La crisis educativa ha destapado un modelo «frágil» y «clientelar». Así explican algunos de los expertos consultados por El Món por qué el profesorado ha estallado en este final de curso, con los docentes movilizados a pesar de los diferentes acuerdos entre los sindicatos y el Gobierno. Frágil porque faltan recursos para impulsar políticas estables y para satisfacer a un alumnado con necesidades que se escapan del ámbito educativo. Y clientelar porque la Generalitat ha tomado «decisiones discontinuas», habitualmente pendiente de opiniones externas al sector y de los resultados académicos más inmediatos. Esta falta de continuidad estratégica, sumada a un infrafinanciamiento de la escuela pública, habría generado la “inestabilidad” que notan los docentes.
El primer analista en explicarse, Xavier Chavarria, cree que los gobiernos –el de Salvador Illa y los anteriores– han tratado a la comunidad educativa desde una lógica empresarial: “No hay personas o usuarios sino clientes”. “Hemos visto cómo se adelantó el inicio del curso, cómo se implantó la semana blanca y después cómo se suprimió. Todo ello, en muy poco tiempo y para satisfacer las demandas de las familias, de los votantes”, destaca el experto, doctor en Ciencias de la Educación y exinspector de la Generalitat. “Ocurre lo mismo con los currículums, que cambian cada poco sin criterio, sin margen para saber si el anterior daba o no los resultados esperados”, añade.
En este sentido, destaca que es necesario ofrecer a los docentes “una profesión atractiva” y para ello “es necesario crear una mesa de sector representativa de toda la comunidad. Con una mirada a largo plazo, que termine con la lógica actual de “políticas cambiantes”. Insiste en que “en los últimos años se ha visto cómo un consejero o consejera enmendaba continuamente las políticas de su antecesor, incluso siendo del mismo partido». A juicio de este experto, los docentes “han sufrido” esta lógica de improvisación. El infrafinanciamiento crónico, que se ve en las ratios elevadas, la falta de especialistas o en numerosas escuelas en barracones, ha terminado por sentenciar el sistema, concluye.

Enric Prats, profesor de pedagogía de la Universidad de Barcelona, añade que el modelo es “frágil”. “Lo vimos durante la pandemia, pero cuando terminó, aparcamos los problemas detectados”, lamenta. “Hay una dejadez institucional desde hace tres décadas. No hay una predisposición clara a revertir la crisis que hay en las escuelas”, continúa. En este sentido, sitúa la rapidez del sistema de contratación como uno de los factores que “enquista” los problemas. También cuestiona que los “mecanismos de coordinación” no están “bien articulados”, es decir, que no hay una buena sintonía entre el ámbito educativo y los de la salud, de migración o de vivienda, por ejemplo. En esta línea, Chavarria también apunta a cuestiones prácticas vinculadas a la gestión. “El Consejo de Educación, Inspección o el Consejo Superior de Evaluación son estructuras que no funcionan suficientemente bien”, afirma.
Otro elemento de la crisis tiene que ver con “el incremento de responsabilidades que le hemos atribuido a la escuela”, comenta al respecto la educadora social e investigadora de la UOC Sandra Monfort. “La hemos cargado de tareas, olvidando que los niños, principalmente, van a aprender”, añade. “Ahora también se pide a los docentes que eduquen emocionalmente, que transmitan cultura o creen un clima en favor de la paz, aspectos que históricamente se han transmitido también desde la sociedad”, concluye.
La educadora sitúa la escuela actual en la “modernidad líquida” descrita por el sociólogo Zygmunt Bauman, una nueva modernidad basada en la inestabilidad social y el cortoplacismo. “Hace falta una apuesta seria e interdisciplinaria a largo plazo. Los proyectos no pueden depender exclusivamente de la financiación europea o de ocurrencias como la de incorporar mossos a las escuelas”, apunta. “No podemos tratar la escuela como una empresa que da servicios con ofertas a menudo estigmatizadoras”, concluye en la línea de los compañeros.

Los salarios y la falta de formación, piezas importantes para cambiar la situación
Si algo han gritado los docentes en las últimas manifestaciones es que las huelgas “no iban de salarios”. Posiblemente, sería más acertado sentenciar que no iban ‘solo’ de salarios. De hecho, Enric Prats sitúa la reivindicación salarial como un tema crucial. “El docente catalán no tiene un salario tan malo como podemos imaginar, pero el problema es que no hay ninguna perspectiva de crecimiento; tienes un incremento de un 40% en cuarenta años”, detalla, comparando la situación con la de docentes extranjeros; en el Reino Unido, afirma el experto, solo en dos años puedes llegar a doblar el salario.
“El problema es que los docentes no cambiarán de trabajo ni de empresa y, por lo tanto, no es necesario incentivarlos para que no se vayan del sistema”, señala el investigador. “Pero hace años que se avisa que el profesorado no está satisfecho con el trabajo, que vive estresado”, continúa. “Y quien puede cambiar las condiciones –concluye– es la administración”. Xavier Chavarria ve a la vez una “falta de sensibilidad” del Gobierno, que no ha atribuido a los docentes el “reconocimiento” que querrían, sea con salarios más altos o facilitándoles una carrera profesional a la altura de lo que exigen.
Finalmente, los expertos sitúan la formación continuada como otro posible desbloqueo de la crisis. “Es un tema importante que no aparece en ningún documento de los acuerdos firmados con Educación”, lamenta Prats. “La Generalitat tiene atribuciones para incidir en este ámbito, pero hace años que no sabemos cuál es el plan de formación que ofrece”, añade el investigador de la UB, que sitúa la formación como elemento para que los docentes ganen “comodidad” en el aula. “El departamento se ha centrado en detener la lucha sindical o hemos visto cómo se han infiltrado mossos en asambleas de docentes. Lo que debemos hacer es abordar temas troncales que afectan a la educación pública”, lamenta finalmente Prats.

El mundo educativo ha entrado en un callejón sin salida tras el rechazo de los docentes al preacuerdo entre los sindicatos mayoritarios –era inicialmente partidario el 80% de la representación, pero la organización mayoritaria USTEC se ha desmarcado tras la consulta– con Educación. Los agentes sociales más críticos comienzan a señalar ahora las carencias de la Ley de Educación Catalana (LEC) que se aprobó bajo el mandato de Ernest Maragall, pero que nunca se ha ejecutado, denuncian, según el espíritu inicial. Una vez el incremento salarial pactado no ha satisfecho a los docentes, cambiar aspectos troncales de la ley para hacerla más efectiva, puede centrar las próximas peticiones.

