A los políticos les gustan las elecciones más que a un niño un caramelo

"Así estamos, instalados en una cierta pasividad de los gobiernos a todas las escalas, porque quienes los ocupan están más ocupados en su estabilidad personal y partidaria que en resolver los acuciantes problemas de los ciudadanos"

La demasía, la mala educación, la sal gorda y las medias verdades, o sea, las mentiras completas, se han adueñado del panorama  de un país con un Gobierno central mucho más débil de lo que parece y donde la incertidumbre sobre el futuro sigue siendo la tónica, por ejemplo en Cataluña o en Madrid, que son los dos focos ahora más visibles de la enorme crisis política que arrastramos desde hace ya seis años al menos.

Hace meses, antes de conocerse el resultado de las elecciones catalanas, me arriesgué a escribir que, a la vista de las previsiones y de las malas relaciones entre las fuerzas partidarias independentistas, podría darse un panorama de repetición de elecciones en Catalunya. Ahora creo mucho menos en esa hipótesis que entonces, pero cierto es que, al margen de cuál sea la solución final para la formación de un Govern, las urnas del 14 de febrero no sirvieron precisamente para asentar una opción política, sino más bien al contrario, abriendo un período de interinidad muy dañino especialmente en las circunstancias de pandemia que vivimos.

Sospecho que, naturalmente en otra dimensión y con otros problemas, algo semejante podría ocurrir en Madrid tras los resultados electorales del 4 de mayo si se cumple lo que predicen muchas encuestas: puede que ninguna de las dos partes enfrentadas, la derecha y la izquierda, llegue a ser capaz de formar gobierno. Y entonces la hipótesis de una repetición electoral volvería a estar sobre la mesa, por mucho que nuevas convocatorias a las urnas sean ahora lo más inconveniente para una ciudadanía ansiosa de recuperar su libertad de movimientos (y de expresión, diría yo. Y de coherencia) y que solo piensa en cuándo diablos quedará inmunizada con una vacuna.

Pero es que a nuestros políticos sospecho que les encantan las campañas electorales, que son esos acontecimientos en los que puedan colmar su ansia de llenar sus agendas, ir de acá para allá, insultar al rival y recibir el aplauso amigo. Mientras se gasta, claro, en mítines y cartelería, el dinero del contribuyente. Lo digo porque, visto lo que estoy viendo, y a raíz de la salida de Pablo Iglesias del Gobierno de Pedro Sánchez, poco me extrañaría que éste confirme lo que mucha rumorología señala en los cenáculos y mentideros de la Villa et Corte: que, olvidando sus afirmaciones de que agotará la legislatura, nos sorprenda convocando unas elecciones generales este otoño, o la próxima primavera. Para que le afiancen en La Moncloa, ahora que la coalición no tiene, en mi opinión, muchas expectativas de una larga vida y que aún no se han puesto las cosas realmente mal en la economía.

Así estamos, instalados en una cierta pasividad de los gobiernos a todas las escalas, porque quienes los ocupan están más ocupados en su estabilidad personal y partidaria que en resolver los acuciantes problemas de los ciudadanos. Y, como decía al comienzo, prueba de todo lo anterior es que no salimos de esta –si es que salimos algún día, porque el ‘calendario de vacunaciones’ diseñado por Pedro Sánchez se cumplirá difícilmente—precisamente ni más fuertes ni más unidos, sino todo lo contrario.

Pero, eso sí, salimos más combativos para presentar mociones de censura innecesarias, para pedir que dimita el ministro del Interior porque a Vox le organizan un escrache violento (lo que, por supuesto, condeno; pero ¿es Marlaska el culpable?), para poner a presidentes autonómicos contra el Gobierno central y viceversa y, claro, para convocar elecciones que ya se sabe que poco van a aclarar el turbio panorama pero que siempre lo animan mucho. E incluso, si la cosa se tercia, para repetir la carrera a las urnas cuantas veces sea necesario, aunque todos sepan que eso es un fracaso de la política y, sobre todo, de los políticos. Así ¿cómo no va a estar la casa sin barrer?

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