Unas ‘elecciones locas’ que en Madrid tienen a todos locos

"En fuentes cercanas al Gobierno central reconocen que “ni Sánchez, ni Illa, ni Iceta” tienen, en este momento, la menor idea de si habrá o no un acercamiento entre ERC y Junts para formar un Govern"

El inicio de la campaña para las elecciones más ‘locas’ de la Historia ha desatado una ola de preocupación –una más– en Madrid. Todos los partidos, y desde luego también el Gobierno central, se muestran angustiados no ya solamente por cómo acabarán estas elecciones, sino hasta por cuándo se celebrarán: no hay precedentes en el ‘mundo-mundial’ de haber iniciado una campaña electoral sin tener la certeza de la fecha en la que los ciudadanos acudirán a votar. Todo un récord para el libro Guinness.

Si a ello le añadimos el hecho de que en el Ejecutivo de Pedro Sánchez se atisba una nueva ruptura entre socialistas y Podemos acerca de a quién apoyar en estas elecciones y que Salvador Illa tendrá que pronunciarse claramente sobre la concesión por la Generalitat del tercer grado a los ‘presos del procés’, podremos darnos una idea del maremoto político que se está viviendo en estos momentos en la Villa y Corte.

La certeza en el sentido de que Unidas Podemos no apoyará al ‘candidato oficial’ del Gobierno Sánchez, Illa, sino a su propia candidata de los Comuns y, en segundo término, a Esquerra Republicana, no sirve sino para agravar las contradicciones internas en el Consejo de Ministros de La Moncloa. Sánchez, como el resto de los líderes políticos ‘nacionales’ por sus respectivos candidatos, se involucró desde el primer momento, este jueves por la tarde, en una campaña que nadie sabe cómo va a discurrir –para empezar, apenas sin mítines, desde luego—y ni siquiera si se va a completar: puede que la Justicia, a la vista de los riesgos que comporta la pandemia, acepte al fin que los comicios se aplacen unos meses en lugar de celebrarse el próximo día 14. Y entonces, se supone, la campaña se interrumpiría. Lo dicho: sin precedentes.

Sumemos a ello la concesión del tercer grado a los presos, que sin duda aprovecharán su semilibertad para intervenir a fondo en la campaña: Junqueras, parece, este mismo viernes en Badalona. El Gobierno central, y también Salvador Illa, tendrán que responder a las demandas de la derecha, que pedirá procesar por prevaricación a la Consellería de Justicia de la Generalitat por, presuntamente, haber desoído al Tribunal Supremo, que desautorizó una anterior decisión de las juntas de tratamiento concediendo este beneficio penitenciario. ¿Aprobarán sin resquicios Pedro Sánchez y Salvador Illa, como sería seguramente su deseo, este tercer grado, corriendo el riesgo de un nuevo enfrentamiento con la Justicia? Lo veremos: un nuevo sobresalto a sumar a otros muchos. De momento, la vicepresidenta Carmen calvo se ha limitado a decir que el Gobierno “ni unterviene ni opina”. ¿Podrá Illa zafarse tan fácilmente?

El ‘efecto Illa’, tan proclamado por las encuestas, puede, así, irse diluyendo en función de los avatares, tan impredecibles, del caos político nacional. Además, claro está, de por el pésimo estado de los rebrotes del virus, las dificultades en la vacunación y la descoordinación autonómica, evidente también en este terreno, que muchos votantes achacarán, sin duda, con mayor o menor razón, al ministro de Sanidad saliente.

La preocupación se extiende, obviamente, a los partidos de la derecha; en el PP consta que existe gran inquietud ante la posibilidad de que la ultraderecha de Vox logre mejorar los resultados de los ‘populares’. Y Ciudadanos sabe que los escaños que obtengan se compararán, inevitablemente, con los logrados en las últimas elecciones. Una comparación irresistible, que va a lastrar aún más la agónica marcha de la formación que lidera Inés Arrimadas.

Todo ello, además, sin contar con los quebraderos de cabeza que en los sectores políticos, económicos e institucionales radicados en Madrid suscitan las posibles alianzas tras los resultados. En fuentes cercanas al Gobierno central reconocen que “ni Sánchez, ni Illa, ni Iceta” tienen, en este momento, la menor idea de si habrá o no un acercamiento entre ERC y Junts para formar un Govern, en el caso de que los números lo permitan; por no haber, tampoco hay lógicamente certezas sobre, si un Govern semejante llegase a formarse, cuáles podrían ser sus primeros pasos.

En resumen: por si algo faltaba, jamás unas elecciones se afrontaron en parte alguna con estos ingredientes tan inciertos. No resulta extraño que en los cenáculos y mentideros de Madrid anden todos locos. Y en Barcelona, unos cuantos también, creo.

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