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El Senado de los Estados Unidos, en una votación de gran tensión política, ha rechazado una resolución que pretendía restringir las atribuciones militares del presidente Donald Trump en relación con Irán. La medida, que instaba a retirar las fuerzas estadounidenses de las hostilidades no autorizadas explícitamente por el Congreso, no prosperó tras una intensa campaña de persuasión por parte de los líderes republicanos, que lograron blindar la postura de la Casa Blanca.

El resultado final reflejó la profunda división de la cámara: 47 votos a favor, 50 en contra y una abstención. El texto rechazado pretendía reafirmar la potestad constitucional del poder legislativo para declarar la guerra, y ordenaba al Ejecutivo el repliegue de las tropas a menos que hubiera una declaración formal de guerra o una autorización específica para el uso de la fuerza militar.

La presión de la Casa Blanca da frutos

El éxito de la bancada republicana dependió críticamente de convencer a miembros clave de las mismas filas que, en el pasado, se habían mostrado críticos con las intervenciones militares. Uno de los giros más significativos fue el del senador Rand Paul, conocido por sus posiciones de corte libertario y su rechazo histórico al intervencionismo exterior. Aunque Paul solía alinearse con los demócratas en iniciativas similares, en esta ocasión optó por votar en contra de la resolución.

El Senador de los Estados Unidos Paul Rand. Europa Press / Contacto / Andrew Thomas
El Senador de los Estados Unidos Paul Rand. Europa Press / Contacto / Andrew Thomas

Según declaraciones recogidas por el portal de noticias The Hill, Paul justificó su cambio de postura tras una conversación directa con el mandatario. El senador explicó que prefirió otorgar a Trump «más margen de maniobra para negociar una paz duradera«, después de que el mismo jefe de la Casa Blanca le hubiera pedido personalmente que considerara el impacto que la resolución tendría sobre su estrategia de negociación con Teherán.

De manera similar, el senador republicano Bill Cassidy, que inicialmente había contribuido a la presentación de la propuesta, modificó su voto tras mantener intensas consultas con el ejecutivo. Cassidy atribuyó su cambio de opinión a una reunión «exhaustiva» en la Casa Blanca con el vicepresidente JD Vance y el enviado especial para la región, Steve Witkoff, donde se detallaron los planes diplomáticos y de seguridad de la Administración.

Una vez confirmado el resultado en la cámara alta, el presidente Donald Trump celebró públicamente el desenlace del debate y agradeció de manera explícita el apoyo de los senadores Paul y Cassidy. A través de un comunicado, el mandatario subrayó la importancia estratégica de la votación en el tablero internacional. «Esta votación pone a Irán en alerta», aseguró Trump, sugiriendo que la falta de fisuras en el legislativo debilita la posición de Teherán y refuerza la postura disuasiva de Washington.

El rechazo de esta resolución supone un balón de oxígeno político para la Administración republicana, que evita así una segunda reprimenda pública por parte del Congreso sobre su política exterior en Oriente Medio. Con este resultado, el Gobierno mantiene intacta su capacidad de maniobra militar y diplomática en el conflicto, mientras que la oposición demócrata ve frustrado un nuevo intento de recortar las prerrogativas bélicas del poder ejecutivo.

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