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Uno de los elementos principales de las naciones es la memoria, como lo es la existencia de instituciones, el sentido de continuidad y un cierto imaginario colectivo. Si un nombre engloba todos estos ingredientes en Cataluña, es el Monasterio de Poblet. De hecho, es un símbolo donde convive la identidad catalana y sus contradicciones. Es lo que se podría definir como un símbolo. Y no un símbolo cualquiera porque, guste o no, otorga identidad, alimenta el sentimiento de pertenencia y refuerza el papel histórico de una comunidad política que, en el caso catalán, además es cultural y social.

Por eso, Poblet siempre ha sido objeto de deseo. Tanto para fortalecer su trascendencia catalana como para arrebatarla y hacer de Poblet uno de los pilares de la construcción de la España que imaginaba el franquismo. Como último ejemplo, el primer encuentro del Gobierno de Salvador Illa fuera de los muros del Palau de la Generalitat se celebró en Poblet y fue más publicitado que el discretísimo acto de inicio de la conmemoración de los 750 años del rey Jaume I. O bien la visita de los actuales monarcas españoles en julio de 2020, en una especie de gira autonómica para valorar los efectos de la pandemia. Una visita que se pudo celebrar gracias a un abrumador dispositivo de seguridad por la protesta que generó.

Las vicisitudes políticas de Poblet se han recogido en un interesante estudio, publicado por la Sección Histórico-Arqueológica del Instituto de Estudios Catalanes, titulado «Poblet, símbolo en disputa», coordinado por Teresa Abelló, en el que han participado historiadores como Carles Santacana, Jordi Roca Vernet, David Cao, Giovanni Catini, Carles Viñas o Santiago Izquierdo. Precisamente, Santacana fue el responsable de presentar este estudio en el prestigioso curso de historia de la 58ª edición de la Universitat Catalana d’Estiu, UCE, que se celebró el pasado mes de agosto en Prada, el Conflent.

Imagen del Gobierno de la Generalitat en el Monasterio de Poblet / ACN
Imagen del Gobierno de la Generalitat en el Monasterio de Poblet / ACN

Todos quieren Poblet

El libro repasa desde la destrucción del monasterio durante la Revolución de 1808 hasta la consolidación del estado liberal, con la destrucción, la restauración y el abandono, el traslado de los restos de Jaume I a la Catedral de Tarragona o el homenaje que se le hizo al Conquistador, en 1856. También analiza el papel del monumento durante la era de la construcción de las identidades nacionales que abarca desde 1874 hasta 1923, con eventos como «l’Aplec Nacionalista de 1917» o el Encuentro de las Juventudes Nacionalistas de 1922 o incluso, la batalla entre lerrouxistas y catalanistas en 1903 en el monasterio.

Por otro lado, el estudio repasa cómo la dictadura de Primo de Rivera hizo el primer intento de apropiación oficial firmando el decreto que lo convertía en «monumento nacional» y la vistosa visita de Alfonso XIII en 1926. Asimismo, el libro subraya la disputa por el monasterio como símbolo político y religioso durante la Segunda República, como el gran encuentro carlista de 1935 hasta llegar a la Guerra de los Tres Años que lo convirtió, en términos de Viñas y Cattini, en un «símbolo transideológico».

Una imagen de la protesta contra la visita de los reyes españoles a Poblet, cuando fue detenido Toni a quien ahora se le rechaza la aplicación de la amnistía/Quico Sallés
Una imagen de la protesta contra la visita de los reyes españoles a Poblet, cuando fue detenido Toni a quien ahora se le rechaza la aplicación de la amnistía/Quico Sallés

El franquismo, más y un intento de secuestro

Pero una de las facetas más interesantes de la vida del monasterio es la «resignificación» a la que fue sometido durante el franquismo. Un operativo que ha marcado la visión controvertida que tiene hoy en día el monasterio. El encargado de explicar esta etapa fue Carles Santacana, quien, fiel a su estilo didáctico y generoso, detalló los intentos concretos del franquismo y de la transición de apoderarse de Poblet, así como de otros símbolos de la memoria colectiva, como Jacint Verdaguer en el marco de la hegemonía del relato nacionalcatólico y de la creación de la identidad españolista.

Santacana recuerda que Franco se implicó en la operación política del traslado de los restos de Jaume I de la Catedral de Tarragona a Poblet. Un operativo del año 1952 para incluir la corona aragonesa en el discurso histórico que construía el franquismo. De hecho, Santacana recuerda que el franquismo se «tomaba en serio la batalla simbólica». «La operación de retorno fue impresionante, los restos fueron trasladados por el Ejército -por encima de la autoridad civil- con camiones, en un gran despliegue que inicialmente, debía pasar por todos los territorios de la extinta Corona de Aragón, a través de las diputaciones, de Tarragona, Valencia, Lleida y Barcelona», detalla Santacana. Al final el trayecto fue más corto, pero sin dejar de ser impresionante.

Una manera, a criterio del historiador, de incorporar la Corona catalano-aragonesa a la España franquista. De hecho, en los Jocs Florals de Valencia -símbolo franquismo del ‘valencianismo bien entendido» que creó Serrano Súñer- comparaban a Franco con Jaume I. El catalanismo, sin embargo, que veía venir la jugada, conspiró y preparó una acción de secuestro de los huesos de Jaume I, comandada por Joan Reventós, que llegaría a ser, ya en democracia, el líder del PSC y presidente del Parlamento de Cataluña. La operación, sin embargo, no prosperó. Franco, acompañado de diez ministros, recibió los restos, y era venerado como el benefactor del monasterio. Pero el acto iba más allá porque «establecía una línea de continuidad entre Jaume I y Franco». «En definitiva, se presentaba al dictador como el reparador de las antiguas profanaciones, continuador de las grandezas del difunto monarca y garante de la estabilidad futura», razona Santacana.

Franco cruza la puerta dorada de Poblet, bajo palio/Archivo Fons Canadell
Franco cruza la puerta dorada de Poblet, bajo palio/Archivo Fons Canadell

La transición: «Nuestro rey con nuestros reyes«

La Transición y la llegada al poder de los Borbones también tuvo a Poblet como protagonista. El año 1976 es el año de las grandes movilizaciones populares por la amnistía, el histórico Once de septiembre en Sant Boi, o La Marcha por la Libertad, el movimiento pacífico que recorría los Países Catalanes absolutamente acosada por la Guardia Civil. Por otro lado, Juan Carlos de Borbón, ahora escondido en los Emiratos Árabes, acababa de ser coronado rey. «Eso hacía que buscara una fuente de legitimación que no fuera únicamente Franco», recuerda Santacana.

Siguiendo esta premisa, en febrero de 1976 hizo la primera visita oficial y eligió Barcelona, donde incluso, utilizó el catalán. En noviembre vuelve a visitar Cataluña y visita Poblet. Es entonces cuando se establece un nuevo relato oficial de apropiación de la memoria del monasterio. La fotografía que llena las portadas del día siguiente es la de los monarcas ante las tumbas de los monarcas catalanes. La portada de La Vanguardia es clamorosa y, para Santacana, «impagable»: «Nuestro rey junto a nuestros reyes«. «Juan Carlos es el rey de los catalanes», analiza el historiador.

Paralelamente, La marcha por la Libertad tenía previsto llegar el 12 de septiembre a Poblet, como referente de los Países Catalanes, pero la Guardia Civil lo evitó. Una semana después, unas doscientas personas que habían participado en la Marcha, llegaron, esquivando al instituto armado para leer un manifiesto de un potente contenido político donde definían a Jaume I como el «forjador de los Países Catalanes» y «símbolo de soberanía popular y libertad». «Para unos Poblet eran los Países Catalanes y la lengua, y para los otros un hilo de sucesión monárquica», comenta Santacana. La llegada del archivo de Josep Tarradellas abrió otro frente, que merece un análisis individual. Poblet, pues, una «polisemia identitaria de la Cataluña contemporánea».

La portada de La Vanguardia que inducía la continuidad histórica de Jaume I con Juan Carlos/Hemeroteca LV
La portada de La Vanguardia que inducía la continuidad histórica de Jaume I con Juan Carlos/Hemeroteca LV

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