Ha pasado un año y un poco más de tres meses desde que la candidatura de Oriol Junqueras y Elisenda Alamany se impuso en el congreso nacional de ERC para dirigir el partido después de una larga y dura lucha interna. Hubo guerra sucia, ataques de falsa bandera y una derrota tras otra en el último ciclo electoral. Esto conllevó la pérdida de la presidencia de la Generalitat y, de rebote, el acuerdo con el PSC para investir a Salvador Illa como presidente de la Generalitat. Desde entonces, el partido ha centrado sus esfuerzos en intentar que los socialistas cumplieran el pacto de investidura, pero ahora mismo hay un tira y afloja entre republicanos y socialistas, que han decidido seguir adelante y presentar los presupuestos sin avanzar en lo que ERC considera una línea roja: que Cataluña gestione el 100% del IRPF. Sin esto, dicen que no habrá presupuestos, pero la opinión pública duda de la palabra de ERC.
Además, los republicanos deben enfrentarse al problema de Gabriel Rufián, que ha planteado de forma unilateral una alianza de izquierdas sin contar con el visto bueno de la dirección. De hecho, Rufián, por ahora, no tiene garantizado que repita como candidato de ERC a las elecciones españolas. Pero este no es el único problema interno del partido, que ha vivido recientemente una revuelta en Girona, la reciente renuncia de la exconsejera Tània Verge del acta de diputada y también ha visto cómo caras visibles del sector crítico, como Helena Solà o Gabriel Fernández, ambos de Foc Nou, abandonaban el partido. Y según asegura Solà en una entrevista con El Món, no son los únicos y el goteo de bajas ha sido constante.
En un momento en que el partido intenta equilibrar tres objetivos clásicos de cualquier organización política –influir en las políticas públicas, mantener su base electoral y preservar la cohesión interna–, expertos consultados por El Món interpretan estos episodios como síntomas de una divergencia estratégica dentro del partido. Otros relativizan la gravedad y recuerdan que los debates internos no siempre se traducen en un costo electoral inmediato. Politólogos como Marc Guinjoan, Toni Rodon y Andreu Paneque consideran que la manera en que ERC gestione estos tres frentes —la proyección de figuras como Rufián, la negociación con el PSC y la integración del debate interno— será determinante para saber si las tensiones actuales se convierten en una crisis real o simplemente en una fase de reajuste dentro de la evolución del partido.

El movimiento de Gabriel Rufián pone a ERC entre la espada y la pared
El movimiento de Gabriel Rufián para impulsar un entendimiento de fuerzas de izquierdas en el estado para frenar a la extrema derecha ha reabierto el debate sobre el papel del diputado dentro de Esquerra Republicana. La iniciativa, lanzada sin el aval –al menos aparentemente– de la dirección del partido, ha generado interrogantes sobre hasta qué punto puede tensionar el equilibrio interno de la formación, pero los analistas relativizan el impacto político que puede tener la propuesta y ven difícil que ERC y Rufián puedan separar sus caminos. Es el caso del profesor de Ciencias Políticas de la UAB Marc Guinjoan, que considera que la relación entre el diputado y el partido es difícilmente separable. “Creo que saben que son una simbiosis necesaria”, manifiesta, y argumenta que el líder en Madrid es «un verso libre» dentro de la formación, pero también uno de sus principales activos políticos y mediáticos. «Me parece muy difícil que Esquerra quiera renunciar al activo de Rufián», dice, especialmente por la proyección que tiene en la política española. En este sentido, considera que sus movimientos pueden generar debate interno, pero no necesariamente un perjuicio electoral inmediato para el partido.
En cambio, Andreu Paneque, doctor en Ciencias Políticas y profesor en la UOC, señala que el gesto también tiene una lectura interna. Según él, el hecho de que el diputado haya lanzado la propuesta sin una negociación previa con la dirección es sintomático de falta de entendimiento. «Que no haya una concordancia, o primero una negociación interna del partido, significa que claramente no hay un entendimiento interno dentro del partido» sobre la propuesta de Rufián, afirma. Así mismo, Paneque interpreta el movimiento del líder de ERC en Madrid como una manera de marcar posición dentro del partido, y también como una respuesta a discrepancias con la dirección y, en este sentido, cree que las relaciones entre Rufián y la dirección de ERC «están bastante deterioradas». «Al final, la situación se le complica a ERC porque, si Rufián no es candidato, tendrán que elegir a otro», advierte. Un dilema que también pone sobre la mesa el politólogo y profesor de la UPF Toni Rodon. «Si, al final, Rufián lleva adelante esta candidatura, el dilema de ERC será si le da apoyo», señala. Y si no lo hace, el dilema de ERC será si mantiene a Rufián como cabeza de lista. «Es un dilema que tiene poca solución», concluye.

Los presupuestos y la negociación con el PSC: ¿hasta dónde puede tensar la cuerda ERC?
Por otro lado, Esquerra está inmersa en la negociación de los presupuestos con el PSC, otro de los grandes frentes políticos que tiene abiertos. El partido ha fijado como condición principal avances en la gestión del 100% del IRPF por parte de Cataluña, y reclama a los socialistas catalanes que presionen a Madrid para obtener un compromiso firme sobre este acuerdo incluido en el pacto de investidura. Sin embargo, la credibilidad de esta línea roja es objeto de debate porque la opinión pública, de forma acertada o no, cree que, de una manera u otra, los republicanos acabarán cediendo a los intereses de los socialistas. Guinjoan expone que la trayectoria reciente de ERC explica por qué muchos observadores piensan que el partido acabará optando por la negociación y por cerrar un acuerdo: «Esquerra sabe hasta dónde puede llegar, y nadie se sorprenderá si finalmente llegan a un punto medio y acaban aprobando los presupuestos». «Creo que eso todo el mundo lo tiene un poco asumido», añade, y argumenta que en los últimos años los republicanos han mantenido una estrategia basada en el acuerdo con el PSOE y el PSC, buscando concesiones progresivas en lugar de grandes rupturas.
En este contexto, el debate no es solo si el partido mantendrá el veto a los presupuestos, sino hasta qué punto puede permitirse tensar la relación con los socialistas sin perder capacidad de influencia política. En este sentido, Rodon cree que aquí ERC es «coherente» y que el foco debería ponerse en el PSC y en el PSOE, porque la exigencia de los republicanos está escrita en el pacto de investidura: «Es público y se puede leer». «Quien no cumple es el PSC, no ERC», manifiesta el politólogo de la UPF, y añade que los republicanos tendrán que decidir hasta qué punto «tensan la cuerda». A pesar de todo, cree que ambos tienen incentivos para llegar a un acuerdo y cree que, en ningún caso, Salvador Illa convocará elecciones.
Paneque también señala esta tensión estratégica. Según él, el partido se mueve entre dos presiones: la necesidad de demostrar firmeza ante su electorado y, al mismo tiempo, la realidad institucional que lo obliga a negociar. Esta situación convierte cualquier decisión en un equilibrio delicado. «No hay nadie que no haya tenido que hacer ciertos malabarismos para coordinar su estrategia interna y la realidad parlamentaria», argumenta. Pero admite que la poca concreción en el cumplimiento de los acuerdos de investidura pesa, sobre todo cuando en el año 2027 habrá elecciones: «Aquí ya empezamos a movernos todos desde un punto de vista electoral, porque si ya hay esta idea de campaña permanente, y cuando entramos en el último año, esto aún se acentúa más».

Una crisis interna que favorece el liderazgo de Junqueras, pero debilita el partido
Finalmente, y más allá de estas decisiones puntuales que deberá tomar Esquerra Republicana, que son clave para definir su estrategia, Oriol Junqueras no ha sido capaz de recomponer el partido y ha sufrido la marcha de críticos y revueltas como la de Girona. Andreu Paneque considera que la marcha de gente que discrepa de la dirección actual de la formación permite al partido disfrutar de «menos polarización interna», pero advierte que lo debilita porque «pierde en democracia interna», ya que se evidencia que no acepta que pueda haber diferentes opiniones dentro del partido. Su conclusión es que el partido sale perdiendo «porque no integrar a los detractores no es una buena noticia a largo plazo». «Por ejemplo, en Girona puede haber otras formaciones que se aprovechen de esta disolución», expone. «Esta situación provoca la sensación de que el partido es poco flexible y que solo si pasas por el aro eres capaz de mantenerte», señala Rodon, que contextualiza esta situación en un fenómeno más general de los partidos políticos. Según explica, hay una paradoja entre lo que pide la ciudadanía y lo que después percibe.
“La gente reclamaba democracia interna a los partidos y los partidos implementan medidas de democracia interna”, explica. El problema es que, cuando esta democracia genera debate, “esto es visto como que el partido tiene falta de unidad”. El analista de la UPF recuerda que el congreso de ERC ya mostró esta división. “El resultado de Junqueras tampoco fue abrumador”, recuerda, lo que contribuyó a la percepción de un partido “no fracturado, pero sí dividido internamente». «La gestión que se hace de la discrepancia interna puede acabar generando problemas electorales», sentencia. Finalmente, Marc Guinjoan admite que esta situación empequeñece al partido, «pero como tampoco tiene ahora mismo un competidor muy claro, el partido electoralmente no se hace pequeño». Considera que el contexto político del movimiento independentista y las dificultades de otros actores del bloque hacen que el partido mantenga una posición relativamente estable y que incluso juegue a favor de ERC. «Hay ruido de fondo, pero todo esto pasa relativamente desapercibido», concluye.


