Día difícil en la sala de vistas de la Audiencia Nacional. La 28ª jornada del juicio contra los Pujol Ferrusola era especialmente esperada. De hecho, en términos ciclistas era una etapa reina. La subida del Tourmalet. Sobre todo para las acusaciones y las defensas. Pero nadie esperaba que también lo sería para el presidente del Tribunal, José Ricardo de Prada, que vive empapado en una sonrisa amable pero muy alejado de una frivolidad que haría mal pensar. Tanto salió de sus casillas que admitió un hecho inédito en la sala -y que pasó por muchos de los presentes-, y es que confesó, en explicaciones a un abogado, que el tribunal aún no tiene una idea consensuada sobre el caso. Lo hizo con una expresión jurídicamente muy castiza: «A estas alturas el tribunal no tiene una postura conteste«. Es decir, sin discrepancias.
En el estrado estaban los dos numa, es decir, los inspectores de Hacienda habían emitido los informes a petición del juez de instrucción en colaboración con la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) del Cuerpo Nacional de Policía. Unos informes que acusaban a Jordi Pujol Ferrusola de hacer «simulaciones». Según ellos, las facturas emitidas por las cuales había tributado eran falsas porque los negocios eran ficticios.
En resumen, los informes de los numa 26.695 y 5.535 contradijeron los informes de sus compañeros territoriales de Cataluña y de las Canarias, y hicieron, según enfatizaron las defensas, una réplica de los informes de la UDEF. Las explicaciones de los inspectores, con un tono nada habitual ante un tribunal y de una agresividad pocas veces permitida en una sala de vistas, hicieron saltar al presidente del tribunal, que detuvo las declaraciones para advertir al numa 26.695, Francisco Sanz, que midiera sus palabras. «Usted es un profesional», le espetó con una rudeza y una autoridad extraordinaria para detener la deriva emocional con la que expresaba una ira contra los Pujol nada disimulada y muy irresponsable.
La UDEF, en el punto de mira
De entrada los dos numa, antes de comenzar, se dirigieron al tribunal con una entonación de advertencia, explicando que no habían actuado como inspectores de Hacienda, sino como agentes judiciales de la ONIF, la Oficina Nacional contra el Fraude, habilitados por el juez instructor de la causa. Unas explicaciones que no hicieron gracia a un magistrado que está en la Audiencia Nacional desde 1990. La explicación de los numa, haciéndose pasar por poco menos que Elliot Ness, mereció una mirada condescendiente de José Ricardo de Prada, que les replicó que «el tribunal ya lo sabía».
La tesis de los inspectores reconvertidos en policías a las órdenes de la UDEF -que dirigía el inspector Álvaro Ibáñez, el tip 89140, el mismo que admitió al tribunal que tenía animadversión a los Pujol- es que las facturas de las tres empresas de Jordi Pujol Ferrusola no correspondían a verdaderos servicios prestados. Es decir, que eran tapaderas de comisiones. Por tanto, que los negocios por los cuales cobraba eran falsos, simulados y no existían. Incluso, cargó contra los préstamos intersocietarios, una figura crediticia habitual en empresas con cierta unidad de caja y que está recomendada por el Plan General Contable.
Mientras escuchaban las respuestas de los peritos al fiscal Fernando Bermejo, los abogados de la defensa, que ya habían preparado periciales que ponen mucho en duda las conclusiones de los numa, ya afilaban las herramientas. De hecho, radiografiaban el tono y el estilo para saber cómo preparar el cuchillo para roer unos huesos que serían más duros que unos turrones de oferta. Y no fallaron, con un reparto de papeles y unos interrogatorios estratégicos con dos objetivos. En primer término, desacreditar la objetividad de los numa; en segundo lugar, destapar los agujeros negros de su investigación y, en último término, poner en duda claramente el fondo de sus conclusiones.
Los abogados toman la medida a los inspectores
Cristóbal Martell fue el primer gregario de las defensas. El abogado de Jordi Pujol Ferrusola abrió el camino ablandando el testimonio, que cayó de cuatro patas en la trampa que le montó el letrado, que tiene el sumario entero en la cabeza. Y, además, con una táctica inteligente, hizo partícipe a José Ricardo de Prada, que tuvo que intervenir varias veces para, literalmente, «pacificar» el interrogatorio emitiendo advertencias poco ocultas a los numa. De hecho, cuando detuvo el interrogatorio y le espetó al numa que recordara que «era un profesional», el ambiente se podía cortar con un cuchillo.
El letrado apretó al numa comparando sus informes con las inspecciones que habían llevado a cabo sus compañeros de Cataluña o las Canarias, que en ningún caso vieron simulación, aunque sí entendían que los conceptos por los cuales debían tributar eran IRPF y no impuesto de sociedades, por la relación personalísima de los servicios prestados con Jordi Pujol Ferrusola. Además, señaló que no habían detectado cuotas tributarias delictivas. En cambio, los informes de estos dos numa compartían la tesis a ojos cerrados, «sin ninguna discriminación«, de lo que afirmaban los informes del inspector de la UDEF Álvaro Ibáñez. De hecho, el informe principal del numa fue del año 2020 en base a un atestado de junio de 2014 de la UDEF.

«No lo he comprobado»
Una vez inquietado el testigo, muy a la defensiva y mostrando un despecho nada oculto, fue cuando las defensas comenzaron la ofensiva. La táctica fue bastante interesante: repasar las actividades que parecían simuladas a los numa preguntando si habían analizado los beneficiarios de las operaciones o las terceras empresas implicadas. El numa 26.695, que llevaba la voz cantante, perdió el empuje de sus primeras afirmaciones y tuvo que admitir que todo lo que le pedían no lo había comprobado, como por ejemplo si las cantidades declaradas en el modelo 347 -del impuesto de Sociedades- cuadraban o si había constatado cada pago con la persona que o bien había vendido o había conseguido el proyecto por el cual había negociado el hijo mayor del expresidente. «No lo he comprobado», respondió.
Después de Martell, fue el turno de Óscar Morales, abogado de Luis Delso, que inició su interrogatorio hablando de sus gafas. Morales tuvo el día. De hecho, hacía la cara de un estudiante cuando va a un examen poco preparado y las preguntas son sobre el único temario que ha estudiado. Con solvencia, formuló preguntas de sujeto, verbo y predicado dejando poco margen para respuestas evasivas o impertinentes. Hasta el punto de que el numa interrumpía las intervenciones del letrado y Morales, impertérrito, lo hacía callar con un rotundo «no he terminado mi pregunta». La vacilación tomó el alma del numa, que reconoció que aunque estaba habilitado nunca requirió más documentación al juez para aclarar las facturaciones, los servicios o los trabajos hechos. Es decir que se había tragado lo que decía la UDEF, y las defensas le hicieron ver que quizás más que atragantarse no las había digerido nada bien. La jornada 29 espera.

