organizar el trabajo y asignar tareas a los diputados de las diferentes cámaras, la dirección del partido y los principales alcaldes y dirigentes locales y sectoriales. Una instrucción que ya se ha plasmado, por ejemplo, con la petición del alcalde de Sant Cugat, Josep Maria Vallès, para que los túneles de Vallvidrera sean gratuitos mientras dure «el caos» en Rodalies.

La intención de Puigdemont era hacer oposición y activar la táctica que le permite la aritmética parlamentaria, tanto en la cámara catalana como en Madrid. En su discurso de este sábado y en las respuestas a las preguntas de la prensa desplazada a Perpiñán se podía vislumbrar el camino que intentará Junts. Por un lado, marcar y presionar a ERC ante su complicidad política con los socialistas y desenmascarar lo que dirigentes de Junts ya consideran un «tripartito de facto», y, por otro lado, vender a Junts como una fórmula factible de oposición y de Gobierno.

Eduard Pujol, Míriam Nogueras, Carles Puigdemont y Jordi Turull, este mediodía en Perpiñán/Núria Càmara
Eduard Pujol, Míriam Nogueras, Carles Puigdemont y Jordi Turull, este mediodía en Perpiñán/Núria Càmara

«Hace diecinueve años, ¿quién gobernaba?»

Puigdemont recurrió a la memoria histórica para recordar la crisis ferroviaria de octubre de 2007, con el derrumbe de un túnel por las obras del AVE que dejó a Cataluña sin las líneas 2 y 10 de Rodalies y dejó inutilizadas las vías del Baix Llobregat de los Ferrocarriles de la Generalitat de Catalunya. «Hace prácticamente 19 años Cataluña vivió una situación de colapso gravísimo», recordó Puigdemont.

«Aquel colapso ferroviario despertó, sacudió y, de hecho, llevó a mucha gente, algunos de los cuales hoy están casi medio contentos con el Gobierno que tenemos en Cataluña, a decir que ya era suficiente», ironizó. «¿Diecinueve años después estamos en el mismo lugar o peor? Con diecinueve años más de dependencia, ¿estamos en el mismo lugar o peor?», se preguntó socráticamente.

Una pregunta seguida de otra lanzada con bala: «¿Sabéis qué partido gobernaba en España en aquel momento y de qué color era el presidente del gobierno español? El PSOE, como ahora. ¿Sabéis de qué partido era el presidente de la Generalitat? Del PSC, como ahora. ¿Sabéis quién le daba apoyo? ERC y los Comunes, como ahora. Incluso sabéis quién era el secretario de Modalidad de entonces? Manel Nadal. ¿Sabéis quién es el de ahora? Manel Nadal, Diecinueve años después». Toda una referencia al tripartito y una crisis de Rodalies en la que muchos sitúan el embrión del Proceso, con la gran manifestación del uno de diciembre de 2007 que ahora proponen replicar la ANC y el Consejo de la República.

El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y el de ERC, Oriol Junqueras, se dan la mano antes de reunirse en el Palau de la Generalitat / ACN

¿Qué hará Junqueras… y qué hará Junts?

Puigdemont ha querido aprovechar la oportunidad para apuntar quién es el partido que ha permitido la gobernabilidad de Salvador Illa, un ejecutivo que ha calificado de «incompetente». De esta manera, y con cierta sutileza, se ha dirigido a ERC y a su líder, Oriol Junqueras. En primer lugar, ha criticado sin complejos el traspaso de Rodalies, a través de la creación de una empresa mixta firmada hace dos semanas por los republicanos con Madrid, calificándolo de «fake» y «ornitorrinco». Y, por otro lado, como quien no quiere la cosa, ha remarcado que es Junqueras quien puede presionar más a Illa.

«Creo que a la ciudadanía le costaría mucho entender que no nos entendiéramos en una reunión entre el presidente de ERC y yo, que no tenemos las palancas del poder, pero él seguramente tiene más que yo porque tiene una cierta responsabilidad, y cuando hemos gobernado juntos esto lo hemos resuelto muy bien», reflexionó en voz alta. El mensaje no necesitaba descifrarse con una sucesión de Fibonacci. La intención era clara: hacer evidente que igual que la crisis de 2007, gobiernan juntos PSC, ERC y Comunes, entonces ICV-EUiA.

Consciente de la dificultad parlamentaria que tiene Junts para presionar al gobierno de Illa, una de las ideas es reforzar, de manera indirecta, que es ERC quien está dando oxígeno a un «gobierno incompetente». Ahora bien, reflejar este posicionamiento a través de una moción de censura sería difícil para los de Junts porque espolearían «a los mismos que en Madrid», es decir, la derecha extrema y la extrema derecha, pero por otro lado, podrían «revelar una situación política concreta». Tampoco ven factible una cuestión de confianza, que debería activar Illa, ya que es potestad del presidente. Una iniciativa que, en todo caso, la podría forzar ERC, presionando al PSC para presentarla. Un escenario que ha llevado a Junts a asomar la cabeza en plena crisis, pedir la dimisión de la consejera de Territorio, Sílvia Paneque, y del equipo que dirige la movilidad en Cataluña y, paralelamente, reiniciar una gira para explicar las «soluciones» que teóricamente podría aportar Junts si tuviera el poder.

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