La retirada de los presupuestos por parte del Gobierno antes de someterlos a una votación que habría perdido ha abierto una nueva fase de incertidumbre política en Cataluña y ha evidenciado las dificultades del ejecutivo para consolidar una mayoría estable en el Parlamento. El movimiento, que llega tras semanas de presión por tierra, mar y aire a Esquerra Republicana, deja al descubierto las limitaciones estructurales de un gobierno en minoría obligado a negociarlo todo. La decisión es un retroceso para evitar una derrota parlamentaria que habría tenido un fuerte impacto simbólico y político, pero también implica el reconocimiento implícito del error de cálculo del ejecutivo de Salvador Illa, que presentó los presupuestos sin tener el apoyo garantizado de ERC convencidos de que la presión arrastraría a los republicanos hacia el ‘sí’. Los expertos coinciden en que el acuerdo permite ganar tiempo a ambos lados para negociar hasta el verano, a pesar de que el ejecutivo se niega a hablar del IRPF y limita la negociación a «competencias de la Generalitat». Mientras tanto, los de Oriol Junqueras piden que los socialistas muevan ficha y ofrezcan alternativas a la transferencia de la gestión del impuesto, pero al mismo tiempo insisten en que los socialistas «deben cumplir los acuerdos firmados».
Los analistas consultados por El Món coinciden en que este episodio no se puede entender solo en clave parlamentaria, sino también como un movimiento dentro de un escenario político más amplio, en el que pesan factores como la relación con el gobierno español, el calendario electoral, sobre todo con las elecciones en Andalucía, y la necesidad de los partidos de redefinir posiciones ante un electorado cada vez más volátil. En este contexto, la retirada de los presupuestos se convierte en un síntoma de un equilibrio frágil, donde ningún actor tiene suficiente fuerza para imponer su agenda, pero todos intentan evitar asumir el costo de una ruptura definitiva. El profesor de ciencia política de la UB Jesús Palomar apunta que el movimiento de los socialistas catalanes debe leerse en clave aritmética, porque «no le salen los números para poder tener suficiente mayoría para aprobarlos», y señala que Illa ha querido minimizar los costos políticos que podría tener un revés en el Parlamento. «No se ha querido jugar el cuello ni el Gobierno», dice. Por otro lado, señala que «el presidente piensa que tiene tiempo de arreglarlo».
Andreu Paneque, doctor en Ciencias Políticas y profesor en la UOC, también considera que la decisión, con el acuerdo entre PSC y ERC, responde a una lógica de control de daños y «desgastarse lo menos posible». «Es una patada hacia adelante para que no se rompa todo y minimizar el golpe» en un contexto político donde también hay movilizaciones de sectores importantes, como el educativo y el sanitario. «Si además no apruebas los presupuestos, estás facilitando el trabajo a la oposición», resume, y cree que el todo o nada planteado por ERC «va peor a los socialistas que a los republicanos».
En la misma línea, Toni Rodon, doctor en ciencias políticas, profesor en la UPF e investigador en la London School of Economics, subraya que la retirada permite a todas las partes “ganar tiempo” en un contexto marcado por la incertidumbre y se ha dado una nueva oportunidad a la negociación porque durante este período se producirá la salida de María Jesús Montero del ejecutivo español. Según él, ERC cree que con otra persona en el ministerio se podrá aspirar a avanzar con el IRPF, pero se muestra escéptico. Con todo, apunta que el PSC se ha «tragado el sapo» de retirar las cuentas después de intentar presionar a ERC con agentes económicos y sociales para que las aprobaran. En el análisis, sin embargo, también añade que «quien se ha tragado un sapo más grande es Esquerra, porque invistieron a Illa con unas cuantas promesas, pero la promesa estrella era la recaudación del IRPF. «Quizás sí que se logra, quién sabe, pero la situación no pinta muy bien» porque los socialistas van retrasando el calendario y siempre sacan «excusas para que nunca llegue».

La debilidad del ejecutivo de Illa queda en evidencia, pero ERC tampoco puede presumir demasiado
A pesar de evitar la imagen de una derrota formal, los expertos coinciden en que el Gobierno sale tocado políticamente. Palomar destaca que la situación ha hecho evidente su dependencia parlamentaria: “Se ha puesto de manifiesto la dependencia que tiene con otros partidos”. Rodon va más allá y considera que el fracaso es inevitable desde un punto de vista político: «Cualquier gobierno que no consiga aprobar el presupuesto, que es la ley más importante, siempre tiene un fracaso político». Además, critica que la estrategia negociadora del ejecutivo no ha funcionado: «Ha intentado presionar, con la complicidad de algunas élites cercanas a ellos, pero no le ha salido bien porque las cosas van por otro lado». Además, señala que el pacto de investidura está firmado por el PSC, y también por el PSOE, y es «meridianamente claro». Para Paneque, la retirada no hace más que confirmar una debilidad que ya era conocida, pero que ahora se hace más visible. «No debería sorprendernos mucho porque ya lo sabíamos, pero por primera vez se han encontrado con la estrategia fallida del todo o nada». «El nada les va peor a ellos que a ERC», sentencia.
El papel de Esquerra Republicana en este episodio genera interpretaciones divergentes entre los expertos. Palomar considera que el partido ha salido reforzado porque ha demostrado su capacidad de condicionar la gobernabilidad y de hacerse valer ante el PSC: «Ha dado un golpe en la mesa porque se desvincula un poco de la dependencia de los socialistas y se ha posicionado mejor que hace 15 días». Sin embargo, esta lectura no es compartida por todos. Paneque matiza que el impacto es limitado fuera del núcleo de votantes de ERC: “Dentro de su grupo político interno parecerá que ha sido un posicionamiento de fuerza”, pero duda que esto cambie la percepción general del partido. Rodon, por su parte, pone el foco en los costos políticos para Esquerra, especialmente en lo que respecta a los compromisos pendientes del pacto de investidura. «No se aprueba lo que se pactó», aunque «retóricamente» les pueda ir bien. «Para quitarse esta losa de encima deberían sacar algo con el IRPF», concluye.

Una negociación que no ofrece garantías de nada y genera incertidumbre de cara al futuro
Con la retirada de los presupuestos tras el acuerdo entre las dos formaciones, se abre ahora una nueva fase de negociación que los analistas ven llena de incógnitas. «Han ganado tiempo, pero lo que pase de aquí al verano es totalmente incierto», advierte Palomar, quien recuerda que la «responsabilidad» para desbloquear la situación recae en el Gobierno. Rodon también se muestra escéptico sobre la posibilidad de un acuerdo a corto plazo: «No veo a qué punto intermedio pueden llegar los dos partidos para cerrar un acuerdo durante estos meses que se han dado de margen», apunta. La distancia entre las partes continúa siendo significativa y, de momento, no se vislumbra una salida clara. Paneque añade una capa más de complejidad al destacar el papel del gobierno español en la negociación: “Entran muchos intereses”. La dimensión multinivel del conflicto —entre Generalitat y el gobierno español— dificulta aún más cualquier entendimiento.
Si las negociaciones no prosperan, el futuro político podría pasar por escenarios de inestabilidad. Palomar apunta que el presidente de la Generalitat podría verse abocado a someterse a “una cuestión de confianza, que tampoco llevaría a ninguna parte, o a un adelanto electoral». Rodon coincide en que estas opciones estaban sobre la mesa si no se retiraban los presupuestos, y continúan siendo plausibles, pero muestra sus dudas de una doble convocatoria electoral –coincidiendo con las elecciones españolas– porque «eso genera una incertidumbre muy grande». Aun así, Paneque considera que a ninguno de los partidos involucrados les interesa una convocatoria electoral inmediata, especialmente si coincidiera con las elecciones españolas, ya que “la campaña pierde muchos matices” y reduciría la capacidad de los partidos catalanes de diferenciar su mensaje. En definitiva, el futuro no está escrito y puede pasar cualquier cosa.

