Hablar del éxito de Com si fos ahir está muy visto y no es noticia. Pero los picos de audiencia de las últimas semanas de la serie diaria de TV3 están destrozando los parámetros de lo que se considera una audiencia normal, aunque sea en la franja alta. Ya hace bastantes temporadas que la cuota de pantalla de esta ficción de la cadena de televisión pública catalana roza constantemente el 20%, un poco por debajo o un poco por encima. Es una marca que pocos programas que no sean los Telenotícies, de la misma cadena, alcanzan en Cataluña. Hay excepciones sonadas, como los partidos de fútbol más emocionantes. Hemos tenido un ejemplo esta semana. Con el Barça-Atlético de Madrid en el que los blaugranas estuvieron a punto de remontar el 4-0 de la ida, TV3 consiguió el martes un 39% de share. Pero salvo estos eventos especiales, superar o rozar el 20% de manera sostenida, con un producto que lleva nueve temporadas en antena, es una heroicidad. Y más en tiempos de fragmentación de la audiencia. Con estos resultados, la cadena catalana acaba de confirmar lo que se veía venir: Com si fos ahir tendrá una décima temporada y se convertirá en la serie más longeva de TV3, que hasta ahora era El cor de la ciutat.
La serie, estrenada en septiembre de 2017, tuvo el martes de la semana pasada un pico del 26,5% de cuota de pantalla, con 257.000 espectadores de media. Y ayer alcanzó un 24,5%, curiosamente con 281.000 espectadores –una aparente contradicción que simplemente significa que ayer había más gente viendo la tele a la misma hora. Sea como sea, son dos ejemplos de los datos de audiencia espectaculares que es capaz de hacer esta serie sobre un grupo de boomers barceloneses, antiguos alumnos de un instituto, y los personajes que han ido surgiendo a su alrededor.
Son precisamente personajes nuevos e incorporados a la historia en las últimas temporadas los que protagonizan tres tramas de alto voltaje que, seguro, contribuyen a disparar la audiencia. Se trata de tres traiciones que acabarán estallando en algún momento esta temporada. No se sabe si antes de Semana Santa o bien al final del tercer trimestre, en la segunda quincena de julio.
La trama más atrevida: la Eva le es infiel a su nueva pareja con su hijo
La Eva (Alícia González Laá) es la integrante del grupo original con una vida sentimental más agitada, con permiso de Quim (Jordi Rico), que murió repentinamente en un accidente dramático en el último capítulo de la sexta temporada. Y estas semanas, la Eva vuelve a ser el centro de una trama tórrida que es una bomba de relojería. Ella y dos personajes nuevos se han involucrado en un triángulo amoroso de alta traición. Primero, se enredó con el nuevo propietario del Gim Rabbit, el gimnasio que ella dirige, Josep (Pere Ponce). Y cuando parecía que todo era color de rosa –con el riesgo de provocar un debut diabético a los espectadores, por lo empalagoso de la relación–, apareció el hijo de Josep, Oliver, interpretado por David Marcé.

Es un joven no tan joven –la diferencia de edad es un poco justa para ser padre e hijo– que vive en Ibiza, diseña joyas y ve muy poco a su padre. Se presenta de repente en Barcelona para organizarle una fiesta sorpresa a Josep por sus 60 años y conoce a Eva. Pocos días después de la fiesta se enredan y ahora mismo están atrapados en una situación especialmente angustiante para Eva: Oliver le arruina todas las citas con su padre para poder estar él o, simplemente, fastidiar. Este jueves el joven ha montado un numerito por teléfono al padre para hacerlo ir corriendo de noche a su casa e impedir que pasara la noche con la mujer que le está haciendo perder la cabeza. Ella empieza a hartarse, pero muerta de miedo de que todo se sepa. Está cantado que esta historia explotará como una piña, y los espectadores de la serie lo esperan con ansia y con palomitas.
La nostalgia de una relación tóxica: la Lídia, el Carles y los cuernos de la Janina
La otra traición de esta temporada es una en la que la víctima es, de momento, la gran ausente. El personaje nuevo es Carles (Jordi Díaz, el Fede de El cor de la ciutat), exmarido de Lídia (Míriam Alamany), la prima de Gina (Meritxell Huertas) que todo lo enreda. Los seguidores de la serie acaban de descubrir que Lídia tiene un gran punto débil: su exmarido y padre de su hijo, Valeri (Jan Serra). Carles ha reaparecido de repente después de años y su objetivo es conseguir el divorcio, que nunca han tramitado, para poder casarse con su nueva pareja, una mujer con dinero que se llama Janina pero que no aparece en pantalla. Solo es, por tanto, un telón de fondo sobre el cual se reconfigura la relación entre Carles y Lídia.

El reencuentro ha hecho que se reactive el imán tóxico que los hace sentirse atraídos y, a pesar de que no paran de pelearse, acaban enredados. Esta es la última novedad, que este jueves ha sorprendido a todos, ya que los guionistas nos habían hecho creer que el interés de Carles por ella eran imaginaciones suyas. Ahora toca esperar el nuevo giro de guion: ¿se casará Carles con Janina, víctima invisible de la segunda traición de la décima temporada de Com si fos ahir?
Nuevo engaño a la Sílvia: la desgraciada oficial de la serie vuelve a sufrir
Y llegamos a la tercera traición, que está a punto de salir a la luz: Francesc (Eduard Buch), sin decirle a Sílvia (Montse German), ha empezado a trabajar en la empresa del padre de Ona (Carmela Poch), su expareja por partida doble. Aquí se debe decir que Sílvia y Francesc son los dos desgraciados oficiales de Com si fos ahir y a veces se necesita un poco de estómago para soportarlos de buenos e infelices, incluso cuando la lían y traicionan al otro. En un ejercicio de virtuosismo en el arte de enredar, los guionistas de la serie parecen tener recursos infinitos para hacer sufrir a esta pareja. Primero, ella le era infiel a él con su cuñado –otra traición que quedaba en casa, como la de Eva con Oliver. Después, él se enredó sin querer con su exnovia de juventud, Ona, la mujer que lo había dejado plantado en el altar y con cara de perro apaleado para siempre. Es curioso que, incluso cuando él le ponía los cuernos a Sílvia con Ona, Francesc se las arreglaba para sufrir él más que nadie.

Sea como sea, ahora él está en el paro y vuelve a estar con Sílvia, que, por si faltaba algún elemento en el drama, está en la fase (esperemos que) final del tratamiento de su cáncer de útero. Y no se le ocurre otra cosa que dejarse arrastrar por Ona y su padre porque necesita el trabajo. Pero, como es tan buena persona y tiene tan mala suerte, no puede soportar la mala conciencia y deja el trabajo en un arranque tres días después de haber empezado. Y dicen, dicen, dicen que está a punto de confesarlo todo. Ya hay cola para ver el drama desbocado que puede haber.

