Los tribunales penales son, sobre todo, un extraordinario teatro del realismo. Es decir, lo que llega a las vistas son episodios de la realidad, con más grandeza o más miseria, pasados por el tamiz del formulismo y el ritual, y, sobre todo, la calma. La serenidad es imprescindible para tomar decisiones que afectan los derechos de los ciudadanos. Por tanto, la ira y las togas no son compatibles. La jornada de este miércoles en el juicio contra los Pujol ha sido el paradigma.

Ha sido la 29ª sesión, al día siguiente de la jornada en que el presidente del tribunal, José Ricardo de Prada, el Brian Cox de la sala penal de la Audiencia Penal, dejó de lado su afable indulgencia. El magistrado advirtió seriamente a los dos numa, los dos inspectores de Hacienda que en su momento ayudaron a la UDEF a incriminar a Jordi Pujol Ferrusola, que en un tribunal se deben mantener las formas y actuar como «profesionales». De hecho, les conminó a dejar de lado el tono habitual con el que quizás tratan a los autónomos o gestores de las pymes catalanas. Una vista interesantísima, intensa y donde las defensas se han llevado un buen botín al zurrón como es la debilidad de los motivos que llevaron a aplicar «el levantamiento del velo» y considerar falsos los negocios de Jordi Pujol Ferrusola.

El abogado del Estado, Juan Ignacio Ocio, en un momento de su intervención/QS
El abogado del Estado, Juan Ignacio Ocio, en un momento de su intervención/QS

Dos inspectores de Hacienda o ‘numa’ y cuatro peritos de la defensa

Los numa 26.695 y 5.535 han vuelto a subirse al estrado, al día siguiente de la subida al Tourmalet, conscientes de que tenían delante letrados que, además de conocer la causa, conocen el derecho y, sobre todo, el alma del tribunal. Pero, además, sentados en una especie de estrado multitudinario, había cuatro peritos de la defensa, de reconocido prestigio y que provienen de la cantera del mismo cuerpo de inspectores de la Agencia Tributaria: Sebastián Piedra, Elena Blanco, Luis Alonso González y Jorge Pérez, que no solo se han sentido comodísimos sino que, además, han replicado con una desenvuelta desvergüenza los intentos del abogado del Estado, José Ignacio Ocio, de buscarles las cosquillas.

Vale decir que esta mañana el fiscal del caso, Fernando Bermejo, ha mostrado oficio y ha evitado picarse los dedos con unos interrogatorios muy cuidadosos, y cuando ha visto la capacidad de fuego de las defensas con los peritajes se ha retirado con elegancia. Bermejo que, por veteranía sabe que nunca se deben perder los papeles, y más en un caso que le ha caído de repente, ha marchado sigiloso y ha dejado hacer a Ocio. El letrado, que defendió con no mucha fortuna al exfiscal general del Estado Álvaro García Ortiz, se ha visto desbordado por cuatro peritos que sabían lo que tenían entre manos y por unas defensas que no están dispuestas a dejar pasar nada.

La falta de calle de Ocio en los tribunales se ha evidenciado y las carencias técnicas frente a exresponsables de equipos de inspección internacional de la Agencia Tributaria y catedráticos de derecho tributario, también. Los peritos de la defensa se explicaban plásticamente y con una extraordinaria rotundidad. Y los abogados estaban muy atentos a las preguntas capciosas o trampas, hasta que el letrado de Luis Delso, Oscar Morales, ha recogido con temple el clamor popular de los defensores y ha elevado una protesta por la acusación de Ocio, que da por hecho que el dinero de las facturas provenía de hechos delictivos. «¿Dónde lo pone eso, en el escrito de acusación?», le ha espetado con el timbre y volumen con el que Robocop advertía a los malhechores. El tribunal le ha dado la razón, pero ha llamado a la calma.

Cristóbal Martell, en la sesión de este miércoles del juicio Pujol/QS
Cristóbal Martell, en la sesión de este miércoles del juicio Pujol/QS

Las defensas, como el ejército de los espectros

En una primera fase de la jornada de este miércoles, los abogados parecía que podrían permanecer en la sala fumando un habano porque, el trabajo se lo hacían sus peritos. Pero esta imagen se ha evaporado cuando Cristóbal Martell, frotándose la barba, ha llamado a filas a sus compañeros de toga. Por unos momentos, el abogado de Jordi Pujol Ferrusola ha parecido Áragorn espoleando al ejército de los Espectros. Y, como en la batalla de los Campos de Pelennor, han salido a arrasar, con los deberes hechos, con convicción y con una idea clara de lo que querían denunciar.

En primer término, defender que las facturas de Jordi Pujol Ferrusola respondían a servicios prestados y no a ninguna «simulación negocial», como sostenían los numa sobre la base de los informes de la UDEF. En definitiva, que el hijo mayor del expresidente tenía «asimetría de la información», un valor «no tangible» de contactos, información y experiencia que vendía a las empresas o las sociedades que confiaban en él, como Isolux o Copisa. «Un facilitador, un conseguidor» que trabajaba con contratos de «corretaje», es decir, cobraba a éxito de la operación.

Además, han remarcado que en las diferentes inspecciones tributarias a las que fue sometido, las irregularidades consistieron en considerar los ingresos por «operaciones vinculadas» y no en «simulaciones». Es decir, Hacienda consideró que había pagado pocos impuestos porque su trabajo en las empresas que gestionaba era «personalísimo» y, por tanto, debía tributar por IRPF y no por importe de sociedades, aunque entonces incrementaba los importes de gasto de desgravación. En cualquier caso, no se podía considerar una «ganancia patrimonial no justificada» que generaban cuotas delictivas, como sí decían los numa. De hecho, han comparado el caso con el del futbolista Xabi Alonso o el de Cuéntame. Los peritos de las defensas al escuchar estas comparaciones han puesto el grito en el cielo y han advertido al tribunal que son casos de supuestos que no tienen nada que ver.

No hay ocultación

La tesis de las defensas, y de sus peritos, es que las supuestas irregularidades que detectaron los inspectores de la Agencia Tributaria en Cataluña se sometieron a una normal «mecánica rectificadora de simulación tributaria». Es decir, liquidar con el impuesto correcto los ingresos que, cabe remarcar, estaban declarados. Ni la actividad inspectora ni la policial han supuesto ningún «afloramiento» de dinero. «No hay sorpresa», han exclamado los peritos. La tesis de los numa es que las empresas eran solo una «cáscara de huevo» o una «sociedad instrumental» porque «ocultaban renta». Y aquí los peritos de las defensas han saltado como un resorte para recordar a los numa que la ley se refiere a la «ocultación de la renta y no al objeto de la renta». Por tanto, no hay ocultación porque se han tributado todas las facturas.

En este punto ha entrado el fiscal Bermejo, que ha preguntado a los peritos si sabían que la «realidad económica está por encima de la apariencia formal». «Sí», han contestado para añadir que en este caso hay un pago de servicios. «Un pago que ha existido, se ha declarado y se ha tributado», han sentenciado después de explicar cómo funciona el sistema de autoliquidación impositiva que se estableció en el sistema impositivo español con la gran reforma del ministro Francisco Fernández Ordóñez, que da instrumentos a la inspección para rectificar declaraciones y que indica que siempre deben ser más favorables al contribuyente. Precisamente, después de este razonamiento los peritos han reprochado que se utilizara la figura más perjudicial para Jordi Pujol Ferrusola cuando no tenían motivos.

El tribunal de los Pujol en la sesión de este miércoles/QS
El tribunal de los Pujol en la sesión de este miércoles/QS

«¿Para qué levanta el velo?»

Para intentar sostener la tesis acusatoria, los numa han blandido la tesis del «levantamiento del velo». Es decir, una técnica que sirve para destapar actividades simuladas. Martell se ha remangado y ha preguntado por los cinco elementos que justifican la aplicación de esta fórmula. El presidente del tribunal ha querido evitar la sangría intentando coartar al letrado, que se ha frotado nuevamente la barba y le ha sugerido un déjeme hacer que ahora llega lo mejor. José Ricardo de Prada, que hoy ha sudado la gota gorda, le ha dado margen y Martell no ha decepcionado. Ninguno de los cinco elementos que justificaban aplicar el levantamiento del velo -actividad de holding, estructura, abuso de personalidad jurídica, y recursos materiales– se cumplía. El inspector numa 26.695 se ha visto superado. No ha justificado ninguno. Cuando Ricardo de Prada se ha dado cuenta del desastre, ha animado a Martell a plegar velas. El letrado, hábilmente, se ha retirado con una frase, pronunciada con una dulce ironía, que debería ser obligatoria en los informes de los abogados defensores: «Los papeles hablan solos, ¡no insistiré!». El relevo lo ha tomado Morales, que, con preguntas brevísimas, ha rematado el trabajo dejando en evidencia que se habían creído más a la UDEF que a los inspectores que habían mirado los números del derecho y del revés, con clamorosos errores de interpretación que respondían más a la animadversión por la familia Pujol que a la realidad de los datos.

El abogado gerundense Carles Monguilod, con un hacer pensadamente ampurdanés, ha formulado preguntas concisas a los numa sobre la veracidad de los negocios entre Jordi Pujol Ferrusola y su cliente, Carlos Buesa. Y el numa ha caído en la trampa cuando le ha reconocido que no podía decir, ni de lejos, que hubiera hecho un negocio ilícito. Monguilod le ha recordado que su cliente no está imputado por fraude sino por blanqueo. Al numa le ha cambiado la cara. José María Fuster Fabra, abogado de Josep Mayola, también ha remachado el clavo. Fermín Morales, abogado de Francesc Robert, amigo y socio del primogénito ha afinado muy bien el interrogatorio y ha demostrado que los numa no se habían mirado mucho los papeles, y les ha exigido respuestas breves. Una buena táctica que ha permitido ver que a su cliente lo perseguían por ser amigo del principal acusado. En medio del interrogatorio, Morales ha dejado otra frase para los manuales de derecho que ha hecho reír al tribunal: «No entraré en debates que nos conduzcan a la melancolía».

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