El caos ferroviario causado por una desinversión crónica de décadas por parte del Estado español ha provocado que el independentismo se haya vuelto a movilizar para decir basta. La Asamblea Nacional Catalana y el Consell de la República han convocado para el 7 de febrero una «gran movilización de país» para protestar contra el deterioro de servicios públicos básicos. Desde las dos entidades independentistas remarcan que “la situación actual en los transportes y las infraestructuras, la sanidad y la educación es insoportable, y es consecuencia directa del maltrato y la discriminación permanente por la dependencia del Estado español”. Una teoría que también comparten analistas y voces del soberanismo que participaron en la manifestación del 1 de diciembre de 2007, que también consideran que el Estado español sale ganando si maltrata a Cataluña. La movilización de hace 18 años, convocada por la Plataforma pel Dret a Decidir, tenía como lema Somos una nación y decimos basta! Tenemos derecho a decidir nuestras infraestructuras, y fue la primera manifestación soberanista que, además, contó con el apoyo de Convergència i Unió y del expresidente de la Generalitat, Jordi Pujol, animando a participar por «dignidad». A la vista de que la falta de inversión ha continuado y que el deterioro de las infraestructuras ha aumentado, la conclusión es que España no escucha, aunque Joan Maragall ya lo pedía en 1898. Los analistas creen que esta sordera es considerada «rentable» en una relación «de dominio colonial» que nunca se ha roto.

Elisenda Paluzie: «Les compensa más ignorarnos»

La expresidenta de la ANC y promotora de Sobirania i Progrés, Elisenda Paluzie –que esta semana ha recuperado un vídeo de la manifestación de 2007, en la cual participó– expone que un estado normal querría llegar a un acuerdo para «arreglar las cuatro cuestiones básicas que generan conflicto» como infraestructuras, financiación autonómica, lengua y cultura catalana, pero supone que a los diferentes gobiernos españoles esta táctica de maltratar a Cataluña «les resulta rentable» y da réditos electorales. «Les compensa más ignorarnos y no solucionar los problemas aquí», dice, porque «el anticatalanismo primario» da votos al Estado español. «Es una situación de dominación y mientras el dominado va aceptando la situación, y lo único que exige es que le peguen un poco menos, ya les resulta rentable», sentencia.

«No es que España no escuche, es que hay una relación de dominación», insiste Paluzie, y lamenta que Cataluña se encuentra «exactamente igual que hace 18 años», lamenta la expresidenta de la ANC, y recuerda que el manifiesto de la Plataforma pel Dret a Decidir de la protesta de 2007 ya exigía el traspaso de las infraestructuras de transportes a la Generalitat, la publicación de las balanzas fiscales y que la Generalitat pudiera recaudar y gestionar todos nuestros impuestos. Con todo, expone que la manifestación de 2007 fue la génesis de las grandes manifestaciones posteriores que rompieron con la situación de «protestar como la víctima que protesta porque la han maltratado» y que desembocaron con el acto de soberanía del Primero de Octubre. Pero, al fracasar la gestión del 1-O, opina, «nos encontramos en la misma situación», pero dos décadas después. «Repetir cosas que ya se han hecho desgasta, sobre todo cuando parecía que ya no salíamos más a protestar contra España, sino que ya íbamos a hacer nuestro estado independiente». 

Dos mujeres en la manifestación del 1 de diciembre de 2007 por las infraestructuras, convocada por la Plataforma pel Dret a Decidir / ACN

Toni Strubell: «A España le resulta más rentable alimentar la catalanofobia»

El filólogo y exdiputado de Solidaritat Catalana Toni Strubell opina que se ha llegado a esta situación porque al Estado español le es indiferente la opinión pública catalana y asegura que «le resulta más rentable alimentar la catalanofobia en el resto del estado que intentar ganarse a los catalanes». «No invertir en Cataluña es el gran negocio, porque electoralmente resulta muy rentable», afirma. Y señala que el voto identitario «mueve a la gente» y una parte del identitarismo español se basa en «hacer daño a Cataluña». «Es muy difícil no pensar que alguna mente del deep state o de los mecanismos de la economía española está pensando que hacer descarrilar a Cataluña como potencia económica puede resultar interesante», reflexiona. De hecho, cree que los catalanes deben darse cuenta de que «ellos ganan maltratándonos». «Es popular menospreciar a Cataluña», concluye.

Además, según él, desde el Estado hay «un intento de culpar a los anteriores gobiernos de la Generalitat de lo que está pasando actualmente», un «juego sucio total» porque el equipamiento y las vías pertenecen al gobierno español, Renfe y Adif. «Cataluña actualmente vive un período de castigo moral, político y económico», afirma, y señala que el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, representa «un intento de culpabilizar la identidad catalana y de trabajar muy el sentido de culpabilidad respecto a todo el tema del Proceso». Finalmente, Strubell recuerda la manifestación de 2007 como el «inicio del Proceso», y ve que el momento actual «es muy similar» al de 2007, pero con un matiz muy destacable: «Muchos catalanes piensan que prácticamente no hay nada que hacer». Con todo, y ante la situación actual, deja claro que el gran reto que tiene el independentismo es «poner en marcha de nuevo» la maquinaria.

Inicio de la manifestación del 1 de diciembre de 2007 por las infraestructuras, convocada por la Plataforma pel Dret a Decidir / ACN

Vicenç Villatoro «Cualquier gesto de seducción a Cataluña se ve como un privilegio inaceptable»

El escritor y colaborador de El Món Vicenç Villatoro recuerda que la manifestación de 2007 juntó dos cosas que se pueden volver a sumar 18 años después. «Una, el malestar por un mal funcionamiento de las infraestructuras de titularidad estatal, especialmente las ferroviarias. Dos, la convicción política de que este mal funcionamiento de las infraestructuras es culpa de una política del Estado, contraria a los intereses de los catalanes y que se concreta en aquello que Ramon Trias Fargas denominó una ‘asfixia premeditada’: un déficit fiscal insostenible, a fuerza de drenar muchos recursos de Cataluña que no vuelven en forma de las necesarias inversiones y del buen financiamiento de la autonomía». Villatoro advierte que esta asfixia afecta el bienestar y el progreso del país y lo empuja «hacia su decadencia económica y su fractura social». Deja claro que el déficit fiscal que sufre Cataluña «no es un accidente» provocado por un gobierno u otro del Estado español, y afirma que «es un fundamento básico de la estructura y el funcionamiento del estado español unitario».

«Es una necesidad política y económica del Estado», alerta. Y deja claro que «la relación de España con Cataluña nunca ha sido de seducción sino de dominio». Tiene claro que «cualquier gesto de seducción a Cataluña será presentado siempre como un privilegio inaceptable castigado electoralmente en el resto del estado» y esto «no resulta rentable» a los partidos españoles.

Parte de la cabecera de la manifestación del 1 de diciembre de 2007 por las infraestructuras, convocada por la Plataforma pel Dret a Decidir / ACN
Parte de la cabecera de la manifestación del 1 de diciembre de 2007 por las infraestructuras, convocada por la Plataforma pel Dret a Decidir / ACN

Francesc Ribera, ‘Titot’: «Es una consecuencia de una dominación colonial»

El músico, exconcejal de la CUP y escritor Francesc Ribera, ‘Titot’, tiene claro que el estado lamentable de la red de Rodalies en Cataluña es «una consecuencia de una dominación colonial» y «de una voluntad extractivista y de una ideología radial absoluta», y califica irónicamente de «previsiones meteorológicas» las lluvias de millones anunciadas históricamente por los gobiernos españoles, como el de José Luis Rodríguez Zapatero o Mariano Rajoy. «Son un recurso para calmar la situación», concluye, pero añade que «una eventual revuelta por la mejora de los transportes públicos no tiene por qué ser, en sí misma, un elemento de ruptura, y para el Estado no deja de ser un termómetro inofensivo». «Entre la sordera absoluta y la estrategia planificada, ¿dónde se sitúa el nacionalismo español organizado que hay en las estructuras de Estado y el deep state?», se pregunta.

Por otro lado, Ribera expone que esta posición del Estado español hacia las infraestructuras de Cataluña también tiene que ver con un «modelo estructural» basado en una vocación «centralista y radial». En este sentido, apunta que las «millonadas» destinadas a la red de alta velocidad muestran «sus inquietudes nacionalistas» porque, según expone, no tiene «ningún sentido» que España tenga más de 4.000 kilómetros de alta velocidad y que, en cambio, entre Barcelona y Valencia «no haya comunicación directa» y «es más rápido ir de Valencia a Barcelona a través de Madrid». «Esto también es una demostración histórica de la existencia de los Países Catalanes, porque si el Estado tuviera la certeza de que no hay esta unidad nacional, y esta unidad cultural, no correría el riesgo de no construir una línea de primer orden entre estas dos ciudades». «Si no lo hace es porque le da miedo que nos entendamos, que hagamos tratos, que negociemos y nos hagamos amigos», apunta. Y sentencia: «Ya no es una cosa de simple radialidad, que es el ADN del nacionalismo, sino que hay una barrera que está hecha expresamente y no tiene ninguna lógica».

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