El Casal Catalán de La Habana, la entidad catalana en el exterior más antigua del mundo, fundada en 1840, se encuentra en una situación límite que pone en riesgo su continuidad y el archivo histórico que conserva. El progresivo deterioro de su sede, sumado a la crisis económica que vive Cuba y a los obstáculos burocráticos y financieros para acceder a fondos externos, ha llevado a la institución al colapso. Actualmente, la entidad no puede utilizar la mayor parte de sus salones por fallas estructurales graves en techos, fontanería y red eléctrica, y solo mantiene una actividad mínima gracias al esfuerzo voluntario de tres personas. «No ha desaparecido porque nos mantenemos aquí tres personas: la tesorera, el vicepresidente y yo», manifiesta la presidenta de la entidad, Idania Rodríguez, en conversación con El Món.
La situación del inmueble es crítica. Rodríguez, que ostenta el cargo desde diciembre de 2025 y es historiadora de profesión, ha denunciado la falta de mantenimiento acumulado durante juntas anteriores: «Se iban rompiendo cosas y no se reparaban», incluso el vehículo que tenía la entidad está «inservible», tal como muestran las fotografías que la entidad ha facilitado a este diario. «Caen partes de los techos, y no podemos poner gente adentro por el peligro de accidente», señala la presidenta, quien detalla problemas de fontanería y deficiencias en la instalación eléctrica, que han llegado a quemar el equipo de música de la entidad.

Además, estas deficiencias estructurales afectan la posibilidad de abrir una cafetería: «No puedo abrirla si no tengo licencia sanitaria. Y para tener esa licencia debo arreglar esos salones que confrontan con la cafetería que están en mal estado». Actualmente, según relata la misma presidenta, la actividad de la entidad se reduce a celebrar tres festividades catalanas: la Diada del 11 de Septiembre –este año la han celebrado en el espacio de la cafetería–, Sant Jordi y Sant Joan. «No podemos hacer nada más. Y todo lo que hacemos sale de nuestros bolsillos», lamenta.
Un archivo de gran valor patrimonial, en riesgo
Esta precariedad material contrasta con el valor patrimonial que custodia la sede. El Casal Catalán de La Habana acoge la única biblioteca catalana del país y un archivo documental histórico que recoge la memoria de la diáspora catalana en la isla desde el siglo XIX. Actualmente, Idania Rodríguez colabora con Archiveros sin Fronteras para digitalizar este fondo. «Si a Cataluña le falta un trozo de su historia es porque se encuentra aquí, en nuestros archivos», dice para dejar constancia de la importancia que tienen los documentos que conserva. No obstante, si la institución llegara a desaparecer, la legislación cubana impide que los documentos salgan del país, por lo que pasarían a manos del Archivo Nacional de Cuba con el riesgo de perderlos porque las autoridades cubanas no tienen interés por «papeles viejos». «Si se pierde la sociedad, se pierde el archivo», sentencia.

El freno burocrático para acceder al dinero de la ayuda
Más allá del deterioro estructural de la sede, el principal obstáculo para la subsistencia del Casal es la asfixia financiera. A pesar de recibir una subvención del Gobierno de la Generalitat destinada a las comunidades catalanas en el exterior, las restricciones del sistema bancario cubano y la burocracia estatal impiden disponer efectivamente de ese dinero. El cambio oficial impuesto por las autoridades bancarias cubanas deprecia el valor real de las transferencias internacionales e impide retirar fondos en divisa extranjera, lo que hace inviable financiar obras o pagar sueldos. Además, la falta de recursos impide contratar personal y abrir la sede con regularidad: «No es posible tener trabajadores gratis». De hecho, la misma presidenta lleva más de dos años asumiendo de su bolsillo el gasto del suministro eléctrico de la entidad. «No puedo asumir nada más», admite. Los intentos de la entidad por abrir una cuenta bancaria en Cataluña que permita gestionar directamente las subvenciones han chocado con la negativa de la administración cubana, que considera ilegal este procedimiento. «Estamos atados de manos y pies», resume Idania Rodríguez.
La CUP pide la intervención del Gobierno
Esta realidad fue constatada a finales de agosto por una delegación política en la que participaba la portavoz de la CUP, Suu Moreno. La formación anticapitalista, que hizo llegar equipamiento informático básico –un ordenador y una impresora– enviado por iniciativa de la Federación de Entidades Catalanas en el Exterior (FIEC) y Open Arms, ha alertado de la necesidad urgente de desbloquear la situación. «La situación actual es bastante desastrosa», detalla Moreno a este diario, quien confirma que el edificio está «en un estado lamentable de conservación», sin servicios mínimos de suministro básicos que afectan la posibilidad de realizar actividades en el Casal. «Necesita reparaciones de diversa índole, pero, además, les falta mucho equipamiento que, hoy por hoy, es muy difícil de conseguir allí». Moreno atribuye la situación al «bloqueo que sufre el pueblo Cubano por parte de Estados Unidos», un punto que Rodríguez evita valorar porque «no lo creo».

Desde la CUP se ha anunciado la intención de reunirse con el Departamento de Unión Europea y Acción Exterior de la Generalitat para buscar fórmulas de apoyo directo que eviten el cierre de esta institución emblemática, admitiendo que «ahora mismo es muy difícil hacer llegar recursos a Cuba». Con todo, califica de «muy escasa» la ayuda que recibe el Casal. Paralelamente, apunta también que la ausencia de apoyo operativo directamente sobre el terreno por parte de las instituciones catalanas deja al Casal en un desamparo superior al de otras comunidades estatales en la isla, como la gallega, que cuentan con más apoyo institucional de sus gobiernos autonómicos.
Finalmente, Suu Moreno recuerda que, según datos consulares, en Cuba hay registrados oficialmente 3.372 ciudadanos catalanes, a los que se suman las generaciones de descendientes que tienen el Casal como referente comunitario. Por su parte, la Federación Internacional de Entidades Catalanas (FIEC) ha puesto en marcha una campaña de recogida de fondos y solidaridad para poder, según detalla la dirigente de la CUP, hacer «las mejoras estructurales mínimas y básicas» que permitan a la entidad desarrollar su actividad. «El doble bloqueo que sufre el Casal, el que sufre Cuba por parte de Estados Unidos con cortes de electricidad constantes, y el bloqueo de las cuentas del casal por parte de las autoridades cubanas (situación en la que se encuentran la mayoría de entidades de la emigración española) han llevado al Casal a una situación límite», concluye la entidad.

