Se veía venir. El desbarajuste que puede suponer una investigación prospectiva, la voluntad de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) del Cuerpo Nacional de Policía de «todos al camión» y una fiscalía desesperada por buscar delitos y delincuentes ha llevado a una de las escenas que una Audiencia Nacional y un juicio como el que se celebra contra la familia Pujol Ferrusola no debería permitir.

Ha sido en la sesión de esta mañana cuando se ha subido al estrado virtual Eva Martin, la testigo 187, una señora que se ha conectado virtualmente, escoltada por una vitrina llena de libros. Después de conectarse, el presidente del Tribunal, José Ricardo de Prado, le ha formulado las preguntas generales de la ley, es decir, si juraba o prometía decir la verdad y si tenía algún interés o conocimiento en algunos de los acusados. Eva ha contestado con formalidad, mirando la pantalla por encima de las gafas metálicas.

Una imagen del Tribunal de los Pujol este jueves
Una imagen del Tribunal de los Pujol este jueves

«¡Usted sabrá!»

Tras las preguntas generales de la ley, el magistrado ha dado turno al fiscal de la vista, Fernando Bermejo, que tras el ritual «buenos días» le ha preguntado por su relación laboral en el despacho del asesor fiscal, Josep Sànchez Carreté. La señora ha levantado los ojos y ha exclamado. «Ay Dios mío, ya sabía yo que había un error…». Seguidamente, ha recordado al tribunal que se han confundido de Eva Martin. «Soy una maestra de la escuela pública de toda la vida, de verdad», ha defendido ante la sorpresa de la sala. «Miren, me pueden investigar, yo soy maestra de toda la vida», ha insistido. De hecho, lo he ido diciendo cada vez que me han citado y siempre me decían «¡Usted sabrá!» Y yo les decía: «pues, yo sabré». El presidente del Tribunal ha pedido disculpas excusándose que «siempre hay personas con el mismo nombre».

No ha sido la única sorpresa de este tipo en este caso. Por ejemplo, hicieron ir a la UDEF a declarar a una joven mossa d’esquadra de Girona porque también confundieron el nombre con una señora que había tenido un proyecto a medias con Jordi Pujol Ferrusola. También esta mañana, el juicio ha tenido un «octavo pasajero», un testigo llamado Joan Mallafré que después de declarar se ha quedado conectado y aparecía en la pantalla de los testigos haciendo vida en su despacho como si mirara la tele, tomando pastillas, abrigándose, bebiendo agua y hablando por teléfono.

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