Mónica Balsells (Barcelona, 1999) no tiene pelos en la lengua. Habla claro, directo y le gusta reír. Actriz y cómica de formación, se ha hecho un lugar dentro del creciente circuito de la stand-up comedy de Cataluña. Con un humor incisivo y trabajado, bastante negro en algunos momentos, Balsells ha recorrido salas y escenarios del país convirtiendo la vocación de actuar en una forma de vivir. También es cofundadora de una pequeña compañía de teatro llamada La Saura. Descubrió la interpretación de mayor, pero, según asegura, ha sido un gran acierto. En esta entrevista con El Món dentro de la serie Talents amb Carnet Jove, reflexiona sobre el circuito del stand-up, la importancia del público en los espectáculos y los límites del humor, si es que debe tenerlos.

¿La afición e interés por actuar y el stand-up te vienen desde pequeña?

Pues no, de hecho nada. En mi casa somos familia de médicos [ríe]. Yo sí consumía stand-up, sobre todo Berto Romero, pero nunca hubiera pensado en dedicarme a ello. Sí decía que quería ser Sílvia Abril, que es mi referente, pero nunca pensaba en dedicarme a eso, porque sacaba buenas notas y pensaba que haría algo de ciencia.

¿Y en qué momento decidiste dar el paso?

Hice la selectividad, y allí decidí que no quería hacer ninguna carrera científica. Aparte de por la nota, porque no tenía los doce, porque soy una persona muy nerviosa y no quería hacer algo donde no pudiera tener mucho contacto social. Y allí decidí que quería hacer criminología, porque había visto muchas películas [ríe], pero solo duré dos meses. Entonces fui a una coach que estudió mi perfil, mi personalidad, y me dijo cuáles eran las cosas que necesitaba de acuerdo con cómo era. Y me dijo que con las que sería más feliz sería con la interpretación o el marketing, y me lancé a hacer interpretación.

¿Te costó tomar la decisión?

Me daba un poco de cosa, sobre todo por el hecho de que creo que me habría ganado muy bien la vida haciendo algo más fácil. Pero mi familia me apoyó en todo momento, y eso lo hizo más fácil. Y decidí hacer interpretación, pero ya tenía claro que quería hacer comedia. Sabía que, dentro de la interpretación, yo quería hacer stand-up, pero me dijeron que antes de hacerlo tenía que hacer teatro, y lo disfruté muchísimo. Se podría decir que son mis dos vocaciones.

Mònica Balsells, actriu. Barcelona 03.02.2026 | Mireia Comas
Mónica Balsells, actriz. Barcelona 03.02.2026 | Mireia Comas

¿Y cómo te introduces en el mundo del stand-up?

Primero hice un curso, y después ya fui a probar en los locales de micros abiertos, donde la gente se apunta y sube a contar chistes. Todo esto funciona por Instagram. Cada uno tiene su página con un formulario y tú apuntas qué días te va bien. Te preguntan cuántas veces has subido antes, y si es la primera vez te ayudan mucho [ríe]. Hay muy buen ambiente, y es un círculo muy pequeño. Es un círculo donde acabas conociendo a todo el mundo, pero es cierto que cada mes entra gente nueva. En Barcelona el círculo es más fuerte, pero también hay micros abiertos en Girona, por ejemplo. En otros lugares donde he ido, ya ha sido con bolos, que eso ya es diferente.

O sea que te mueves principalmente por Barcelona.

Sí, sí. Básicamente por Barcelona y los alrededores, porque hacerme una hora de coche para ir a probar siete minutos de texto…

¿Solo son siete minutos?

Y siete minutos ya es difícil tenerlos bien hechos, eh. Siete minutos hablando con el objetivo de hacer reír… Es muy difícil [ríe]. Una vez entras en la rueda, ya te vas moviendo, y la gente te va recomendando. Es muy familiar. Al principio cuesta entrar, y cuesta que te valoren, hasta que encuentras el hueco. Se dan muchas oportunidades, pero es importante entrar bien, causar una buena impresión. Evidentemente, tienes que currártelo, y, por mucho que hoy lo hayas hecho mal, mañana volver y volver, porque seguro que la primera vez no lo harás bien.

En el stand-up, ¿es más importante tener una buena preparación del espectáculo o saber improvisar y adaptarse al público?

En el stand-up tú te escribes el texto. Sí que hay gente que se lo escribe de arriba abajo y lo dice literalmente en escena, pero también hay gente que solo se escribe la idea y después la desarrolla en escena, pero sí que tienes los remates de los chistes que siempre te funcionan, y acabas recurriendo a ellos. Cuando llegas allí puedes ir con la idea de hacer una cosa, pero ves al público y te decantas por hacer otra. Y sí que es verdad que hay veces en que algunos chistes se van perfilando durante la escena, o ves que hoy has colocado algún chiste que ha funcionado mucho y decides incorporarlo otro día. O sea, en la práctica, acabas escribiendo ya en escena.

Eso puede ser muy arriesgado.

Sí, máximo, pero ya me gusta un poquito [ríe].

Mònica Balsells, actriu. Barcelona 03.02.2026 | Mireia Comas
Mónica Balsells, actriz. Barcelona 03.02.2026 | Mireia Comas

¿Te influye mucho cómo reacciona el público?

Influye y mucho, porque de repente es como si tu trabajo no tuviera sentido. Te diría que el público influye hasta un 80% del resultado de un espectáculo. Puedes tener un texto de mierda, pero tener un personaje tan bien hecho y tan guay que el público se mea. Y, en este caso, realmente, el trabajo en casa no lo has hecho, sino que tu persona hace gracia. En cambio, puedes estar invirtiendo muchas horas en un texto superguay, pero que si no lo haces bien no tiene sentido. Al final, el sentido lo da el público, por eso lo miro todo el tiempo. No hay cosa que me dé más rabia que un cómico que mira al suelo, porque estás comunicando, y tienes que hablar con la gente, no con el suelo. Sí que me ha pasado alguna vez que haya una persona en primera fila con cara de culo mientras el resto de la sala ríe, entonces me quedo mirándolo para ver si lo puedo hacer reír de alguna manera. Interpelarlo un poco.

¿Directamente?

No directamente para que todo el mundo se entere, pero sí mirarlo más [ríe]. Yo no soy mucho de hablar con el público. A mí me gusta hacer yo la comedia, no reírme de la gente que viene de público, porque hay gente que lo pasa realmente mal. De momento no lo he hecho nunca, pero bueno, nunca se sabe.

¿Alguna vez te has quedado bloqueada o te ha costado reconducir una situación porque el público no estaba respondiendo?

Más que quedarme bloqueada, sí que me he encontrado con situaciones de empezar fatal y de ya no remontarlo. Entonces ves que el público tampoco responde porque tú ya estás mal, y todo va hacia abajo… Las veces que me ha pasado es porque estaba empezando demasiado fuerte. Ahora ya hace tiempo que no pincho, pero sé que tarde o temprano vendrá un pinchazo gordo [ríe]. Ahora lo que sí hago, cuando he probado un chiste y no ha funcionado, es decirlo abiertamente, entonces a la gente le hace gracia porque ve que has fracasado.

¿Crees que el humor debe tener límites?

[Ríe] Yo soy bastante negrita con esto. Creo que debe tener según cómo. O sea, creo que el humor debe estar justificado y, una vez justificado, allí dentro sí que no hay límites. Es decir, en el momento que es humor gratuito, que falta al respeto por faltar, aquí sí que debe haber límites. O sea, yo. Si dices una burrada enorme pero hay una justificación, entonces adelante.

¿Te autocensuras de alguna manera para hacer los espectáculos?

Sí, yo creo que todos, todos los cómicos, porque al final tú también te tienes que vender. Yo he tenido bloques de humor muy negros que no siempre que los haces han tenido una buena acogida, pero luego vas con un bloque más blanco y funciona en todos lados. Siempre tienes más oportunidades. Es decir, cuando haces un humor sin ofensas, más para todos, que incluso un niño podría escuchar y reír, aunque no sea para niños [ríe], tienes más oportunidades. Con el humor negro eso no pasa, pero yo soy muy fan también.

Mònica Balsells, actriu. Barcelona 03.02.2026 | Mireia Comas
Mónica Balsells, actriz. Barcelona 03.02.2026 | Mireia Comas

El humor negro es más de nicho…

En Barcelona, por ejemplo, ya hay un Open Mic que es solo de humor negro, y tú ya vas allí sabiendo lo que te encontrarás. En Sabadell también hacen un show que es solo de humor negro, y al final la gente se mea. Lo que sí es verdad es que, si en una noche han pasado siete cómicos, y de estos seis han hecho humor blanco, si el séptimo hace humor negro te rompe el ritmo. Te da una hostia. Es como si estás viendo una peli de drama y, de repente, te meten un chiste ahí en medio. No tiene sentido, es una hostia igual. Entonces, creo que, como no todo el mundo hace humor negro, tiene que entrar bien para gustar al público. Y tampoco sé si se llenaría siempre un lugar donde solo se hace humor negro… Creo que todos deben hacer lo que quieran hacer donde quieran hacerlo. Evidentemente, si vas a una escuela, no hagas humor negro [ríe]. Tienes que saber encontrar el momento y el espacio.

¿Se ha ofendido alguien por algún chiste que has hecho durante un stand-up?

Mira, yo tengo un bloque en el que hablo sobre la muerte de mis abuelos, y un día, una de las primeras veces que subía [al escenario], todo el público era de abuelos e hice este bloque, que era muy negro… Lo pasé mal [ríe] Me iban poniendo caras como de ‘qué burrada está diciendo’ [ríe]. Lo pasé mal, pero mira, batallitas. No podía recular porque tampoco tenía nada más escrito, así que tiré adelante con lo que tenía. Era un ‘ahora os lo coméis, amigos, yo no tengo nada más para vosotros’ [ríe].

¿Es más fácil hacer humor de ti misma o de los demás?

Mira, empecé haciendo humor de los demás, y ahora que empiezo a hacer humor sobre mí, la gente ríe más, porque es evidenciar que eres una pringada y permites que la gente se ría de ti. Y, entonces, es cuando te ríes de los demás también, porque ya les has entrado bien. Has allanado un poco el camino. Yo siempre he sido muy de reírme de mí misma, entonces ahora es hacer lo mismo, pero llevarlo delante de gente y decirlo en voz alta.

¿Te marcas algún límite a la hora de hablar de ti misma o hablas de cualquier cosa?

Me pongo límites. Si es un tema que me remueve, pues no hablo de ello. De la misma manera que no quiero poner en evidencia a ningún familiar, ningún amigo, ninguna expareja… Todo lo que pueda molestar a la gente que me importa, entonces no lo hago. O todo lo que me remueva, entonces paso. Ahora bien, el resto de cosas me doy vía libre. Esto es lo que hago yo, pero es muy subjetivo, así que si le preguntas a otra persona seguro que te dirá una cosa diferente.

Teniendo en cuenta que buena parte de tus espectáculos consisten en hacer comedia con tu vida, ¿haces algún tipo de preparación mental antes de subir al escenario?

No como tal. O sea, yo antes de subir sí que estoy muy nerviosa, y allí me recuerdo que lo he pasado mil veces, que me lo sé de memoria, que me ha funcionado otras veces, y que si no funciona quizás soy yo, pero quizás es el público. Cuanto más calmada voy, mejor, pero con los monólogos no tengo ningún ritual concreto. Con el teatro sí que hago un saludo al sol muy corto, de siete minutos. Bueno, y una caca [ríe]. Nunca había pensado que no tenía ningún ritual con los monólogos, quizás ahora ya no me hace falta [ríe].

¿Tienes algún nuevo proyecto entre manos?

De momento, quiero empezar a ser más activa en las redes. Es importante tenerlas porque es como te apuntas a los sitios, pero realmente no hace falta colgar vídeos. Hay gente que no lo hace. Ahora bien, a mí me gusta, me parece una buena carta de presentación. Por ahora me centraré en las redes. Tengo otras ideas en mente, pero ninguna de ellas se ha terminado de sedimentar.

Comparte

Icona de pantalla completa