Felipe de Borbón y Isabel Sartorius se convirtieron en una de las parejas más perseguidas por los paparazzi -por no decir la que más- a raíz de la publicación de unas fotos que sacaban a la luz su relación. Ella era la primera pareja conocida del príncipe español, una chica rubia que generó muchísima curiosidad porque en un principio no se sabía nada sobre ella. Los periodistas no tardaron en identificarla, momento en el que terminó su anonimato. Y, de hecho, las revistas de la época hablaron hasta el aburrimiento de esta traductora en la ONU que había estudiado Ciencias Políticas, que había trabajado en el Washington Post antes de hacer un posgrado en Mónaco y que hablaba cinco idiomas. Hija de un marqués muy bien posicionado en el mundo de los aristócratas, realmente parecía todo un partidazo para el futuro rey de España.
Han pasado muchos años desde la publicación de las fotos que sacarían a la luz esta relación, pero no ha sido hasta ahora que se han sabido más detalles de cómo se gestionó aquella exclusiva. Lo ha comentado Pilar Eyre en su columna de Lecturas, la que dedica a esta expareja de Felipe pocos días después de que se haya sabido que está recibiendo tratamiento en una clínica psiquiátrica. La periodista nos sitúa en el 20 de agosto de 1989, cuando se publicaba la noticia del año “o de la década”: “¡El príncipe Felipe tenía pareja! Aquel chico casi adolescente se besaba en un yate con una rubia escultural con la tranquila sensualidad de los cuerpos que se conocen mucho”.
Las fotos de la parejita a bordo de un barco se hicieron en la isla de Cabrera, hasta donde navegaron para intentar pasar desapercibidos. Hacía meses que salían juntos y habían conseguido esquivar a la prensa, pero aquella salida lo cambió todo. Ahora sabemos, gracias a la catalana, que se pagó una auténtica fortuna a cambio de aquellas fotos: ni más ni menos que 15 millones de pesetas, 90.000 € actuales que suponían una cifra aún más escandalosa en aquella época. En estas fotos se les veía muy cómplices y románticos, pero resulta que se hicieron fotos “más tórridas” de aquella jornada en alta mar que “se quedaron en un cajón” para evitar problemas con la Casa Real.



Juan Carlos y Sofía, contrarios a la relación de Felipe y Isabel Sartorius
Una vez se supo quién era ella, los fotógrafos se instalaron en las puertas de Isabel Sartorius y ella tuvo que pedir protección a la familia real. Y dicho y hecho, ya que enviaron un servicio de protección que salió del presupuesto general del Estado. Ella era la pareja oficial del príncipe y, como tal, la trataron. Nunca llegaron a comprometerse, pero era una relación más que formal y era habitual ver a Felipe en la casa familiar de su novia.
Cuando todo el mundo daba por hecho que se casarían, parece que Juan Carlos y Sofía habrían puesto el grito en el cielo porque a ellos no les parecía una joven tan buena como a la opinión popular. El padre de Isabel Sartorius era noble, pero estuvo arruinado, y su madre era adicta a las drogas y “mentalmente inestable”. Curiosamente, de repente comenzaron a aparecer en la prensa artículos que la dejaban mal: “Se descubrió que nadie tenía constancia de sus estudios, que en el Washington Post sólo vendía anuncios, que en Mónaco era camarera y que no había sido traductora de la ONU”.
El discurso sobre ella cambió y la relación habría comenzado a cambiar. Ahora, Pilar Eyre explica que Isabel Sartorius llegó a estar “desesperada”: “Habría intentado hablar con Sofía de Grecia, ya que le decían que era Juan Carlos quien estaba detrás de los rumores que difundían sobre ella. La reina no se puso al teléfono, aunque ella lo intentó todo desde intentar poner celoso a Felipe hasta intentar darle lástima”. Era agosto de 1991 cuando, finalmente, se confirmaba que habían roto la relación.

