Laia Passola (2003, Barcelona) es la paciente que, a través de Acció Cassandra, ha presentado una denuncia contra el doctor Javier Andrés Cifuentes por vulnerar sus derechos lingüísticos en una visita al servicio de urgencias del Hospital Universitari Sagrat Cor, de Barcelona, el pasado 4 de enero. Según su relato, el profesional sanitario le exigió que le hablara en castellano condicionando así la atención médica: «Si no me habla en español no la atenderé«. Posteriormente, el facultativo dejó un comentario por escrito contra la paciente en el apartado ”enfermedad actual” del informe médico, con acusaciones de racismo como «paciente molesta porque no soy catalán» o «rehúsa ser atendida por médico no local». En esta entrevista con El Món, Passola niega las acusaciones del médico y lamenta que «malinterpretara» su derecho de hablar en catalán. Relata detalladamente cómo se produjeron los hechos y asegura que ella en ningún momento exigió al doctor que él le hablara en lengua catalana, solo que no la obligara a ella a pasar al castellano. «No voy al médico a tener que justificar por qué hablo catalán», se queja. Y reclama «protocolos» a la administración para garantizar los derechos lingüísticos de los catalanohablantes. Además, relata que no es la primera vez que se le vulneran sus derechos lingüísticos en este centro hospitalario y es por eso que esta vez ha decidido presentar denuncia: «No quiero ir una tercera vez y que me vuelva a pasar lo mismo».
Antes de entrar a la consulta del médico del Sagrat Cor, ¿había tenido algún problema para expresarse en catalán con el personal de admisión o de enfermería?
Fui al Sagrat Cor el 4 de enero y, al llegar, me preguntaron si quería ir por Seguridad Social o por la mutua. Y dije Seguridad Social, y no tuve ningún problema. Sí que vi que, de entrada, se dirigían a mí en castellano, pero yo hablaba en catalán y me respondían sin ninguna dificultad. De hecho, la chica que me hizo el triaje antes del doctor sí que se dirigió a mí en catalán.
¿Cómo comenzó exactamente la interacción con el médico?
Entré en el box, lo esperé y cuando entró me preguntó qué me pasaba. Y, en todo momento, se dirigió a mí en castellano. Entonces, le empecé a explicar en catalán que tenía sensación de taponamiento y que justamente ese día me empezaba a doler mucho el oído, y que necesitaba ponerle remedio. Y solo al empezar a hablar, me cortó y me dijo que si quería ser atendida tenía que hablar en castellano.
¿Se sintió violentada?
Me frustró muchísimo. Porque además esta situación ya la había vivido en el Sagrat Cor, y es algo que a los catalanes nos pasa siempre. Me sentí muy violentada, y le dije que no cambiaría de lengua, que me mantenía en catalán porque era mi lengua y tenía el derecho a hacerlo. Y me volvió a repetir que si quería ser atendida tenía que ser en castellano.

¿En ningún momento le pidió que él se dirigiera a usted con tu en catalán?
No. No se lo exigí porque, aunque creo que debería ser un derecho, no corta la comunicación y no me bloquea la atención, porque yo lo puedo entender. Lo que corta la comunicación es que él se niegue a querer entenderme. Pero es que, además, él me entendía, me entendió en todo momento. En ningún momento cambié al castellano y después él en el informe escribió cuál era mi dolencia y de dónde venía. Me había entendido. Solo quería hacerme hablar en castellano, pero él me entendió en todo momento.
¿Y no la atendió otro médico?
No. Me negué a hablar en castellano, él vio que no cedía y entonces abandonó el box. Decidió no atenderme, lo cual es una falta de profesionalidad. Después fui a recepción a quejarme y allí me encontré con la misma situación, que si quería ser atendida tenía que ser en castellano. Aun así, decidí volver al box, porque me dolía mucho el oído y no podía irme a casa. Pero el médico no volvió hasta que mi padre fue a buscarlo, y me dijo que si hubiera esperado un poco más se me podría haber perforado el tímpano por la otitis. No estaba allí para reivindicar mis derechos, estaba allí porque llevaba meses con esa sensación de taponamiento y porque la situación era urgente. No podía irme a casa sin diagnóstico.
¿Intentó explicarle que tenía derecho a hablar en catalán?
Sí, y le dije que si él no me quería atender, que buscara otro profesional que pudiera hacerlo. Una petición que él malinterpretó.
¿Por qué lo malinterpretó?
La denuncia no es solo porque me quitó el derecho lingüístico, sino porque, en el informe, en el apartado «enfermedad actual» afirmó que yo no quería ser atendida por un médico que no fuera no local. Y yo en ningún momento había dicho eso. Solo le dije que si no me quería atender, que buscara otra persona que me atendiera, porque tengo el derecho de hablar en catalán. Nada más. No hablé de nacionalidad. No dije absolutamente nada más que defender mi derecho a expresarme en catalán.
De hecho, en el apartado de enfermedades del informe médico la trata de racista con comentarios como «paciente molesta porque no soy catalán” o «rehúsa ser atendida por médico no local”.
Totalmente. Leí el informe cuando estaba en el taxi después de poner la reclamación in situ. En el apartado «enfermedad actual» dedicó dos líneas a hablar sobre la situación, y una frase breve sobre lo que me pasaba, mi problema de salud. Me ofendió muchísimo porque no es cuestión de nacionalidad. Al revés, estoy muy en contra de los discursos de Aliança Catalana. Para mí toda inmigración es bienvenida y lo importante es que sepamos acogerla y que sepamos construir. De hecho, llega un punto que no me importa que me hablen en castellano mientras no me quiten a mí el derecho de hablar en catalán. Siendo una persona que intento promover mucho estos discursos, me desmoralizó muchísimo leer el comentario, y que lo hubiera malinterpretado absolutamente todo.
Ha comentado que no es la primera vez que sufre una situación así en el Sagrat Cor. ¿Por qué en este caso sí ha dado el paso de denunciar y anteriormente no lo hizo?
El anterior caso fue el año pasado. Fui a las seis de la mañana, o un poco antes, porque me dolía mucho la cabeza. Un dolor de cabeza de esos que te inhabilitan. Es decir, la otitis me dolía, pero podía reivindicar mis derechos, pero con el dolor de cabeza no. No estaba para reivindicar nada, y sencillamente quería que me ayudaran porque me encontraba muy mal.
Esto demuestra que, a veces, defender los derechos lingüísticos en una situación de vulnerabilidad no es tan fácil, ¿no?
Yo no voy al médico a tener que justificar por qué hablo mi lengua. Voy al médico para que me atiendan. Es decir, tengo una dolencia, un cuadro médico, y voy al hospital para que me revisen, me den la prescripción y poder ir a la farmacia y comprarme la medicina para curarme. No estoy allí para tener que justificar absolutamente nada. Si quiero reivindicar algo me voy a una manifestación o escribo algo en Instagram. Es muy frustrante que tengamos que justificarnos tanto por hablar en catalán.
¿Y por qué, en este caso, ha decidido presentar la denuncia?
La última vez, no lo sé… No lo pensé. Me frustré, me indigné, pero no hice nada. Y esta vez sí que, como era la segunda vez que me encontraba en la misma situación en el mismo hospital, decidí dar el paso. No quiero ir una tercera vez y que me vuelva a pasar lo mismo.

¿Y por qué con Acció Cassandra?
Mi hermano y mi familia me recomendaron Acció Cassandra y Plataforma per la Llengua. Acció Cassandra me respondió enseguida y lo ha llevado todo de manera gratuita. Es una asociación que realmente lleva las cosas a cabo.
¿Cuál es el objetivo de la denuncia?
Que estas situaciones no queden silenciadas y que la gente realmente reivindique sus derechos. Cuanto más denunciemos, más evidenciarán el problema y más soluciones podremos encontrar. Es intentar poner punto final a estas situaciones.
¿Cree que, más allá de la responsabilidad que quiera asumir cada persona en cada caso, la responsabilidad final es de la administración?
Creo que faltan protocolos. Vienen médicos de Latinoamérica, como es el caso de este médico, y tienen el castellano, sí, pero si tú quieres ejercer en Cataluña tendrás que entender el catalán. Falta gestión porque no tiene sentido que los catalanohablantes tengamos que encontrarnos en estas situaciones.
¿Cree que la sanidad es el ámbito más delicado en relación con la vulneración de los derechos lingüísticos?
Sí. Mi abuela está en una residencia por un ictus y ella ha hablado toda su vida en catalán, y el personal se le dirige en castellano constantemente y ella acaba pasando al castellano. Estás en una situación muy vulnerable en la que ya te cuesta comunicarte, y sí que el castellano lo tienes a la mano porque todos saben castellano, pero no es tu lengua materna. Se entiende que predomine el castellano, pero quizás no debería predominar siempre. En definitiva, el ámbito sanitario es uno de los espacios más vulnerables con las situaciones lingüísticas, porque el paciente debería poder expresarse de manera natural en su lengua.
¿Qué espera de la justicia en todo este proceso?
Espero que haya protocolos, que se regule todo y que no se puedan aceptar estas situaciones. Es una cuestión de protocolos para que los médicos estén bien formados y puedan atender debidamente a sus pacientes. Y protocolos para que ante estas injusticias que se generen haya sanciones a los médicos, que no pase por alto y que ellos continúen ejerciendo así como así.
¿Ve impunidad cuando se pronuncian frases como “Si no me habla en español no la atenderé“?
Eso sería motivo de despido porque estás condicionando al paciente, pero no soy la que hace las normas.

