Cantaba el grupo valenciano Zoo, en una de sus canciones más icónicas, que “nunca nadie pudo” con aquella maestra “rebelde, decidida y valiente” que plantó cara a quien venía “a darle lecciones”. La cantaba el grupo valenciano, haciendo referencia al franquismo, y la han cantado, a través de un gran altavoz, algunos de los 100.000 docentes y médicos (35.000, según la Guardia Urbana) que han llenado este viernes el centro de Barcelona. Han dejado claro que no aceptan lecciones de nadie. Especialmente numerosos y visibles, maestros y profesores han señalado directamente a un Departamento de Educación que proclama las bondades de un “buen acuerdo” ratificado solo por una minoría sindical, la de CCOO y UGT. «La educación pública está en pie, organizada y no está dispuesta a callar», sentenció la portavoz de la USTEC, Iolanda Segura, al llegar al Parlamento. La revuelta de los docentes ha coincidido con una nueva huelga de los médicos, que han cargado nuevamente contra Salud. Los dos colectivos se han encontrado en la entrada de la Ciudadela, unidos bajo el grito de «se acerca la revuelta».
Una huelga de maestros más masiva que la de febrero, a pesar de la ausencia de UGT y CCOO
Cansados, pero sumando efectivos a la causa, los docentes han multiplicado los registros de la última gran huelga, en febrero pasado. Se han movilizado 10.000 personas más que en aquella parada, según la Urbana; más de 30.000, según los sindicatos. Y los registros de seguimiento de la huelga también han crecido, a pesar de que han caído de la convocatoria los sindicatos UGT y CCOO, que pactaron con Educación después de la parada histórica de febrero. El Departamento habla este viernes de un seguimiento del 44%, tres puntos más que el pasado 11 de febrero. Los sindicatos elevan la cifra a un 90%.

“Barcelona tiembla, hoy”, avisó Segura minutos antes de comenzar la manifestación, que ha reunido docentes de todo el país después de cinco días de huelga territorializada. «Es un pacto que no debería haberse producido nunca; lo que ha hecho el Gobierno es una irresponsabilidad y una negligencia», continuó, antes de desafiar al ejecutivo con una convocatoria de reunión –secundada también por Aspec, la CGT e Intersindical– el próximo martes en el edificio histórico de la Universidad de Barcelona.
«Si no asiste o no muestra voluntad de reunirse con nosotros, este curso no terminará con normalidad”, advierten los sindicatos, que cuestionan la actitud del consejero Albert Dalmau, que ha asumido la cartera educativa por la baja médica de Esther Niubó, y también del presidente Salvador Illa. Ambos están citados, junto con el secretario de Mejora Educativa, Ignasi Giménez, al encuentro que proponen para el martes. El Gobierno, que hace equilibrios entre la defensa del pacto actual y la presión de los sindicatos mayoritarios, aún no ha respondido a la propuesta.
Para hacer aún más presión, los sindicatos se han reunido con los grupos parlamentarios de ERC, Junts, CUP y Comuns tras la manifestación. No estaban los diputados del PSC, una ausencia “vergonzosa” pero “muy significativa”, resumió la USTEC. Los sindicatos mantienen que si el ejecutivo ha sido capaz de aparcar el presupuesto para intentar cerrarlo con ERC, también puede hacer lo mismo con el pacto sobre educación para renegociarlo con los sindicatos mayoritarios. “Si se ha detenido el presupuesto, también se debe poder detener un pacto vergonzoso y minoritario”, insistió Segura.

Una marea amarilla llena Barcelona
La protesta ha cumplido con las expectativas. Tetuan se ha ido llenando de camisetas amarillas, la mayoría con lemas históricos de la época de los recortes. Desde una paradita, Marina Ruiz (USTEC) explicaba a los docentes las novedades del nuevo pedido, de un amarillo más apagado. Se encargaron 4.000 y ya las tienen casi todas vendidas, explica Ruiz a El Món. Ya no lucen las famosas tijeras, ahora reclaman «dignidad» para la profesión.
La manifestación, que ha confluido con la protesta de los médicos, ha terminado a las puertas del Parlamento de Cataluña, blindado con agentes antidisturbios de los Mossos d’Esquadra. Los sindicatos policiales sí han cerrado un incremento salarial satisfactorio, algo que molesta a los docentes, que lo han hecho notar con gritos y pirotecnia frente a los agentes. “Menos policía y más educación”, han gritado los más entusiastas. Otros cánticos apuntaban directamente al presidente. “Illa, escucha, se acerca la revuelta”. Y cantando, también, han reivindicado la “validez” de su lucha y han exigido una bajada de las ratios.
Las maestras de las escuelas infantiles, que completaban la huelga, también han hecho ruido. “Ya estamos aquí, ya hemos llegado, los 0-3 [años] estamos luchando”, cantaba, por ejemplo, un grupito llegado de Cornellà. “Estamos hartas del concepto ‘guardería’. Formamos parte de una etapa vital muy importante y estamos olvidadas: hay cuatro modelos diferentes de escuela infantil, no puede ser”, se queja Sandra Quadra, conversando con El Món. El colectivo pide que la gestión pase a formar parte “íntegramente” de Educación. A su lucha también se han unido los técnicos de educación especial y el personal administrativo de los centros. Todos ellos reciben el apoyo de los bomberos, de los médicos y de los campesinos, entre otros sectores clave del país que apoyan a los docentes.
Los cánticos, constantes y cada día más originales, se han abierto paso entre pancartas. Algunas, las más típicas, dibujan un parking de coches gigante. “Los problemas no se aparcan, se gestionan”, reprochan algunos maestros. Otras, más originales, hacen ironía. “Queremos más plantilla, no seas ratilla”, apunta –dirigida al presidente– una de las más críticas, que ha llegado a colocarse en primera línea del frente al llegar al Parlamento. También con humor, Ferran, que ha bajado de Girona, se hace eco de uno de los memes más virales del año. “Esto es can pixa i rellisca”, dijo un maresmense en TV3 durante la crisis de Rodalies. Se hizo viral y hoy ha aparecido entre los docentes. “Es un lema que representa muy bien en qué punto está el país. Valía para Rodalies, pero hoy también nos vale a nosotros o a otros servicios esenciales”, explica Ferran.


Huelga de docentes y de médicos
Los médicos también se han detenido para pedir un “diálogo real” con el Gobierno. Menos masivos que los docentes –había medio millar– se han quejado de que el ejecutivo los convoca para detallarles diferentes políticas –como el detalle de los presupuestos–, pero que, en cambio, no se sienta con ellos para discutir un convenio laboral propio. El colectivo cuestiona que Salud los derive a la negociación del estatuto marco que se está construyendo en Madrid para quitarse el problema de encima, a pesar de que, para otras cuestiones, “bien que defiende que las competencias son de la Generalitat”. Así se expresaba el secretario general de Médicos de Cataluña, Xavier Lleonart, en una entrevista con El Món previa a las protestas.
Salud ha cifrado en un 6,7% el seguimiento de la huelga de facultativos, mientras que Médicos de Cataluña la eleva al 35%. El colectivo defiende que les es más difícil hacer huelga porque al día siguiente recibirán el doble de visitas de las previstas, pero insisten en la necesidad de escuchar un servicio esencial. Su protesta, que ha comenzado en el Hospital Clínic y también ha terminado en el parque de la Ciudadela, ha cuestionado a la consejera Olga Pané. «Pané, pa’ná», cantaban los manifestantes. Traducida esta fina ironía, lo que expresan los manifestantes es que la consejera no hace nada y piden su dimisión. El conflicto con los médicos, insistió Lleonart, «no se cerrará hasta que no haya una negociación directa y real con la administración para mejorar uno de los pilares básicos del estado del bienestar».

Las batas blancas se han topado con la marea amarilla, en un encuentro tan breve como incómodo para el ejecutivo, a las puertas de la Ciudadela. Los médicos esperaban, los docentes avanzaban. En todo caso, suficiente tiempo para encontrar una proclama unitaria. “Para escuelas y hospitales, los gastos militares”. Y cantando “se acerca la revuelta” se han cruzado. Unos de regreso del Parlamento; los otros, dispuestos a romper la calma turística que reina siempre en la Ciudadela.



