L'escapadeta
El pueblo de la Costa Brava donde Truman Capote dio forma definitiva a ‘A sangre fría’: «El agua es tan clara y azul como el ojo de una sirena»

¿Imaginas un crimen tan espeluznante que conmovió a una nación? Un suceso que rompió la aparente calma de un pueblo entero y que abrió una herida que parecía imposible de cerrar.

Hay historias que van más allá de la simple noticia. Necesitan ser contadas con una profundidad que sacuda, que te haga sentir el frío en la espalda.

Precisamente eso es lo que buscó uno de los genios literarios más grandes del siglo XX. Truman Capote se topó con la brutal masacre de Holcomb y supo que no podía ser una crónica más.

Viajó hasta Kansas, entrevistó a asesinos y vecinos, lo documentó todo. Pero le faltaba algo. Le faltaba el refugio perfecto, el silencio imprescindible para dar forma a su proyecto definitivo.

El secreto mejor guardado de la Costa Brava

Porque, sí, lo encontró. Este lugar mágico no era ni Nueva York ni ninguna ciudad cosmopolita. Era un pequeño pueblo de la Costa Brava, con el mar Mediterráneo como telón de fondo.

Hablamos de Palamós, en Girona. Un rincón que acogió a Capote con los brazos abiertos, ofreciéndole la calma que tan desesperadamente necesitaba para transformar 4.000 folios en una obra maestra.

La claridad y el azul del agua aquí son como el ojo de una sirena. No hay un lugar mejor para encontrar la inspiración.

Él, un neoyorquino de pies a cabeza, amigo de la jet set y de Marilyn Monroe, huyó del bullicio. Buscaba la serenidad, y la encontró en Cataluña, la primavera de 1960. Llegó con su pareja, Jack Dunphy.

Capote describió este lugar en una carta: «Esto es un pueblo de pescadores, el agua es tan clara y azul como el ojo de una sirena». (Nosotros también nos imaginamos la imagen).

Se levantaba temprano, con el ruido de los pescadores como despertador. Un hábito que, según él, le iba de maravilla para empezar a trabajar. Pasó todo el verano de ese año y regresó los dos siguientes.

La rutina que creó una obra maestra

Durante su estancia, Capote vivió en varios lugares emblemáticos de la zona. Desde el Hotel Trias hasta una casa frente a la playa de La Catifa, en el condado de Sant Jordi, Platja d’Aro.

También se alojó en un chalet en Sant Antoni de Calonge y en una masía en la Cala Sanià. Palamós le ofreció la variedad y la privacidad que necesitaba para su proceso creativo.

Su rutina era tan singular como él. Escribía siempre desde la cama, vestido con un pijama de seda. Después, paseaba por los jardines de la casa y se adentraba en el pueblo.

Iba a buscar el periódico en la Calle Mayor y compraba dulces en la pastelería Collboní, que aún hoy sigue abierta. Una dulce escapada que le daba la micro-dosis de normalidad antes de volver a su obra.

Así nació ‘A sangre fría’. Una novela que se convirtió en un auténtico hito del nuevo periodismo norteamericano. Estuvo 35 semanas consecutivas entre los libros más vendidos del New York Times.

Palamós, un tesoro por descubrir antes de que se haga viral

Capote se encontró con un pueblo que lo recibió con los brazos abiertos. Durante los dieciocho meses que pasó allí, descubrió rincones que te dejarán sin aliento.

Desde las espectaculares Cala de La Fosca o la de S’Agaró, hasta la histórica masía de Sanià, que aún se puede visitar. La pastelería Collboní y el restaurante María de Cadaqués, donde le encantaban las gambas rojas, son testigos vivos de su presencia.

El paisaje lo completa el Castillo medieval de Sant Esteve de Mar, entre La Fosca y S’Alguer. Sus ruinas son un recuerdo de un pasado estratégico.

El puerto de Palamós es el segundo más importante de Cataluña. Se ha convertido en el templo de la gamba roja, una auténtica estrella de este oasis de biodiversidad, donde también se capturan erizos de mar.

Este pueblo gerundense, que inspiró una de las obras más grandes de la literatura, hoy es una atracción turística por sí mismo. (Nos preguntamos si Capote lo habría querido así).

Aunque ‘A sangre fría’ le dio muchas alegrías, Capote confesó al final de su vida: «Nadie sabrá nunca lo que ‘A sangre fría’ se llevó de mí. Creo que, de alguna manera, acabó conmigo».

Una amarga verdad que se llevó a la tumba. Pero nosotros, hoy, tenemos esta maravillosa novela y su testimonio, grabado para siempre en la quietud de Palamós.

Un lugar que sigue siendo una joya, esperando ser descubierta por aquellos que buscan su propia inspiración. Y tú, ¿ya tienes el billete hacia Palamós?

Comparteix

Icona de pantalla completa