La última tanda de sesiones del juicio contra los Pujol Ferrusola que se ha celebrado esta semana ha devuelto protagonismo a un elemento indispensable del caso, la herencia. Las declaraciones de los hijos del expresidente Jordi Pujol, una vez que su padre fue exonerado, aportaron detalles sobre el legado que supuestamente Florenci Pujol dejó a sus nietos y su nuera, Marta Ferrusola, en Andorra. El embrión del dinero que los Pujol Ferrusola mantuvieron a resguardo del fisco español hasta el año 2014, momento en que regularizaron los fondos aprovechando la amnistía fiscal del entonces ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Un ministro que ahora permanece imputado por su presunta implicación en un entramado para cambiar normativas tributarias y fiscales a empresas que eran clientes de la asesoría de su hermano.
De hecho, una de las preguntas que el tribunal presidido por José Ricardo de Prada formuló a Jordi Pujol para comprobar su estado de salud fue si recordaba la fecha de la muerte de su padre. Una pregunta que podría tener muchas intenciones, teniendo presente la tesis de la defensa en el juicio. En todo caso, el hijo mayor del expresidente explicó con detalle cómo se enteró de la herencia, cómo la recibió de su tío Joaquim Pujol, y cómo la gestionó hasta que la repartió entre sus hermanos y su madre, con una última liquidación en el año 2004. Las declaraciones de sus hermanos añadieron detalles más personales sobre la figura del abuelo Florenci y su hiperactividad financiera y de estraperlo durante el régimen franquista.
Si una respuesta fue general en las declaraciones de los hermanos, fue que no les había «sorprendido» que su abuelo les hubiera dejado un legado económico por si acaso iban mal dadas ante «la obsesión» por Cataluña de Jordi Pujol i Soley, en palabras de Marta Pujol. Por otro lado, Pere mencionó un manuscrito del abuelo Florenci donde remarcaba el «miedo» que tenía de que su hijo los llevara a la ruina y donde proponía soluciones para proteger el patrimonio familiar. Un documento que afianzaría, para las defensas, la tesis de la herencia. Los indicios de la herencia son la base de la tesis que confronta con la de la fiscalía. El ministerio público interpreta que el dinero de Andorra proviene de comisiones irregulares de adjudicaciones con la administración catalana y las defensas mantienen que tienen el origen en la herencia del abuelo Florenci. Un detalle nada menor es que son las acusaciones las que deben acreditar las supuestas comisiones por adjudicaciones, una tarea que por ahora no ha terminado de prosperar. En cambio, las defensas han ido construyendo la verosimilitud de la herencia.

«Te conozco, Jordi, y sé que después de esta vendrá otra»
El documento manuscrito, al que ha tenido acceso El Món, son dos páginas que la policía encontró en la entrada y registro del domicilio del presidente Pujol y su esposa el 27 de abril de 2017. En este escrito, Florenci Pujol se dirige a su hijo Jordi con un «ahora hablamos de ti». Y admite su inquietud por el futuro de la familia si las veleidades políticas y sociales del que acabaría siendo presidente de la Generalitat continuaban y ponían en riesgo la suerte económica de la familia. El manuscrito comienza apuntando dos cifras, 169 o 211 millones de pesetas, unas cantidades que responden a los importes que calcula que pueden costar iniciativas como «Enciclopèdia Catalana» o «Diari», en referencia a El Correo Catalán, un rotativo de carácter católico y con cierta pátina catalanista.
Después, Florenci Pujol pone negro sobre blanco cómo se debe considerar el valor del dinero. «Esto de perder dinero tiene una importancia relativa si se tiene, pero de ninguna manera se puede quedar endeudado», sentencia a modo de norma vital. Siguiendo este hilo, hace un «toque de atención muy serio» a su hijo. «Porque te conozco, Jordi, y sé que después de esta vendrá otra», le reprocha. En este sentido, prácticamente le ordena que cualquier operación que lleve a cabo «debe estar cubierta» y no pensar en la providencia o «que ya saldrán los dineros».
«No quiero que te conviertas en un Millet que iba pignorando o repignorando [en referencia al padre de Félix Millet, exresponsable del Palau de la Música que acabaría en prisión] o bien que de buena fe un día te encuentres en un caso Matesa», recomendaba recordando un escándalo de corrupción del franquismo que terminó con tres ministros procesados ante el Tribunal Supremo. La referencia al caso Matesa permite situar la misiva de Florenci Pujol en los años 70, porque el escándalo salió a finales de diciembre de 1969 y se prolongó durante los primeros años de los 70 del siglo pasado.

«Miedo a que un día nos encontremos toda la familia endeudada»
El temor de Florenci por la seguridad económica de su hijo y de su familia se hace patente en el manuscrito cuando admite que «sería muy triste que, como dices, el banco tuviera que quedarse con tus acciones y además pelado». En referencia a la evolución de Banca Catalana, el nombre que adoptó la entidad olotina Banca Dorca cuando los Pujol y su socio Moisès Tennenbaum la compraron. Así, le advierte que con su dinero no piensa jugar a nada más. «No por la avaricia del dinero, sino porque tengo miedo, tengo miedo por todos», alerta. «Miedo a que un día nos encontremos toda la familia endeudada», especifica. Por ello, y como prevención, le pide al hijo que le sean traspasadas sus acciones de los laboratorios de los que eran propietarios. En concreto, de los Laboratorios Martín Cuatrecasas, que fabricaban una pomada muy vendida en la época, Neobacitrin, especial para las infecciones bacterianas de la piel y que daba bastantes beneficios a los accionistas. De hecho, este medicamento fue mencionado por Marta Pujol como uno de los iconos familiares.
En todo caso, Florenci Pujol propone a su hijo un acuerdo y una solución. Le plantea quedarse nominalmente con sus acciones, aunque continuarían en manos de Jordi Pujol. «Lo digo porque a mi nombre no se podrán pignorar», asegura. La pignoración es un sistema de poner en garantía un bien –acciones o propiedades o títulos– por un crédito. De hecho, reconoce que las suyas ya las tiene pignoradas por un importe de 35 millones de pesetas. «Naturalmente, seguirán siendo tuyas- son bien tuyas-«, insiste.

«Quiero asegurarme mientras viva que queden todos los árboles»
El abuelo Florenci, ávido con el dinero -era cambista de oficio- ruega a su hijo no estirar más el brazo que la manga y aconseja que las «equivocaciones si vienen deben poder afrontarse con dinero propio». «Y cuando hablo de dinero propio hablo de vuestro dinero», matiza. «Todo esto es para recordaros que yo planté el primer árbol de la familia y, gracias al trabajo de todos, pero sobre todo tuyo, Jordi, se ha ido haciendo un bosque», expone valorando el patrimonio consolidado.
«Quiero asegurarme que mientras viva de este bosque queden todos los árboles», concluye pidiendo una respuesta por escrito a la propuesta del traspaso de las acciones y su valor. De hecho, es un documento donde desglosa acciones y aportaciones de capital para una posible pignoración y así mantener protegido el patrimonio por si vienen mal dadas. Un manuscrito que alimenta la tesis de la herencia como voluntad de Florenci Pujol de no dejar con una mano delante y la otra detrás a sus nietos. Un documento que reforzaría la tesis de la prueba periférica que implica la actividad mercantil del padre de Jordi Pujol, que incluso fue procesado por el franquismo en el año 1959 por evasión de capitales a Suiza.
En este contexto, los hermanos destacaron el miedo que tenía a que un revés político volviera a enviar a Jordi Pujol i Soley a la cárcel o al exilio. De ahí que Oriol Pujol describiera la herencia como un «fondo de resistencia». En la misma línea, Jordi Pujol Ferrusola recordó que Florenci, como su otro abuelo, Josep Ferrusola, le enseñaron los caminos por donde podían cruzar la frontera clandestinamente por si volvía la represión. En este sentido, su nieto quiso decir que el abuelo, de nariz tenía, porque poco después hubo golpe de estado de 1981.

