La estación de tren de Valls ya no es lo que era. En los años ochenta, la capital de Alt Camp acogía dos trenes de larga distancia –un Altaria y un Talgo– y gozaba de cierta importancia en la trama ferroviaria de Cataluña. Décadas después, sólo circulan cuatro trenes regionales por dirección y en horarios nada competitivos. La Generalitat les ha prometido que en enero de 2027 habrá dos frecuencias más de los regionales, de modo que llegarán a seis al día. Seis trenes son mejor que cuatro, piensan en el territorio, pero igualmente insuficientes para plantearse el servicio de Renfe como una buena alternativa para ir a Barcelona.
El primer tren diario del R13 (Lleida-Valls-Barcelona) llega a la estación de Sants, en condiciones normales, a las 8.09 horas y termina su recorrido en la estación de Francia a las 8.24 horas. El último, de regreso, sale a las 20.15 horas de Sants. “No son horarios competitivos”, lamenta Nil Magrinyà, presidente de la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Valls y Alt Camp, quien se refiere a que el primer tren del día llega demasiado tarde a Barcelona para asistir a clase o trabajar a tiempo y que el último sale demasiado pronto para otros trabajadores o estudiantes, que no llegan a tiempo para tomarlo al salir. “Nos encontramos que mucha gente, sobre todo estudiantes, se va a vivir a Barcelona. Si los horarios fueran más competitivos, quizá habría quien podría plantearse quedarse aquí e ir y volver cada día”, comenta la alcaldesa de Valls, Dolors Farré. El trayecto Valls-Barcelona es de una hora y veinte minutos, sin contar las interrupciones que a menudo afectan a los usuarios de Rodalies. “No sería una locura”, añade Magrinyà.
“Tenía una reunión solicitada con el Gobierno desde el mes de septiembre. Insistí a todos los alcaldes desde Vinaixa hasta Roda de Mar [en Roda de Berà, primer municipio antes de entrar en la red de Rodalies Barcelona] que se unieran para hacer fuerza”, destaca Farré. En el mes de octubre, añade, tendrán una nueva reunión para definir los horarios de los nuevos trenes. Será una reunión importante porque, ahora, llegar a trabajar a tiempo en Barcelona es más bien una utopía, una oportunidad reducida para los habitantes de Valls que madrugan menos.
Los nuevos convoyes que complementarán el R13 saldrán de las líneas RL3 y RL4, que el año próximo pasarán a manos de Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC). “Más viejos no significa que sean trenes peores, depende del mantenimiento. La cuestión es si estos trenes estarán al día”, se pregunta Nil Magrinyà, que combina su acción de activista con la de maquinista.

La vía, bloqueada durante toda la mañana
La inquietud de los vecinos de Valls no difiere en nada de lo que expresan todos los municipios con estación ferroviaria del sur del país. “Estamos pagando las consecuencias de un déficit de mantenimiento”, detalla Farré. “No nos hemos quejado durante el proceso de obras, pero he avisado que, una vez terminen, si no hay un compromiso claro de revertir la situación, seré la primera en cortar las vías”, anticipa la alcaldesa, de Junts. El R13 inicia ahora dos meses de servicio alternativo, entre Plana-Picamoixons y Roda de Mar, para actualizar una infraestructura deteriorada.
En todo caso, sin obras de por medio, los horarios reducidos del R13 complican una operativa que es más compleja que en el resto de líneas. Porque es la única que realiza el mantenimiento de las vías durante el día. Los trenes de mercancías que viajan a Zaragoza tienen dos rutas posibles; la más convencional, que pasa por Valls, y la que circula por Móra la Nova (Ribera d’Ebre). Ambas no pueden bloquearse al mismo tiempo y la línea de Valls se libera por la noche mientras se supervisa la alternativa. “Nos bloquean prácticamente desde las 9:30 horas hasta las 13:30 horas y Adif ve muy difícil que esto pueda cambiar”, lamenta Magrinyà. Y sin un cambio, “es difícil recuperar las frecuencias de otros tiempos”.

Los alcaldes de Ponent piden una visión ferroviaria de país
Más allá de Valls, la ampliación de frecuencias resuena con escepticismo. Los alcaldes de Ponent lamentan que el número de trenes es el mismo de hace cuarenta años, a pesar de que el territorio ha cambiado en este tiempo. “Nos plantean hacer una red de Rodalies de Lleida con su entorno, pero con el resto de municipios de la zona ya estoy conectado con bus. Lo que necesito es poder llegar más temprano a Barcelona”, se queja Josep Ferran, alcalde de las Borges Blanques (les Garrigues). El municipio de Ponent está a tres horas de Barcelona en tren. “Podríamos hacerlo más ágil”, lamentan.
“Para ir a Barcelona me sale mejor ir a Lleida y tomar un tren de media distancia o de larga distancia”, comenta el alcalde. “¿Qué visión de país es esta en la que, siendo capital de comarca, tenemos que pasar por la ciudad más grande de la provincia para ir a Barcelona?”, insiste, crítico con la visión que tienen en la plaza de Sant Jaume: “Cataluña se dibuja en cuatro capitales de provincia; en medio, no hay nada”. En este sentido, desde el territorio entienden Lleida como un polo comunicativo con el resto del Estado, pero lamentan que no lo sea para moverse por Cataluña.

Corte de dos meses en el R13 y problemas con los autobuses alternativos
Los municipios del R13 no verán las nuevas frecuencias –insuficientes, pero necesarias– hasta el año próximo. Hasta entonces tendrán que sufrir aún la falta de mantenimiento de los últimos años, que ha obligado a la operadora a realizar las obras. El tramo en el que se actuará es de 28 kilómetros, entre los términos municipales de Valls y Roda de Berà, una zona estrecha en la que el tren circula entre trincheras.
Las alternativas por carretera no han convencido, durante los primeros días de corte. Algunos autobuses no pasaban el primer día y otros iban vacíos en una operativa que se ha ido ajustando con el paso de los días. Las obras, recuerda Magrinyà, son necesarias para recuperar la velocidad habitual de los trenes, pero los servicios alternativos y sus horarios se han pensado «a toda prisa, tarde y mal». Esta nueva situación, además, se debe sumar al fin de la gratuidad, un aspecto que no se ha entendido en el territorio, según se desprende de las palabras de Magrinyà: “Que nos lo hagan pagar es no entender nada”.

