Ha sido un juicio extraño por el fondo y por la forma el que se ha vivido este lunes por la mañana en la sección novena de la Audiencia de Barcelona. Pero, sobre todo, ha sido un juicio crudo. Una vista oral que ha mostrado de manera inclemente la situación de una menor de edad, Noa, denunciante de una agresión sexual, que comenzó su adicción a las drogas -duras– con 13 años y a los 14 ya vivía pendiente del crack. Tanto era así que se prostituía a cambio de drogas o de dinero para comprarlas y fue declarada en desamparo y sometida a tutela de la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia (DGAIA). Una tutela poco eficaz, porque, en solo siete meses, se fugó 14 veces para conseguir drogas.
La vista ha comenzado con el retraso de una hora y con el peligro de que se volviera a suspender por tercera vez. Esta vez, por la intérprete, que se había solicitado en amazige y la disponible en la oficina judicial era de árabe, una lengua totalmente diferente. Por lo tanto, había que esperar. Los agentes de los Mossos d’Esquadra citados como testigos ya estaban inquietos, porque según comentaban, solo cobran tres horas por la asistencia obligada al juicio. Los técnicos del centro de menores no estaban tan preocupados, pero sí tenían cara de tener ganas de poner fin a un asunto enredado.
Finalmente, la presidenta del tribunal y ponente del caso, Neus Codina, magistrada pragmática, ha dirigido con carácter una vista que podría haber tenido tendencia a desmadrarse. De hecho, el juicio ha terminado con la expulsión del acusado de la sala –por interrumpir las acusaciones– y la intérprete con los ojos llorosos. En concreto, se ha juzgado a un hombre sin antecedentes penales y de nacionalidad argelina acusado de agredir a Noa, que, en el momento de los hechos -entre mayo y junio de 2024- era una niña de 14 años que se encontraba en situación de vulnerabilidad y que, además, era adicta a las drogas, especialmente al crack.

Una agresión y un robo
Tanto el ministerio fiscal como la acusación particular de la Generalitat han pedido una pena de 14 años de prisión. Y la defensa, muy trabajada, en manos de Olga Vinadé, ha reclamado la absolución para su cliente. El acusado, Hansa, que ha querido declarar primero, ha negado absolutamente los hechos, ha reconocido a la víctima porque, según ha dicho, le había robado su móvil Samsung una noche en Montjuïc, y ha dicho que tenía entendido que era la novia de un conocido. Esta ha sido la tesis de la defensa: que no conocía personalmente a la chica denunciante y que nunca había estado en el domicilio de Barcelona donde supuestamente se registró la agresión sexual. De hecho, en el piso escenario de los hechos vive un grupo de pakistaníes. El acusado, que está en prisión provisional, es drogodependiente y se removía en el asiento de la sala de juicios, flanqueado por la intérprete y dos mossos, cada vez que oía explicar el episodio denunciado.
Después de la declaración del acusado, la sala ha escuchado el relato de la denunciante. Era una prueba preconstituida, es decir, una declaración grabada. Un vídeo impactante, con el que Noa no solo ha sorprendido a la sala por el relato de cómo era su vida en el centro de menores, sino por la naturalidad y espontaneidad con que explicaba sus catorce fugas entre diciembre de 2023 y julio de 2024. Las iba recordando con todo detalle y cómo cambiaba sexo por drogas o por dinero para comprarlas, utilizando pisos de Ciutat Vella y con habilidad para este tipo de prácticas. Y, lo que es más inquietante, que todas estas relaciones sexuales eran con mayores de edad a pesar de la evidencia de la minoría de edad de la víctima.
También ha relatado relaciones que ha definido como «consentidas» con amigos o conocidos que le proporcionaban droga a buen precio. Pero, en el caso de Hansa, lo ha relatado diferente. «No me hizo gracia, no había consentimiento», ha afirmado. Según las acusaciones, el acusado ofreció a Noa unas pastillas que la dejaron aturdida. Cuando la víctima pidió darse una ducha, el acusado y un tercero que no ha sido identificado la agredieron sexualmente dos veces, una con penetración y la otra con sexo oral, mientras la chica se encontraba “absolutamente desamparada o incapacitada para huir o resistir”. «¡Aquellas pastillas eran muy fuertes!», ha comentado Noa para aclarar que después de la excitación que le produce el crack le gusta tomar sedantes que la relajen. En palabras del abogado de la Generalitat, fue una «sumisión química de manual». Finalmente, lo denunció aprovechando que tenía su perfil de Instagram, que dio a los Mossos, y que, una vez arrestado, y después de una rueda de reconocimiento fotográfica y otra presencial, lo identificó como agresor.
Contradicciones
La defensa se ha aferrado a las contradicciones del caso. De entrada, el hecho de que, a pesar de estar tutelada y su historial, pudiera fugarse hasta catorce veces. Dos al mes, aproximadamente. Además, el centro no detectó o no tomó medidas para evitar la prostitución de la chica, aunque, según su técnico de referencia, cuando aparecía incluso tenía problemas de higiene que le provocaron sarna. «Es una persona disociada», admitía el técnico para explicar la naturalidad con que exponía el relato de su trágica existencia. El técnico y la subdirectora del centro han insistido en que se enteraron de los detalles de la agresión a raíz de la denuncia que hizo a los Mossos.
Precisamente, este técnico de referencia ha admitido que la menor cometía «hurtos o pequeños robos» para conseguir dinero para drogas además de la prostitución. Un hecho que ha sido aprovechado por la defensa para argumentar la tesis del robo del móvil. Un robo que el acusado ya explicó en su primera declaración en instrucción y que, según él, no formalizó con una denuncia porque la policía le reclamó la factura y no la tenía. En segundo lugar, la letrada ha enfatizado el papel de Sonia, la supuesta amiga que se encontraba con Noa en el piso el día de los hechos. Una persona que nadie ha podido ni localizar ni identificar. Un testimonio que debía ser clave para la defensa, porque podría haber aportado detalles de los hechos. En tercer lugar, también se ha subrayado un informe del trámite de desamparo y acogida donde la menor había «denunciado falsamente» a su padre.
En cuarto lugar, la defensa ha recordado que Noa interpuso otra denuncia por una agresión sexual en Sant Vicenç dels Horts, de la cual advirtió por Instagram a una amiga, un mensaje que los Mossos, después de las pesquisas técnicas, no pudieron encontrar. Aunque la letrada ha intentado evitar el turno de la última palabra, el acusado ha querido utilizarlo para volver a negar los hechos, explicar el supuesto robo y recordar que él «lleva veinte años con las drogas y que después de cinco o seis pastillas, como las que dice haber tomado, ¡la chica no recordaría nada!». La gran duda que planeaba en la sala era cómo es que una niña desamparada –apartada de su familia por vulnerabilidad– se puede fugar 14 veces de un centro, drogarse y prostituirse y sin responsabilidad de la Generalitat. Después de tres horas y media de juicio, el caso ha quedado visto para sentencia.

