El calor aprieta y nuestro bolsillo busca desesperadamente una alternativa a la masificación de la costa. Sí, nosotros también alucinamos cuando descubrimos que este paraíso natural está mucho más cerca de lo que imaginamos.
Olvídate de las típicas playas a reventar. A menos de dos horas de la ciudad condal se esconde un paraje que rompe por completo con el asfalto y nos transporta directamente a la selva tropical más remota.
El refugio secreto que desafía el asfalto
Hay lugares que parecen sacados de una película de aventuras. El Salt de la Foradada se ha convertido en el secreto peor guardado de los amantes de las escapadas exprés.
Para llegar hasta esta maravilla hay que desplazarse hasta el pequeño pueblo de Cantonigròs, perteneciente al municipio de L’Esquirol. Desde allí comienza una ruta a pie imprescindible.
El camino no es largo, apenas unos dos kilómetros de sendero accesible. Sin embargo, la verdadera magia ocurre al final del trayecto, cuando la roca se abre de manera insólita ante nuestros ojos.
El acceso principal cuenta con un aforo limitado a 50 personas y una tasa de mantenimiento de 2,50 euros entre las 10:00 y las 18:00 horas. Fuera de este horario el paso es libre, pero la responsabilidad ambiental es totalmente nuestra.

Un baño prohibido al borde del tiempo
Lo que espera al otro lado del circo rocoso es una postal difícil de creer en territorio catalán. Una impresionante piscina natural alimentada por una cascada esculpida milímetro a milímetro por la erosión.
El desnivel de regreso a la realidad exige un pequeño esfuerzo físico, con unos 200 metros de subida que pondrán a prueba nuestras piernas, pero la recompensa merece cada gota de sudor.
¿Sabías que esto también sirve para desconectar por completo del ruido digital? Aquí la cobertura móvil desaparece y el único sonido de fondo es el impacto constante del agua contra la piedra caliza.
Y si te quedan ganas de más naturaleza salvaje, a menos de media hora en coche espera el imponente Salt de Sallent, la cascada más alta de toda Cataluña, lista para completar un fin de semana redondo.
¿Te atreves a cruzar el agujero en la roca este fin de semana o dejarás que te lo cuenten desde la tumbona?
