Madrid celebrará unas elecciones ‘a la catalana’

"Un terremoto está haciendo temblar las estructuras políticas más importantes del Estado cuando todos los esfuerzos habrían de estar centrados en la pandemia"

El síndrome de la judicialización de los actos electorales –y de la política en general—se extiende: como ocurrió en Cataluña con la fecha, controvertida, del 14 de febrero, Madrid ahora se prepara para votar el 4 de mayo…o no. Será según lo que decidan los tribunales en función de que acepten, o no, que las mociones de censura contra el PP, presentadas por los socialistas y por el partido de Iñigo Errejón, paralizan (o no) la decisión de  la presidenta ‘popular’ Díaz Ayuso de disolver la Asamblea y anticipar las elecciones autonómicas.

La, a mi juicio, nefasta judicialización de la  vida política, que ha llevado  a bloquear candidaturas a president de la Generalitat y a imponer en Cataluña una fecha electoral que inicialmente la propia Generalitat rechazaba por motivos de seguridad sanitaria, se repite ahora en Madrid. Una enorme controversia jurídica se avecina sobre si las elecciones decretadas por Isabel Díaz Ayuso podrían celebrarse pese a que Más Madrid y el PSOE presentaron sendas mociones de censura contra Ayuso inmediatamente después de que esta anunciase, el miércoles, la disolución de la cámara legislativa.

Todo indica que las elecciones, con pandemia o sin pandemia, con o sin mociones de censura, acabarán celebrándose en la fecha convocada porque no hay fundamento jurídico suficiente en contrario, aunque el afán por imponer la voluntad de las togas por encima de los criterios de los políticos es demasiado fuerte como para no prever interminables disquisiciones leguleyas que suelen conducir a poco o a empeorar las cosas, como tantas veces se ha comprobado en el caso catalán. Y no serán estas madrileñas unas elecciones cualquiera: toda la recomposición de lo que se llama ‘centro derecha’, aunque en el caso de Vox de centro tenga poco, depende de este lance.

Es más: si prosigue el acercamiento de Ciudadanos al PSOE, la cosa podría tener también repercusión en la propia coalición que forma el Gobierno central, una coalición donde las relaciones entre los ministros socialistas e independientes y los de Unidas Podemos se agrían cada día más. Sin duda, Pablo Iglesias no verá con buenos ojos cualquier aproximación de la formación centrista al Gobierno de izquierda en el que él es vicepresidente, ni tampoco sería muy grato este paso, es de suponer, a Esquerra Republicana ni a Bildu, que integran un acuerdo especial, no escrito ni especificado, con los ‘morados’.

Nadie cree en los círculos políticos madrileños en una ruptura en la actual composición del Ejecutivo central, pero sí se considera bastante probable un empeoramiento del clima interno  en el Consejo de Ministros, especialmente si Ciudadanos actuase en una línea de acogerse al amparo del PSOE para no desaparecer del mapa político y el PSOE lo aceptase. Algunas fuentes en Podemos, donde se aprecia en estas horas un notable desconcierto derivado de que ‘nadie nos ha consultado nada de lo que va a pasar’, aseguran que cualquier ‘entente’ entre el PSOE y Ciudadanos acabaría, de paso y entre otras cosas, con la ya languideciente mesa de diálogo entre el Gobierno central y la Generalitat, suponiendo que esa mesa vaya a reanudarse una vez que se haya formado el nuevo Govern.

De momento, la política del país entero parece absorta con la enorme movida originada con la presentación de la moción de censura en Murcia, donde Ciudadanos abandonó a su hasta ahora socio el PP para aliarse con el PSOE, y que derivó en la ruptura por Ayuso de su acuerdo de gobierno con Ciudadanos en Madrid y en la ulterior convocatoria de las elecciones autonómicas. Veremos lo que ocurre en Castilla y León y en Andalucía, donde la formación ‘naranja’ asegura que mantiene su fidelidad al Partido Popular.

De momento, nada más que este ‘culebrón’ parece interesar en los cenáculos y mentideros ‘de Madrid’, donde incluso políticos de primera fila de los partidos mayoritarios se muestran desinteresados de la marcha de cuestiones de la importancia y trascendencia de la formación, este viernes, de la Mesa del Parlament en Catalunya.

Todo indica que estamos en vísperas de una importante conmoción en el sistema de partidos, una conmoción que, sin duda, se agudizará al conocerse los resultados de las elecciones en Madrid, donde las encuestas prevén una innegable subida de Ayuso y de Vox, un estancamiento de socialistas y Podemos y un hundimiento de Ciudadanos  y Más Madrid. La política madrileña, que ya ha registrado toda suerte de conmociones en los últimos veinte años, sigue siendo disparatada, crecientemente inestable. “Como en Cataluña”, me dijo hace unas horas un dirigente de Ciudadanos. No, le dije: mucho peor que en Cataluña, que supongo que ya es decir.  Lo cierto es que una especie de terremoto está haciendo temblar las estructuras políticas  más importantes del Estado precisamente cuando todos los esfuerzos habrían de estar centrados en vencer de una vez la pandemia. Que es, por cierto, lo que a todos, parece que excluidos algunos políticos, nos interesa.

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