Dicen que siempre hay que estar en el lugar oportuno y en el momento correcto. Por eso, no se recomienda que un espía soviético pase sus vacaciones en el Pentágono o que un prófugo de la justicia vaya a trabajar a la comandancia de la Guardia Civil. Precisamente, eso es lo que ocurrió el pasado mayo, en el cuartel del instituto armado de Sant Andreu de la Barca, Baix Llobregat.
Un hombre buscado por la justicia con una orden de detención por haber incumplido la condena no tuvo mejor ocurrencia que ir al macro cuartel de la Guardia Civil en las comarcas de Barcelona para «montar muebles». El hombre, un transportista de muebles de 28 años, intentó entrar en las dependencias policiales acompañado de dos compañeros de trabajo de la misma empresa que debían entregar y montar los muebles encargados en los pabellones, para los alojamientos del personal uniformado dentro del recinto.
El protocolo de acceso obliga a la identificación en la entrada. Un procedimiento que llevan a cabo con rigor los agentes de la Sección de Protección y Seguridad (SEPROSE), una unidad de la Guardia Civil responsable de la seguridad de los cuarteles, el control de acceso y la protección del personal e instalaciones oficiales. Al incluir el DNI de uno de los tres transportistas saltaron las alarmas como en una tómbola de feria.

¡Sorpresa!
Mientras comprobaban sus identidades, los agentes se dieron cuenta de que uno de los trabajadores figuraba en la Base de Datos de Alertas Nacionales (BDSN) para su búsqueda, detención e ingreso. Es una base de datos que contiene alertas policiales y judiciales sobre personas, vehículos u otros objetos. A la vista del resultado de la identificación, los agentes notificaron a sus compañeros de la Unidad de Policía Judicial (UOPJ) de la Comandancia de Barcelona, que consultaron SIRAJ —el sistema que se utiliza para consultar órdenes de detención y sentencias emitidas por órganos judiciales— y confirmaron que la orden, emitida por la División Penal del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Pamplona por incumplimiento de sentencia, aún estaba en vigor. El hombre fue entregado al juzgado de Granollers que ordenó su ingreso en prisión.
