Ferran Torres puede hacer historia esta noche si España gana a Francia y se clasifica para la final del Mundial de fútbol. El jugador del Barça tiene en sus botas la posibilidad de marcar un gol importantísimo, una victoria que podría suponer un antes y un después en su carrera deportiva. Sus inicios no fueron fáciles, tampoco en lo que respecta a su vida privada. El futbolista se ha sincerado en una entrevista que ha sorprendido, ya que confiesa que pasó una etapa muy complicada a raíz del divorcio de sus padres.
El delantero valenciano explica a Paneka que pasó muchos domingos «llorando y llorando«, sobre todo cuando sus padres decidieron tomar caminos separados. Él, que se ha criado en un pueblo pequeño, Foios, todavía acostumbra a ir allí cuando quiere «una válvula de escape» y desconectar de verdad con su gente de confianza. Su infancia fue de aquellas de salir a la calle a jugar al fútbol, un deporte que iniciaría en la escuela sin imaginarse que acabaría jugando en Primera División: «Empezamos porque nos gusta y para estar con los amigos«.
Su familia veía que le encantaba jugar al fútbol y, por este motivo, siempre le regalaban pelotas o botas de fútbol: «No quería otra cosa». Que lo fichara el Valencia cuando solo tenía 7 años cambió su vida: «Fui a la aventura… y recuerdo mirarme al espejo del baño con la camiseta y preguntarme qué hacía allí. Fue un momento único». Todo empeoraría cuando cumplió 12 años y creció más de 10 centímetros en solo un verano: «Perdí coordinación, no sabía ni controlar una pelota y me caía solo. Creí que acabaría mi carrera y que no servía«. Tampoco ayudó que se contagiara de mononucleosis… pero, cuando se recuperó, todo mejoró a pesar de los problemas de rodilla: «Estuve un mes y medio en casa sin poder entrenar por culpa del dolor».

El peor momento de Ferran Torres cuando comenzaba a despuntar en el fútbol
Poco después, llegó la separación de sus padres y su entrada en la residencia: «Fue un choque para mí… era muy pequeño y no sabía cómo afrontarlo. Me daba vergüenza decir por qué estaba en la residencia y me inventaba de dónde era. El momento en que mis padres me dejaban allí después del fin de semana era horrible, lloraba, lloraba y lloraba«. Nunca ha hablado de sus problemas con nadie, dice, sino que ha sido de esos cerrados que lloraba cuando nadie lo veía: «Me encierro en el baño y soluciono mis problemas yo solo«, ha reconocido a The Objective.
Ferran Torres vivió un momento complicado, años más tarde, cuando le dijeron que lo habían convocado al Mundial sub-17: «Hice un primer entrenamiento penoso, horroroso… Tuve que pedir ayuda profesional porque me vi en un pozo sin fondo y no sabía cómo salir de él», ha reconocido. Le costó gestionar este éxito, pero gracias a la terapia y el paso del tiempo ha acabado aceptando que se merece estar donde está y que tiene un futuro brillante por delante.

