De Barcelona, en Madrid solo se acuerda Florentino

"Las únicas polémicas sobre lo que ocurre en Cataluña, bien atizadas desde las cavernas, se sitúan hoy en si la Generalitat (sic) está o no vacunando a las Fuerzas de Seguridad del Estado"

Inmersos en la campaña electoral quizá más loca del siglo y, claro, en los afanes de la vacunación, los madrileños han relegado cualquier otra cosa en la lista de prioridades de sus cerebros. Si usted rebusca en los diarios madrileños, tanto los de papel como los digitales, comprobará que, por ejemplo, los asuntos de la política catalana simplemente han desaparecido o están destinados a ocupar lo que los periodistas llamamos ‘páginas pares’, que son las menos leídas.

Cierto que esa política catalana se enreda interminablemente –ya nadie se pregunta para cuándo un Govern—y la atención de los ciudadanos se mantiene apenas un tiempo limitado: la opinión pública, y también, claro está, la publicada, obviamente se cansan de tantas idas y venidas. Y le voy a contar a usted un pequeño secreto que no lo es tanto en los ambientes periodísticos de la capital: puede que la política en general, tan maltratada por los propios políticos, no interese demasiado; pero la política catalana, a los lectores, oyentes y televidentes en Madrid, no les interesa casi nada. Las audiencias bajan cada vez que en la pantalla aparecen los rostros de Aragonés, Puigdemont o Salvador Illa, por citar un abanico amplio. Y tengo la impresión, leyendo cada día con avidez los periódicos catalanes, de que algo semejante ocurre a la inversa, lo que, en uno y otro caso, me parece bastante nocivo.

Y Miquel Iceta, el ’ministro de la cosa’, sea lo que sea esa cosa, pero que está sin duda relacionada con esa difusa, no concreta y me parece que ya imposible Mesa de negociación entre el Gobierno central y el Govern, anda como ausente. Desaparecido, y ni siquiera en combate, porque no hay combate, de la misma manera que no hay Govern. Por su parte, el Gobierno central, enfrascado en batallar contra la presidenta de la Comunidad de Madrid, en tratar de cumplir con el calendario de vacunaciones tan minuciosa y arriesgadamente diseñado por Pedro Sánchez y en satisfacer las exigencias políticas y económicas de Bruselas, está para pocas distracciones. Y ahora, Cataluña, ayer tan acaparadora de todas las –buenas y malas—atenciones, es casi una distracción, un algo así como “no me molesten con ‘catalanadas’, que estoy ocupado”. Las prioridades, ya se ve, son otras.

Fíjese usted cómo andaremos cuando las únicas polémicas sobre lo que ocurre en Cataluña, bien atizadas desde las cavernas, se sitúan hoy en si la Generalitat (sic) está o no vacunando a las Fuerzas de Seguridad del Estado, que aseguran que más bien no, cuando –se escandaliza algún medio de la derecha ‘dura’– los mossos, en cambio, ha sido inmunizados al cien por cien. Y qué quiere que le diga: a uno, que siempre ha soñado con el buen entendimiento entre los catalanes y el resto de los españoles, todo esto, tan demagógico en ocasiones, le parece que contribuye muy poco a ese acercamiento y mucho a ahondar las distancias.

A veces tengo la impresión de que, en Madrid, de Barcelona solo se acuerda el, entre otras muchas cosas, presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, que es hoy probablemente el personaje más denigrado en la Villa y Corte. Su liderazgo en la malhadada ‘Superliga’, en la que ha tenido como socio preferente al Barça, no ha sido un éxito precisamente, como todos saben. Ya llegará el día de analizar a fondo el trasunto político, que lo hay además del económico, de esta iniciativa tan estrepitosamente fallida. Pero, si se me permite, diría que la única mesa de negociación entre Madrid y Cataluña ha sido esa, secreta hasta el último momento, y tan catastróficamente desmantelada, alentada por Florentino.

Así que ya digo: hay que ver cómo andan las cosas. Quizá a partir del 5 de mayo, cuando haya pasado la pesadilla de las elecciones madrileñas, el panorama cambie, que de hecho cambiará: el rumbo de la vida oficial post Pablo Iglesias no será el mismo que el de antes, y entonces veremos en qué paran los acuerdos entre el Ejecutivo y Esquerra, por citar solo un aspecto. Lo que nadie es capaz de predecir ahora, sospecho, es si todo cambiará a mejor, a aún peor o si seguiremos, a toda velocidad, rumbo a la nada.

Comentaris

    Farts de polítics aqui també 24/04/2021 12:03 pm
    La irrelevància dels polítics catalans no nomes és obvia pels madrilenys; aqui, no se si us heu adonat, però els catalans ja n'estem fins a més amunt d'allò que no sona de tota aquesta patuleia. Nomès cal sortir al carrer o passar una estona per twitter. Unicament a la premsa pública i concertada els interessa parlar de polítics; es juguen les subvencions.
    Albert 24/04/2021 11:38 am
    Perdó, però era necessari aquest article? Lamentable pèrdua de temps, la meva, llegint-lo. De ponent, ni vent ni gent.
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    La Guineu sense Carasseta 23/04/2021 10:43 pm
    aixó vol dir que la desconexió va bé, dona-li records a la tia Paca i au.

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