El personal educativo cerró el curso con una buena noticia, la reclasificación del personal de atención educativa y de los integradores sociales. Unas 4.000 profesionales pasan a la bolsa pública y cobrarán unos 300 euros mensuales más. Pero la reclasificación, aprobada el pasado julio, deja fuera a las cuidadoras, que continúan pidiendo la internalización del servicio. No solo por cuestiones salariales, sino también por comodidad laboral. Dependen de empresas del tercer sector y del diagnóstico que realicen los Equipos de Asesoramiento y Orientación Psicopedagógica (EAP) a partir de las inscripciones. A diferencia de sus compañeras de escuelas, pasan el verano sin saber dónde estarán el curso siguiente.
“No sé si me tocará ir mucho más lejos que ahora ni si tendré a los mismos niños o no”, resume Yuemei Surroca, trabajadora en la escuela Barrufet de Sants (Barcelona) y delegada de CGT en Fundesplai. La mayoría de las cuidadoras tienen contratos fijos discontinuos, lo que las envía al paro durante agosto, pero les asegura una plaza al regreso. “Sé que me volverán a llamar, porque va por ley, pero nada más. Nos deberían llamar quince días antes de comenzar el curso, pero normalmente no ocurre; normalmente avisan una semana antes, o cuatro días”, apunta Surroca.
La cuestión, apuntan las trabajadoras, es que la Generalitat y el Consorcio de Educación de Barcelona –que regula la mayoría de escuelas de la capital– no detallan cuántas cuidadoras necesita cada centro hasta que la matrícula ya está cerrada. La única solución aparentemente inmediata implicaría que el EAP hiciera los trámites antes, una cuestión un tanto utópica teniendo en cuenta que se debería cambiar el sistema actual. Surroca matiza, en este punto, que la matriculación “se realiza antes del verano” y recuerda que las trabajadoras han pedido “un cambio general” del sistema educativo durante las huelgas.

Las cuidadoras son las únicas que no tienen horas de preparación asignadas por convenio ni en septiembre –antes de comenzar las clases– ni después durante el curso. “Los niños comienzan el 8 de septiembre, los maestros van antes. Tienen toda la preparación del curso, se forman y se pasan información; quizás cuidadoras y el PAE también merecemos esas horas. Incluso los monitores de comedor las tienen”, argumenta Surroca. El personal de apoyo alega que ni siquiera están presentes en las reuniones que hacen los tutores con las familias del niño que acompañan.
Exigen la internacionalización del servicio
Desde la CGT exigen una respuesta, a pesar de reconocer que no hay “fórmulas mágicas”. “Todo tiene una serie de trámites y estamos abiertas a escuchar”, remarcan. Más contundentes son con la reclasificación del personal. Hay figuras legales dentro del PAE que se aproximan a las tareas de una cuidadora, lo que hace pensar que saltar de convenio no debería ser una quimera. En estos momentos, las cuidadoras están contratadas como monitoras, en el marco del convenio de ocio, lo que repercute en el salario y en las condiciones laborales.
Por otro lado, los sindicatos remarcan que toda internalización se debe hacer a través de una subrogación de contrato, manteniendo la antigüedad de las trabajadoras. “Mucha gente piensa que es un trabajo transitorio, pero hay cuidadoras que lo ejercen desde hace veinte años o más”, comenta al respecto la referente sindical de Fundesplai. El traspaso a la bolsa pública, que por ahora no parece estar sobre la mesa, se debería hacer manteniendo los pocos privilegios laborales que se consiguen durante la carrera laboral, concluyen.

