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La próxima semana, martes y viernes, la titular del Tribunal de Instancia número 5 de Martorell, que tutela la instrucción sobre la muerte del fundador de Mango, Isak Andic, tomará declaración a los primeros testigos. De esta manera, comienza una nueva fase del proceso de instrucción por la muerte del empresario en una caída en el camino de las cuevas de Collbató, el 14 de diciembre de 2024. Una nueva etapa después de las medidas impuestas al principal sospechoso, el hijo de la víctima, Jonathan Andic, en libertad tras depositar un millón de euros de fianza y con la obligación de presentarse en el juzgado cada semana.

Será el inicio de una serie de pruebas que ha ordenado la jueza instructora, como una pericial completa sobre la caída o el análisis del papel de las terapeutas que asistían a Jonathan Andic a raíz de la crisis con su padre. Todo ello, con el trasfondo de unos informes policiales en los que incluso fuentes de los Mossos d’Esquadra que habían participado en pesquisas del caso consideran que «se ha estirado más el brazo que la manga», porque no hay ninguna prueba de cargo y todo es prueba indiciaria. «Hay demasiada inferencia e interpretación libre», comentan las mismas fuentes consultadas por El Món.

Jonathan Andic, el día de su detención/David Oller/EP
Jonathan Andic, el día de su detención/David Oller/EP

La guerra de relatos

En este contexto, cabe añadir que si el caso va a juicio será a través de un jurado popular. Un elemento que obliga a perfilar tanto las estrategias de la defensa como del ministerio fiscal más allá de las cuestiones jurídicas y de prueba, y obliga a entrar en un terreno resbaladizo, el de la guerra de relatos. Lo sabe perfectamente la fiscal del caso, Teresa Yoldi, que tiene muchas horas de vuelo en juicios con jurado -de hecho, ha participado en casi un centenar- y que saltó a la palestra en el caso del asesinato y violación de dos agentes del Cuerpo Nacional de Policía en Hospitalet de Llobregat, en el cual consiguió la condena de 93 años al acusado, Pedro Jiménez. La fiscal ha reclamado un informe de la Unidad de Personas Desaparecidas de los Mossos, con quien Yoldi ya ha trabajado y ha conseguido dos condenas sin que hayan aparecido los cadáveres.

Pero también lo sabe uno de los mejores penalistas del estado, Cristóbal Martell, un abogado astuto, consciente de que no es lo mismo convencer a unos profesionales del derecho como son los jueces y magistrados que a los miembros de un jurado. Por otro lado, Martell tiene muy presente que ahora, además de la fiscalía, tiene una extraordinaria oposición de la jueza del caso. Resolución tras resolución, apuntala la implicación de Jonathan Andic con reproches como asegurar que el sospechoso tenía «obsesión por el dinero» y una «mala relación con su padre». De hecho, en el auto de procesamiento afirmaba que ya se podía dar por «descartada» la caída accidental, alegando que era lo que decían los informes policiales de la división de investigación criminal de los Mossos.

Una imagen de los homenajes que en diferentes tiendas expusieron de Isak Andic/Mango
Una imagen de los homenajes que en diferentes tiendas expusieron de Isak Andic/Mango

Los Mossos y la fiscalía

El ministerio fiscal fija su posición con los informes de los Mossos d’Esquadra elaborados por miembros de la Comisaría General de Investigación Criminal. De hecho, unos informes que se elaboran con una investigación de carácter secreto, después de que las primeras pesquisas revelaran que no había lo que se denomina «prueba de cargo». Los informes contradirían la versión del inculpado y descartarían la caída accidental de Isak Andic. Fuentes policiales, sin embargo, apuntan que la continuidad de la investigación solo tenía el objetivo de protegerse «a futuro». «Los investigadores del caso temían que al cabo de diez o veinte años Jonathan confesara que tiró a su padre al vacío», comentan.

De ahí la insistencia en convertir los indicios en pruebas, a veces con un «punto deshonesto intelectualmente y de manera sesgada de lo que debe ser un informe policial». De hecho, las mismas fuentes consultadas señalan que un caso «sin esta trascendencia mediática» ya se habría cerrado. Incluso, creen que la detención del pasado mes de mayo del hijo de la víctima solo tenía por objetivo buscar una «confesión» ante la falta de prueba. Es evidente que la fiscalía tiene presentes estos elementos y de ahí la petición de una fianza alta pero asumible para el sospechoso para eludir la petición de prisión. Una señal de que la convicción que pueden generar los indicios no es del todo resolutiva.

Francisco Marco, exdirector de Método 3, en un momento de la entrevista en FAQS
Francisco Marco, exdirector de Método 3, en una imagen de archivo

«Obsesión por el dinero»

En esta línea, el ministerio público añade el análisis de la geolocalización y el contenido del teléfono móvil de la víctima, del registro de llamadas hechas por el investigado en el momento de los hechos y del informe técnico fotográfico de la escena del crimen. La fiscal, compartiendo la opinión de la instructora, razona que los mensajes entre padre e hijo contradicen la «supuesta buena relación» que Jonathan dice que tenía con su padre. De hecho, la incriminación del investigado se enraizaría en el año 2015, cuando Isak Andic anunció formalmente que dejaba Mango y puso la dirección de la multinacional en manos de su hijo. Un movimiento que corrigió posteriormente a la vista de que los resultados empresariales no acompañaban. Esta decisión del padre habría dejado tocado al hijo y generado una enemistad que habría terminado en parricidio, según la hipótesis de la acusación.

A estos precedentes, hay que añadir lo que la jueza ha descrito como «la obsesión por el dinero» de Jonathan. Siguiendo el relato del ministerio fiscal, el hijo de Isak Andic «pidió una herencia en vida» al padre, petición que el fundador de Mango se vio «obligado a aceptar para seguir teniendo relación con él». Es lo que se tilda de «manipulación emocional» del hijo hacia el padre. En esta línea, los informes de los Mossos extraen de las conversaciones entre padre e hijo que, a mediados de 2024, el encartado se enteró de que su padre quería cambiar el testamento, en el sentido de crear una especie de fundación benéfica.

Un punto de inflexión en la relación, en que el hijo habría admitido a su padre que su actitud con el dinero no era la «correcta» y le habría pedido ir de excursión para hablarlo. El padre lo habría aceptado como un «intento de reconciliación». El final de la excursión todos lo conocen. A todo esto, añaden las supuestas contradicciones en las dos declaraciones a los Mossos de Jonathan y un detalle nada menor, la acreditación, a través de la placa de bajas emisiones de entrada y salida de Barcelona que los días 7, 8 y 10 de diciembre fue al lugar donde el día 14 debía caminar con su padre. También está acreditado a través de los sistemas de vigilancia del tráfico en Collbató.

El abogado Cristóbal Martell Pérez-Alcalde, al llegar a la Audiencia Nacional/Alejandro Martínez/Ep
El abogado Cristóbal Martell Pérez-Alcalde, en una imagen de archivo/Alejandro Martínez/Ep

Indicios y afirmaciones

Según el ministerio público y la jueza instructora, como consta en sus escritos y autos, hay «un cúmulo de indicios» que permiten «afirmar» que hay varios elementos que llevarían a Jonathan al banco de los acusados. En resumen, situarían, en primer término, la mala relación del hijo con el padre por el dinero y por la crisis empresarial y la existencia de un móvil económico posible con la creación de la fundación que gestionaría la herencia.

Precisamente, también plantean como argumento acusatorio «la obsesión del señor Jonathan Andic por el dinero» y «la manipulación emocional» del hijo hacia el padre «para lograr sus objetivos económicos». Incluso, entran en las discusiones que habían tenido ambos, en las que el hijo admitía «sentir odio, rencor, ideas de muerte, y culpar de su situación a su padre». Y lo que será clave: «Que la figura del padre deje de existir de pensamiento o en vida».

Por otro lado, añaden una supuesta «planificación y estudio previo del lugar de los hechos» así como «un intento de crear una situación y circunstancias concretas tan discretas como fuera posible previamente a los hechos, durante los hechos y en los minutos posteriores a la caída». También incluyen como prueba indiciaria «las diferentes versiones y afirmaciones que no se corresponden con la realidad el día de los hechos». En el mismo paquete, añaden que «las lesiones que se reflejan en la autopsia y que descartan prácticamente que la caída fuera producto de un resbalón o tropezón», de ahí que se haya pedido una pericial más completa.

La defensa, al ataque

La defensa de Jonathan Andic tiene dos principios muy claros. En primer término, que se debe acreditar la culpabilidad y no la inocencia. Y, en segundo término, que por ahora lo que hay son indicios e interpretaciones policiales que han sido asumidas por la fiscalía y la instrucción. Aun así, han aportado al caso un informe de casi 500 páginas, firmado por el detective Francisco Marco, que intenta desmontar los informes policiales que sirven de base para la incriminación. De hecho, la defensa alega que ningún informe policial o forense establece que la caída fue provocada. De hecho, ni el informe de los mossos de la Unidad de Montaña lo avala. Cabe decir que han aportado informes periciales que niegan que una caída en forma de «tobogán» deba ser causada por otra persona. Un informe al que se añade el historial médico de la víctima, con artrosis en las rodillas, con el vídeo de una caída en un vestíbulo.

Por otro lado, uno de los elementos que más aprovechan los Mossos es una huella que interpretan que es de Isak Andic y que creen que no fue «fortuita». Ahora bien, informes policiales anteriores a los utilizados para la imputación admitían que no se podía descartar que la famosa huella fuera anterior a la caída. La defensa también enfatiza que la policía «no acordonó la zona después de la caída» y que el informe se elaboró cuando por el camino de las Cuevas del Salitre ya habían pasado cientos de excursionistas. Cabe decir, que es una ruta bastante conocida. La caída, a criterio de la defensa, se habría producido cuando el hijo iba unos cinco metros por delante del padre, que se habría detenido a hacer unas fotos. Pero la acusación recuerda que en la primera declaración ante los Mossos relató que «escuchó un ruido de piedra cayendo, se giró y únicamente vio un cuerpo rodando entre los matorrales, escuchó un golpe fuerte y un gemido de dolor de su padre”. Como los Mossos encontraron el móvil de la víctima en el bolsillo de sus pantalones, en una segunda declaración, Jonathan matizó que su padre había usado el móvil al inicio del recorrido y que ya no lo volvió a sacar.

Esta variación es considerada una contradicción acusadora por los investigadores. Pero, según la defensa, que Isak Andic hiciera fotos antes o después no tiene ninguna relevancia. Incluso, podría haber optado por, finalmente, no hacer ninguna fotografía. Lo que sí tiene relevancia, para los abogados de Jonathan, es que el hijo caminaba delante del padre y, por tanto, estaba de espaldas cuando se produjo la caída. Un hecho que se acredita con las llamadas del imputado al 112 y las conversaciones con los Bomberos y el SEM, que coincidirían con las declaraciones hechas a la policía. La defensa también niega la «planificación» del homicidio por la presencia del coche cerca de las Cuevas del Salitre el 7, 10 y 14 de diciembre. Según Jonathan Andic, solo había hecho la ruta una vez y hacía dos semanas. Una aseveración que despierta recelos de la acusación. En cambio, la defensa lo ve una simple «confusión semántica» entre «rutas y visitas» porque el día 10 no pudo hacerla por el mal tiempo. Así, entre el 7 y el 14 no hizo la ruta, lo que verificaría, según la defensa, la versión inicial cuando dijo que hacía dos semanas que había hecho el camino. «Una eventual ambivalencia o confusión semántica no permite hablar de contradicción o de faltar a la verdad, sino de cómo contar las semanas, ya que 7 días después es el inicio de la segunda semana», argumenta la defensa.

Jonathan Andic, esposado custodiado por un Mosso d’Esquadra en los juzgados de Martorell / ACN

La relación con el padre, clave

Los abogados de la defensa que comanda Martell rebaten con desenvoltura la tesis de la mala relación entre padre e hijo. Un argumento que ven «atractivo» para el gran público, pero que se aleja de la realidad del momento de los hechos. Contradicen la versión incriminatoria sobre la enmienda del padre a la decisión de dejarle el mando de la empresa. El hecho de que lo apartaran del frente de Mango, según la defensa, “no había comportado ningún problema profesional, ni personal, ni familiar”. De hecho, niegan que fuera «apartado» y mantienen que simplemente Isak volvió a su lugar de trabajo original y Jonathan también.

Asimismo, la defensa insiste en que el siniestro llegó cuando la relación parental era «mejor que nunca». De hecho, el mismo Jonathan dijo a la policía que no siempre había tenido una «buena relación» con su padre. En este sentido, los abogados han aportado declaraciones del entorno familiar y de la dirección de Mango, que niegan la discusión entre padre e hijo por la constitución de una fundación, una idea que «tenía el apoyo de Jonathan». Cabe añadir que la herencia en vida que reclamaba Jonathan la defensa la define como una herramienta para su independencia, pero a la que, recuerda, renunció rápidamente.

En la misma línea, la defensa también desvirtúa los whatsapps encontrados en sus teléfonos donde se puede leer frases como «tener un hijo como yo es lo más duro que le puede pasar a un padre. He recordado algunas discusiones en las que no me extraña que pensaras que era capaz incluso de matarte». Un mensaje de julio de 2024. Unos mensajes que la defensa circunscribe a una terapia psicológica de «cierta confrontación de acción y reacción para encontrar el crecimiento». «Desde febrero del 2024 no hay ningún reproche entre ellos» en los correos electrónicos, insiste la defensa. Un mensaje que responde a una terapia de psicoanálisis basada en el concepto metafórico de «matar al padre» creado por Sigmund Freud.

El móvil en Ecuador

Otro dato que la acusación y la instructora han blandido como más que sospechoso es que, en marzo de 2025, tres meses después de la muerte de su padre y cuando la prensa informaba que el caso se reabría, el teléfono móvil de Jonathan Andic desapareció de manera «sospechosa» y en circunstancias «extrañas». Según Andic, le robaron el móvil en Quito, Ecuador, en un viaje de dos días que hizo el 24 de marzo. “Las fechas de la desaparición del antiguo terminal coinciden con la información dada por los medios de comunicación de la reapertura del expediente judicial», subraya la jueza.

Pero la defensa lo ve de manera bastante diferente. Andic cambiaba de terminal cada dos años. Pidió hacer el cambio a finales de diciembre de 2024, pero no recogió el nuevo teléfono hasta marzo de 2025, cuando le robaron en Quito, donde fue para una «reunión presencial». Además, resalta que la noticia de que era investigado surgió el 4 de marzo de 2025 y él no cambió el terminal hasta tres semanas después, lo que desvirtuaría su intención de ocultar algo. La guerra de relatos ha comenzado aunque la intención de la defensa es que se vuelva a cerrar el caso antes de ir a juicio y confían en que la Audiencia de Barcelona revoque un posible procesamiento de Jonathan Andic, una vez se hayan finalizado las diligencias solicitadas. Sea como sea, se podría afirmar que el juicio ha comenzado.

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