Juan Carlos de Borbón ha viajado a Galicia otra vez… y ya van unas cuantas desde que lo enviaron a vivir a Abu Dabi. La familia real no le permite quedarse a dormir en la Zarzuela porque saben que eso sería contraproducente y contradictorio con la decisión de haberlo expulsado. ¿Y qué hace él? En lugar de quedarse en un hotel de Madrid, que sería muy humillante, opta por ir a Sanxenxo e instalarse en la casa de su mejor amigo Pedro Campos. La idea era que prácticamente no lo viéramos por España, pero el rey emérito español insiste en ir para poder acudir a las regatas.
Esta semana saldrá a navegar por tierras gallegas, solo 30 días después de la última vez. Y el medio Monarquía Confidencial ha preguntado a sus amigos cómo justifica tanto viaje. Cuando ha aterrizado en el aeropuerto de Vigo, se le ha visto más sereno que otras veces. En las Rías Baixas ha encontrado su pequeño oasis, con menos paparazzi y expectación mediática. ¿Qué le dice a sus amigos? «Me siento bien, estoy muy tranquilo y a gusto en Galicia«, habría confesado.
Este ya no es un destino vacacional, sino un «pilar emocional» para Juan Carlos de Borbón: «Esta es mi segunda casa, aquí tengo vida y me siento muy en paz«. Vaya, otra indirecta que deja claro que no le gusta que lo hayan enviado a vivir a los Emiratos Árabes porque allí se aburre como una ostra.

Felipe de Borbón, incómodo por todos los viajes del padre a Galicia
Su hijo, Felipe de Borbón, no hace más que pedirle que deje de llamar la atención de los medios de comunicación. Le exige, una y otra vez, que mantenga un perfil bajo. ¿Y qué hace el padre? Pues ignorarlo, teniendo en cuenta que se acaba de saber que este fin de semana volverá a competir en las regatas de la ría de Pontevedra: «El monarca tiene la intención de participar activamente con el resto de la tripulación y eso supondrá un despliegue físico mayor que en su anterior visita hace un mes«.
La pasión por el mar de Juan Carlos es «el motor» que impulsaría todos estos viajes, dicen, una rutina deportiva que le sienta bien y le ayuda a mantenerse en forma. A su hijo no le gusta que ignore sus peticiones, ya que considera que está dañando la imagen de la corona. Llegados a este punto y a su edad, sin embargo, queda claro que ya no le importa nada y pretende hacer lo que le dé la gana.

