La vida del opositor a los cuerpos jurídicos del Estado es dura. Y, posiblemente, su intensidad obliga a apartarse de la vida mundana. Si, además, se suma la juventud, la cosa empeora, porque toca analizar jurídicamente hechos de hace más de veinte años, cuando el contexto era diametralmente diferente al actual. Es esa frase que se hace popular cuando uno no tiene suficiente experiencia, memoria o interés por la empatía histórica, «chico, te falta calle». Esta máxima se ha acreditado esta mañana en la 35ª jornada del juicio contra los Pujol Ferrusola en las declaraciones de dos exsocios del primogénito del expresidente de la Generalitat, Alejandro Guerrero y Luis Delso.

Ambos se han subido al estrado del tribunal y han contestado con desenvoltura y desacomplejadamente a la fiscalía y a la abogacía del Estado. Sin miramientos. Hasta el punto de que han replicado las acusaciones con respuestas rotundas que han desarmado sobre todo, al letrado del Estado José Ignacio Ocio, a quien el presidente del Tribunal, José Ricardo de Prada, le ha reprendido advirtiéndole que debía dejar hablar y explicarse a los acusados y no interrumpirles. Guerrero, promotor hotelero e inmobiliario, y Delso, expresidente de Isolux, han criticado con contundencia la formulación de las acusaciones, el funcionamiento de la instrucción, el desconocimiento mostrado por la abogacía del Estado y el ministerio fiscal del funcionamiento del mercado, y han detallado todas y cada una de las operaciones supuestamente «simuladas» por las que están acusados y que han desvirtuado las acusaciones.

Delso no se ha quedado callado y a la primera de cambio, ha recriminado al tribunal que «no sabía que la amistad con Jordi Pujol era un ilícito penal». Toda una declaración de intenciones. Una frase que no ha caído nada bien a Ricardo de Prada, quien le ha pedido calma. Y Guerrero no ha dudado en decir que el simple hecho de haber sido imputado le ha obligado a cambiar «incluso de profesión, los bancos, cuando estás imputado por blanqueo, no aplican la presunción de inocencia». Tras una declaración más que convincente y más que detallada de sus negocios con el hijo mayor de Jordi Pujol. Una vez terminada la prueba, el tribunal ha dictado in voce el sobreseimiento libre del presidente Pujol y el fiscal ha elevado sus conclusiones a definitivas sin ninguna modificación después de 35 jornadas de juicio.

Alejandro Guerrero, durante su declaración en el juicio contra los Pujol
Alejandro Guerrero, durante su declaración en el juicio contra los Pujol

Ibiza y L’Hospitalet

El primero en sentarse en el estrado ha sido Alejandro Guerrera, administrador Fanguera, un empresario de promociones hoteleras e inmobiliarias que pagó seis facturas que las acusaciones consideran que eran comisiones de supuestas adjudicaciones. Una especulación que los declarantes han desmentido categóricamente. Un hombre que venía dispuesto a responder y a dar todas las explicaciones con énfasis, con plasticidad y sin rodeos. Así ha admitido que su relación con Jordi Pujol Ferrusola, nace a raíz de una casualidad por el pádel. Era socio de un gimnasio que formaba equipos según el nivel, en una jornada coincidió con Jordi Puig, que había sido socio de Pujol Ferrusola.

Guerrero tenía entre manos la oportunidad de hacer una promoción bastante interesante y jugosa en Ibiza, pero le faltaban inversiones porque solo el terreno ascendía a unos 60 millones de euros. Puig le propuso contactar con Jordi Pujol que posiblemente podría encontrar inversores. Y así lo conoció y le aportó inversores. «Yo no había hecho proyectos de promoción inmobiliaria de esta envergadura, sí que los había llevado a cabo en proyectos de hostelería, en la construcción de hoteles», ha especificado. Guerrero ha expuesto que en estas promociones cobraba como sociedad gestora un 5,5% del presupuesto de la obra que incluía el 3% de las ventas, el 1% por la gestión de obra, otro 1% por administración de obra y un 0,5% por gastos de marketing. De este 5,5% es de donde cobraba Jordi Pujol Ferrusola.

Como Jordi Pujol encontró las inversiones cobró en tres facturas 1,5 millones de euros. Guerrero ha justificado todas y cada una de las facturas y el porqué se dividieron los importes. El mismo importe también en otras facturas por otro proyecto en L’Hospitalet, porque el valor de la promoción era el mismo: unos 54 millones y otros 54,19 millones. Ninguna de las dos promociones era obra pública. El fiscal Fernando Bermejo dejaba explicar al declarante y ha sido bastante cuidadoso al formular las preguntas, porque se dio cuenta de que el acusado tenía ganas de hacerse escuchar y con un carácter de aquellos que no les gusta perder ni al futbolín. De hecho, Bermejo, músico viejo que no pierde el compás, a través del interrogatorio se ha ido retirando con delicadeza y como un gato viejo, sin hacer ruido.

Fernando Bermejo, en un momento de su intervención
Fernando Bermejo, en un momento de su intervención

Enfrentamiento con la abogacía del Estado

Si Bermejo ha evitado el choque calculando que tenía más que perder que ganar, la abogacía del Estado ha intentado hacer de ariete, incluso con unas formas de interrogatorio tan agresivas como gratuitas que han chocado con dos paredes. Primero, la del declarante que no se ha achicado y respondía cuando el letrado se excitaba con un sereno «le explico perfectamente» y le exponía cómo se trabajaba en el mercado inmobiliario en plena burbuja, la diferencia entre un promotor y un constructor, entre un inversor y una sociedad gestora. De hecho, ha sido todo un curso de negocio inmobiliario esbozado con la misma franqueza y didáctica con que Barrio Sésamo explicaba matemáticas.

En segundo término, y visto el estado sulfurante del abogado del Estado, ha sido el presidente del Tribunal, José Ricardo de Prada, quien le ha pedido calma y que hiciera el favor de dejar explicarse al declarante. Guerrero ha ofrecido todo tipo de detalles incidiendo en la capacidad de Jordi Pujol de encontrar inversores y la «confianza» que había adquirido con el primogénito del expresidente a raíz de su experiencia en Ibiza. En este sentido, ha recordado que Pujol Ferrusola le habría aportado más de una veintena de proyectos y no todos fueron aceptados, ni mucho menos. Incluso, ha hablado de un fiasco de una inversión en Vic. Por ejemplo, en el caso de L’Hospitalet ha subrayado la importancia de que le presentara a Josep Piera de FCC que tenía el terreno. «Esta es la clave del negocio», ha rematado y así ha justificado trabajar con Pujol Ferrusola por su cantidad de contactos.

En el mismo sentido se ha expresado Luis Delso que ha definido a Jordi Pujol Ferrusola como un «electrón en movimiento por los negocios» y también ha descrito todos los negocios que llevaron a cabo conjuntamente con duras réplicas también a la abogacía del Estado hasta el punto de que el presidente del Tribunal ha recriminado a los letrados de la Moncloa que no entendían el funcionamiento de operaciones mercantiles habituales del mercado. Ahora quedan tres jornadas de juicio para que todas las partes elaboren y expongan sus informes definitivos.

Luis Delso, durante su declaración en el juicio contra los Pujol
Luis Delso, durante su declaración en el juicio contra los Pujol

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