El rechazo frontal de los docentes al preacuerdo entre los sindicatos y el Gobierno, que de todos modos será una realidad por el aval del sindicato Profesores de Secundaria, ha movido las piezas del tablero. Las movilizaciones continuarán el próximo curso, pero ahora con las organizaciones aún más divididas y pendientes de elaborar una nueva hoja de ruta. Todo esto, a las puertas de las elecciones sindicales, que se deben celebrar en 2027, y con la presión de nuevos movimientos asamblearios que amenazan con eternizar el conflicto hasta que los docentes no recuperen la “dignidad”.
“Hay una crisis de intermediación y de participación en el ámbito educativo”, resume Xavier Chavarria, experto en liderazgo escolar y doctor en Ciencias de la Educación. “Cuesta ver quién representa a quién y qué representa, porque el profesorado no se siente escuchado, siente que hay un menosprecio continuo”, añade. Por otro lado, el exportavoz de la USTEC y colaborador de El Món Xavier Diez ve a los docentes “a gusto” en la “conquista de las calles”. El último acuerdo, destaca, puede entenderse como un “éxito limitado” porque hasta ahora “siempre había primado el inmovilismo”, pero ha sido insuficiente para revertir el “colapso” que vive la comunidad educativa.
En definitiva, la administración no ha tenido suficiente para convencer al 80% de la representación sindical para acabar con el conflicto. “Ha habido una renovación generacional, muchos tienen menos de cuarenta años y entraron de manera precaria a la profesión; estos están participando muy activamente en las manifestaciones y los movimientos”, destaca al respecto Díez. Chavarria añade que “ha faltado sensibilidad” ante un profesorado que ha sido “espectador de cambios continuos en el sistema educativo”. En este sentido, recuerda que ni los docentes jubilados “han tenido ocasión” de hacer un “traspaso cuidadoso” ni tampoco se ha entendido que las nuevas generaciones “entran con una forma diferente de hacer las cosas”. Pedagógicamente hablando, pero también en la lucha por los derechos del colectivo docente.

El papel de las asambleas
Las asambleas de docentes han ganado fuerza, sobre todo comunicativamente, en el último ciclo de movilizaciones. En líneas generales, y a pesar de haber diferentes opiniones, veían “insuficiente” el preacuerdo de mayo y apostaban por continuar con las huelgas. También son estos colectivos los que han organizado muchas de las acciones que hacen sufrir al Gobierno y otros sectores económicos, como el rechazo a las salidas y colonias.
Entre algunas figuras sindicales, la sensación es que las asambleas son órganos espontáneos que han devenido clave para entender el éxito de las movilizaciones, pero que tienen ideas diversas y difíciles de canalizar. Es decir, movimientos limitados a la hora de priorizar entre las demandas. En este sentido, las organizaciones sindicales han pedido establecer unos “objetivos comunes” durante el mes de junio, mientras se decide si el nuevo ciclo de movilizaciones comienza en septiembre o más adelante.
Marta Pujadó, impulsora del movimiento crítico Clam Educatiu, que algunas voces vinculan a las direcciones, encuentra las asambleas como “un empoderamiento de los claustros”. “Ha cambiado el tablero de juego y, en general, ha costado leer la nueva situación”, detalla. “Lo salarial era un punto central, pero no debía ser el único, como se ha demostrado”, sentencia. Pujadó también menciona que algunos sindicatos tienen “agenda propia” y, en este sentido, critica algunos puntos del preacuerdo “que no están en las conversaciones”. El recorte de la autonomía de los centros –que quieren sindicatos y algunos docentes pero rechazan las direcciones– es uno de los ejemplos, pero también las cátedras o la petición de un currículo nuevo. “Tenemos uno de hace dos años, no queremos más”, remarca la profesora.

“El asambleísmo es la rebelión contra el establishment”, destaca Díez. El experto recuerda, en todo caso, que este complemento a los sindicatos –que podría entenderse a la vez como un contrapoder– “ha existido siempre” y que históricamente ha tenido “una vida efímera”. “Son reactivos, y tienen un conocimiento del sistema más limitado”, opina. “Para pasar a una visión más constructiva debes tener una capacidad de institucionalización que no se da en estos movimientos”, insiste en el argumento. Los sindicatos, continúa el exprofesor, sí tienen mecanismos “para llegar a conclusiones y, por tanto, crear una hoja de ruta clara”.
Este curso, marcado por la ruptura sindical
El asambleísmo es uno de los puntos a valorar de cara a futuras movilizaciones. La división sindical es el otro. El acuerdo firmado en marzo entre Educación y los sindicatos UGT y CCOO rompió la unión que había hasta entonces y ha sido el foco principal de reproches entre organizaciones. Tras el rechazo de los docentes al preacuerdo de mayo, que ampliaba significativamente las mejoras pactadas en aquel primer pacto, la USTEC, la CGT e Intersindical han acusado a estas dos organizaciones de poner trabas a una nueva mejora.
Desde el ejecutivo se ha admitido que el objetivo era convencer a la USTEC y Profesores de Secundaria –los dos máximos representantes sindicales– sin salir “del marco del acuerdo” firmado con UGT y CCOO. Los críticos piden ahora negociar nuevamente en el marco del comité de huelga y no en la mesa sectorial, como ha pasado hasta ahora, para no tener que convencer al Gobierno y también a los que ya se han salido de las huelgas. Se trata de una petición utópica, según los expertos, porque el Gobierno sabe que debería convencer a las organizaciones “más duras”, como pueden ser la CGT o Intersindical.

El otro actor sindical clave de la lucha, Profesores de Secundaria, tampoco estará en las huelgas de septiembre. Son el segundo máximo representante, con dos de cada diez votos de las últimas elecciones sindicales, y han decidido avalar el pacto de acuerdo con el mandato de sus bases, que han votado en contra del sentido mayoritario de la profesión. Si los docentes interpretan estos gestos puede ser clave en las próximas elecciones sindicales, si bien la participación en los comicios tiende a ser anecdótica. En las elecciones de 2023, la participación se quedó alrededor del 35%.
“Es un sistema competitivo y suele haber desconfianza entre los sindicatos”, responde Díez sobre la influencia que estas elecciones pueden tener en la movilización del próximo curso. Ahora bien, el exmiembro de la USTEC anticipa que los sindicatos intentarán “no cometer errores” y que, por tanto, reducirán la intensidad de los reproches. En este sentido, ve al Gobierno obsesionado en «dividir los sindicatos», pero advierte que «la memoria es corta». «Normalmente, un desliz del ejecutivo ya sirve para reconstruir la confianza”.

