Olalla Moreno ha concedido una de sus entrevistas más sinceras en el programa Gent normal de Catalunya Ràdio, cuando ha hablado abiertamente de la fuerte depresión que ha sufrido durante más de diez años. La actriz, conocida por su papel en Com si fos ahir, ha recordado cómo se sintió en un momento muy complicado de su vida. Es muy difícil poner en palabras qué se siente cuando tienes este problema de salud mental, pero ha querido dejar claro que es importante no confundirlo con la tristeza: «Tú puedes ser funcional cuando estás triste, pero si tienes depresión no».
De hecho, en su caso llegó a estar muy mal. Comerse un tomate, incluso, se le hacía un mundo: «Cualquier cosa que hagas cuando tienes depresión es meritoria, necesitas un buen entorno porque apenas puedes abrir los ojos«. Su madre sufrió mucho, ya que tuvo que tirar de ella: «Era ella quien tenía que gestionármelo todo, a mí no me entraba nada de comida y tampoco dormía. Llegué a pesar solo 44 kg y sé que dejé a mi madre totalmente devastada porque no sabía por dónde cogerme ni qué hacer exactamente conmigo, pero ahí estaba y me acompañaba». «Cuando tenía la depresión, mi pensamiento iba a no existir, a desaparecer y a morir. La depresión no es tristeza, es dolor«, asegura.
En aquel momento, la actriz se sentía «débil, defectuosa y avergonzada» y reconoce que ha tardado muchos años en entender que no debía sentirse así. Le diagnosticaron depresión a los 20 años, pero ella ya hacía tiempo que sentía que había algo que no iba bien: «Yo era una adolescente más bien tímida, introvertida y muy segura. Mis padres me dicen que la parte más difícil de aquella época fue no saber nunca qué me pasaba. Yo no expresaba nada, me encerraba en mi habitación con muchas dificultades para conocer gente… yo era de llegar el viernes para ir a casa y no quedar con los amigos». «Allí se estaba gestando algo, yo ya iba un poco coja«, añade.

Olalla Moreno y los problemas de adolescente que gestaron una larga depresión
Olalla Moreno recuerda que su madre y su hermana hablaban en la mesa y ella no era capaz de decir nada, pero se daba cuenta. Y, en aquel contexto, sufrió un gran ataque de ira en una discusión con su madre en la que acabó dando una patada a la puerta: «Me di cuenta de que no era yo, no me encontraba bien… Acabé pidiendo a mi madre que me pidiera cita con un psicólogo». Y, a partir de ahí, seis años de terapia y fármacos que no terminaron de curarla: «Tenía mucha inseguridad y cualquier cosa me era muy difícil de gestionar. Lloraba, no me sentía capaz, todo me costaba mucho, vomitaba, tenía el estómago muy mal».
La solución llegó ocho años después, cuando probó como última alternativa la psicoterapia: «Fui como una especie de última oportunidad, recuerdo pensar que si no lo conseguía con aquello es que quizá la vida no era para mí», llega a afirmar. Después de 10 años con aquella profesional, finalmente logró poder salir de la depresión. Todavía le duele verse en los papeles que interpretó mientras estaba tan mal personalmente, como una entrevista que aún recuerda porque acabó llorando cuando dijo que solo quería ser feliz.
Tener depresión durante tantos años le ha condicionado en el trabajo, eso lo tiene claro, pero ahora confía en haber dejado esa pesadilla atrás. Sus fans han agradecido el ejercicio de generosidad que ha hecho en esta conversación, la que puede ayudar a mucha gente que no ve la luz al final del túnel como le pasaba a ella.

