Carles Rebassa (Palma, 1977) ha ganado el Premio Sant Jordi con Prometeu de mil maneres (Univers) y su enamoramiento peligroso y, desde hace una semana y media, asegura que ha recibido felicitaciones tanto por el premio como por el discurso que dio durante la Nit de les Lletres Catalanes, que fue muy aplaudido. Pero ninguna autoridad, ni de Cataluña ni de las Baleares, lo ha felicitado. Rebassa, en esta entrevista con El Món, se muestra sorprendido por el impacto que ha tenido su intervención en la gala. «Me ha sorprendido que un discurso con un perfil tan bajo como el que hice haya tenido una repercusión como si se hubiera dicho algo que todos tenían ganas de escuchar», manifiesta. Y habla abiertamente, sin complejos, de los problemas de la lengua. Su determinación con el catalán viene de lejos, concretamente de cuando tenía 13 años y volvió a la escuela después de sufrir un accidente de tráfico. Entonces, y ante las actitudes de sus compañeros, dio un paso decidido para mantener el catalán, una práctica que centró su discurso del año 2018 al recoger otro premio, el Carles Riba, en la Nit de Santa Llúcia, también organizada por Òmnium y el precedente histórico de la Nit de les Lletres Catalanes. Rebassa tampoco esquiva el Procés, y lamenta que se ha hecho un punto y aparte, como si el Primero de Octubre no hubiera existido nunca. «Como si aquí no hubiera pasado nada», manifiesta, y deja claro que la única herramienta para salvar el catalán es la independencia. Durante la entrevista, también habla del libro y de cómo lo ha ido construyendo a lo largo de más de veinte años, cuando trabajando de camarero, como Prometeu Dolors, el protagonista de la novela, le empezó a rondar la idea por la cabeza.

Durante estas semanas, ¿le han felicitado más por el premio o por el discurso?

En general, por ambas cosas.

¿Y ningún representante institucional de Cataluña ni de las Baleares lo ha felicitado?

No.

Ni por el premio ni por el discurso?

No. Por ninguna de las dos cosas.

El discurso que dio ha sido muy aplaudido y ha resonado con fuerza en las redes. ¿Hay desconexión entre la sociedad y las instituciones?

Hay una desconexión de las instituciones respecto de la sociedad. Y en todo caso, lo que hay es una falta de presencia de la voz de la sociedad ante las instituciones. A mí una de las cosas que más me ha sorprendido es que un discurso con un perfil tan bajo como el que hice haya tenido una repercusión como si hubiera dicho algo que todos tenían ganas de escuchar. Lo único que dije es que si nosotros tenemos que seguir estando aquí, se debe hacer algo. Y los políticos sucursalistas que hay ahora no solo no lo hacen, sino que hacen todo lo contrario. Creo que hay una necesidad de tener unos altavoces que no solo hablen de la sociedad civil hacia las instituciones, sino que también que la sociedad hable hacia sí misma y haya una representación de la sociedad con la propaganda o con los medios o con la proyección pública que se hace del país.

Carles Rebassa, poeta i escriptor, guanya el 66è Premi Sant Jordi de novel·la. Barcelona 24.03.2026 | Mireia Comas
Carles Rebassa, poeta y escritor, gana el 66º Premio Sant Jordi de novela. Barcelona 24.03.2026 | Mireia Comas

Recibieron desde los «virreyes y marionetas que nos gobiernan» hasta los «miedosos, sumisos y traidores». ¿No se salva nadie?

No se trata de ir a personas concretas, sino a la tendencia con que se gobierna hoy en día. Tanto en la Generalitat de Cataluña como en la Generalitat Valenciana como en el Govern de les Balears hay guerreros que gobiernan a las órdenes de Madrid. En el caso del Principado, hacen como si se viviera en un espacio de convivencia en el que no ha pasado nada. Es decir, hacen como si todo lo que pasó hace 10 años no hubiera pasado. Y en el caso del País Valencià y de las Baleares tenemos unos gobiernos del Partido Popular que hacen como si no negociaran con la extrema derecha. Como si ellos fueran un espacio de centro que se ve obligado a responder a las necesidades y a las condiciones de la extrema derecha en cuanto a la destrucción nacional, la destrucción del paisaje, la destrucción de la estructura económica, etcétera. Cuando realmente es su ideario. Por lo tanto, hay marionetas, hay virreyes y, en cuanto a la cuestión del Procés, hay una gestión de sumisos, de cobardes y de traidores que nos ha llevado precisamente no solo a este momento en el que nos encontramos completamente despistados con la lengua, que parece que se va al traste con unos discursos apocalípticos, sino como si aquí no hubiera pasado nada.

¿Se ha hecho un punto aparte y se ha olvidado completamente todo lo que pasó?

Como si hubiéramos vuelto al 78, con una ley de amnistía que tampoco funciona. Y aquí no ha pasado nada. En el año 78 ya no había habido dictadura y actualmente ya no ha habido Primero de Octubre.

¿De dónde viene esta determinación suya por el catalán?

Yo soy catalán y esa es mi conciencia. En mi casa siempre he hablado en catalán, en mis ambientes. Cuando tenía 13 años estuve un año sin ir a la escuela por un accidente de tráfico que tuve. Y después cuando volví a la escuela vi muchas cosas que no sabía. Y una de las cosas que vi es que había unos compañeros míos que siempre hablaban en castellano y otros que iban cambiando. Y entonces decidí yo no cambiar. Y eso fue la primera determinación política de mi vida. Y a partir de ahí ser catalán, igual que ser escritor, ser homosexual, saber muchas cosas, son lo que determinan mi identidad política respecto del mundo. O el hecho de ser de Palma, por ejemplo.

Este discurso ha sorprendido mucho, pero cuando ganó el Carles Riba en 2018 ya dejó las cosas claras. Allí hizo una defensa de mantener el catalán siempre.

Sí. Lo que pasa es que en 2018 estábamos en un período de fiesta, resaca, fiesta, resaca, fiesta, resaca. Y fue una cosa… También era un momento en que estos actos, la Nit de Santa Llúcia, estaban muy condicionados políticamente. Recuerdo que aquel día, después del acto, salió Roger Torrent, que era el presidente del Parlamento, e hizo un discurso de 10 minutos para no decir nada. Y después salió Quim Torra e hizo aún otro discurso. Aquí la tendencia, digamos, ha cambiado. El hecho es que quizás alguien entendió mi discurso como una interrupción de la armonía, pero la política no es un espacio únicamente para hablar en un Parlamento o en un contexto determinado. Por lo tanto, la cultura es política, la lengua es política, y si solo haces esta fiesta un poco voluble, entonces no hay una proyección completa de lo que realmente es este sistema. La literatura catalana es muy fuerte, Sant Jordi es muy bonito, se venden muchos libros, pero si no hay todas estas otras cosas, todo esto no existe.

¿Y ha recibido ataques catalanófobos por mantener el catalán?

Sí. Muchas veces. En general, la catalanofobia, cuando te mantienes en el catalán, es algo habitual. A veces hay agresiones más fuertes y cosas como, por ejemplo, que no te quieran atender en urgencias cuando has caído en la bicicleta porque no le hablas en castellano a una doctora de Formentera que lleva 30 años viviendo allí y pretende no entender un idioma que entiende perfectamente. Eso son cosas que sí, que pasan.

¿Cosas que le han pasado a usted?

Sí.

Carles Rebassa, poeta i escriptor, guanya el 66è Premi Sant Jordi de novel·la. Barcelona 24.03.2026 | Mireia Comas
Carles Rebassa, poeta y escritor, gana el 66º Premio Sant Jordi de novela. Barcelona 24.03.2026 | Mireia Comas

También habló del Pacte Nacional per la Llengua, y lo definió como un pacto autonómico por la lengua. Con el encaje actual, ¿se puede salvar la lengua?

Bueno, depende de lo que quiera decir salvar la lengua. Porque estamos constantemente bombardeados con discursos sobre la muerte del catalán, pero eso son discursos que vienen de hace mucho tiempo. Y con unos datos de porcentaje, que son muchas veces sesgados, y que nos llevan a análisis que muchas veces no reflejan la realidad, no somos capaces de entender la complejidad de la realidad. Mientras hay presente, hay existencia. Y la gestión lingüística es una política de gobierno. Se llama planificación y política lingüística. Por lo tanto, si tienes un gobierno en contra del catalán, mal para el catalán. Si tienes un gobierno a favor del catalán y que tiene un poder político y una voluntad real, muy bien para el catalán. Para el catalán y para cualquier otro idioma.

El Pacte Nacional per la Llengua no es un pacto nacional porque solo hace referencia a un espacio del país y que, además, cuando se presentaron las conclusiones de la situación actual del catalán, un trabajo muy bien hecho por un sociolingüista muy válido que es Francesc Xavier Vila, había una situación que necesitaba unas políticas de gobierno determinadas. Que después, en cuanto a la actuación del pacto, no se cumplen. Si haces un pacto nacional por la lengua es porque representa que proyectas que este plan tendrá una serie de años de actuación y, cuando acaba este plan, la situación del catalán se ha revertido y ha mejorado. Y no parece que con este pacto nacional, declarado testimonial, pueda ser de esta manera. Por lo tanto, esto es como desperdiciar un cartucho y crear, como siempre, este estadio de inacción, desilusión, pesimismo, que es lo que nos gobierna ahora en este espacio que hace diez años estaba alzado y con esperanza.

¿Está derrotado?

Derrotado, no. Está encerrado en casa y mirando las cosas con preocupación y yo creo que buscando un espacio en el que organizarse. También una cosa que pasó durante el Procés es que hubo un liderazgo que fue muy claro, pero que, en cierta manera, el poder popular llegó a depender demasiado de este liderazgo. Cuando el liderazgo no respondió a las necesidades del poder popular, es cuando el poder popular no encontró el espacio para situarse.

Pero el poder popular también hizo caso al poder, ¿no?

Sí, aunque aquí ya se rompió un poco la unanimidad, pero sí.

Usted defiende que el catalán debe ser imprescindible para vivir en los Países Catalanes. ¿Esa es la clave de todo?

La cuestión de que un idioma sea imprescindible significa que necesitas ese idioma para funcionar en el tejido social, en el tejido laboral, en el tejido económico, que es la normalidad de un idioma en su territorio. El problema es que en los Países Catalanes el idioma que es imprescindible es el castellano. Y esa es la anomalía que desde el catalanismo político se debe revertir, y es el llamamiento que hice yo. Realmente, si existe una fuerza del catalanismo político que quiere hacerlo, debemos hacerlo. Y eso se puede hacer. Es imprescindible. Si un idioma no es imprescindible, entonces se convierte en un idioma de tribu, en un idioma testimonial, y pasa a ser una anécdota.

¿Y sin idioma no hay nación?

Sin idioma no hay nación. Y esas ideas de que el catalanismo en castellano y el independentismo en castellano… Todas esas son historias españolas para descafeinar la situación. La base de la catalanidad es el idioma, porque con el idioma se da la cultura, y con la cultura se da la organización social, la idea de pertenencia, la idea de distribución de las cosas del día a día. Es el hecho de que eres una cosa o eres otra. Y eso es así aquí y en todo nuestro mundo occidental y fuera de nuestro mundo occidental. Y cualquier discurso en contra que hable de imposición del idioma, de racismo y todo eso es un discurso españolista para destruirnos.

Carles Rebassa, poeta i escriptor, guanya el 66è Premi Sant Jordi de novel·la. Barcelona 24.03.2026 | Mireia Comas
Carles Rebassa, poeta y escritor, gana el 66º Premio Sant Jordi de novela. Barcelona 24.03.2026 | Mireia Comas

¿Y sin la independencia no se podrá salvar el idioma?

Yo creo que 40 años ya han sido suficientes para ver que con autonomismo solo podremos diluir el idioma hasta dejarlo como una expresión de tribu.

¿Le molesta que su discurso haya tomado protagonismo sobre la obra?

No, son dos cosas diferentes. Porque yo dije unas palabras en un contexto de tener la palabra pública, pero el libro es otra cosa. Bueno, es otra cosa y son la misma cosa, porque dentro del libro todas estas ideas están presentes.

Hablemos de la novela, entonces. El protagonista, el Prometeu del título, es un joven camarero. ¿Tiene un punto de biográfico el personaje?

Todo en literatura tiene un punto de biográfico, porque o hablas de un contexto que más o menos conoces o de unas pulsiones, unas sensaciones, unas cosas que tú has vivido. Yo, en un momento determinado, también tuve veintitantos años y trabajé de camarero en una cafetería de Palma, que no es ésta, porque ésta es inventada, y todo el ambiente está un poco recogido aquí, pero no es una novela autobiográfica.

Pero fue entonces cuando, más o menos, le surgió la idea de hacer una novela ambientada en un escenario como este.

Bueno, en el momento en que comencé a tomar notas, yo no tenía conciencia de que pudiera escribir una novela. Y en todo caso, si hubiera tenido la conciencia, no habría sabido hacerlo. Pero realmente es una sensación de texto que me ha acompañado durante unos años y luego, cuando más adelante me vi con la capacidad de hacerlo, lo hice. Por eso me gusta decir que esta novela tiene un espacio de escritura de 25 años largos, porque, desde que comencé a tomar notas hasta que la he terminado, ha pasado todo este tiempo.

¿Ha sido un proceso de maduración suyo y del libro?

Sí.

Y enlazar el mito de Prometeo con la cotidianeidad ha sido lo más complejo de esta obra?

En cierta manera no, porque el mito de Prometeo ya vino con la configuración del personaje, que fue la primera cosa que tuve clara antes de comenzar a escribir con la idea del rebelde que es servil y termina castigado. Quizás lo que me ha costado más es la manera como he ido mostrando toda esta secuencia de hechos y de sensaciones para no crear un discurso lineal, sino que haya capas de texto diferentes y que vayan mostrando estos espacios.

Carles Rebassa, poeta i escriptor, guanya el 66è Premi Sant Jordi de novel·la. Barcelona 24.03.2026 | Mireia Comas
Carles Rebassa, poeta y escritor, gana el 66º Premio Sant Jordi de novela. Barcelona 24.03.2026 | Mireia Comas

Y en el libro hay un personaje clave, que es Palma. ¿Por qué Palma y no Barcelona, que es donde vive ahora desde hace años?

En Palma nací, me crié, pasé la adolescencia, una primera parte de la juventud y después ya vine a vivir aquí. Y pienso que Palma es una ciudad que se debe reivindicar porque, igual que Barcelona, es una ciudad que se está destruyendo, se está incendiando, se está quemando, se está vendiendo a pedazos, se le está echando agua con sal para que ya no pueda crecer nada más. Y Palma siempre ha sido una ciudad más provinciana junto al cosmopolitismo de Barcelona. Es una ciudad que quiero mucho y de la que también tengo un cierto distanciamiento por la evolución que ha tenido y también porque, claro, hace mucho tiempo que no vivo allí. Pero siempre he tenido ganas de hacer un texto en el que Palma tuviera una presencia muy importante. Y a lo largo de este libro hay una especie de subtexto que es el poema Auca, de Bartomeu Rosselló-Pòrcel, donde hace esta descripción de Palma con ironía, de una manera crítica, pero también con amor por una Palma que él conoce y también de lo que le ha llegado a él antes. Por lo tanto, de cierta manera quería hacer lo mismo.

Aun así, hay muchos paralelismos entre dos ciudades que han perdido su personalidad.

Sí, y tanto. En Palma hay barrios populares enteros que se han vaciado de todo el tejido de barrio que había y se han convertido en espacios de vivienda turística o de vivienda temporal por parte de gente que viene de Europa con unas posibilidades económicas muy superiores a las de aquí. El problema de la vivienda es exactamente igual. El problema del idioma es exactamente igual. El problema de la catalanofobia funciona igual. El hecho de gobernar para grandes eventos y no tener en cuenta los pequeños eventos es exactamente igual. En Palma y en Barcelona hemos tenido una gestión PSOE-PP constante desde la Transición, salvo en algún momento determinado, que las han destruido.

También trata el amor. ¿El sentimiento amoroso puede ser tan fuerte hasta hacernos perder la identidad?

Yo creo que sí porque a veces amar a otro es como vaciarte de ti mismo para llenarte del espacio del otro. Entonces es destruirte a ti mismo para complacer al otro por esta necesidad de corresponder con el amor que sientes. El amor entre humanos es algo que está un poco sobrevalorado por el hecho de que se habla del enamoramiento como un motor que mueve el mundo, y realmente eso no es verdad. Es una pasión que te remueve a ti mismo y que muchas veces, y eso es lo que intento describir aquí, es que este deseo sexual y el deseo amoroso no es más que ir a buscar un espacio de vacío y tratar de llenar ese espacio en el que tú no eres suficiente para llenarte de ti mismo. Entonces eso puede conllevar una desintegración de tu identidad a favor de la identidad del otro.

Pero también habla de un cóctel social: mundo laboral, marginalidad y lucha de clases. ¿Todo esto es un retrato de la sociedad de hoy en día?

Es un retrato de nuestra sociedad desde hace mucho tiempo. Lo que pasa es que ahora la polarización neoliberal es tan fuerte que, además, vivimos en un espacio en el que hay más desigualdad que nunca. En cambio, el discurso social es que no hay clases, que no hay desigualdad, que no hay problemas de clase porque hay una gran convivencia porque tú tienes esto -el móvil-, yo también tengo uno… No tenemos problemas, podemos ir a tomar un café… cuando realmente no es así. Lo que hay es un ocultamiento clarísimo de este gran problema y lo que he intentado yo es reproducirlo dentro de un pequeño espacio que tienes a mano, pero que, al fin y al cabo, no deja de ser una representación de un espacio vertical, donde hay gente que está arriba y gente que está abajo.

Y en medio cada vez hay menos gente.

Sí, exacto. No deja de ser una representación del sistema en general.

Queda un mes para Sant Jordi. ¿Ya se ha imaginado cómo será?

Supongo que será el más movido de mi vida y el más poco tranquilo, pero bueno… Pienso que Sant Jordi está tan inflado que un día reventará y no sé qué pasará porque todo el sector alrededor del libro funciona 365 días al año alrededor de esta fiesta. Encuentro también que es una fiesta que está llena de intrusismo laboral y que encuentro que es muy poco edificante ver la publicidad que hace según quién que no escribe libros. Entonces hay, naturalmente, una desnaturalización de esta fiesta. Es muy difícil pasear por la ciudad e ir mirando puestecitos porque hay una masificación… Al final, hay mucho libro, mucha rosa, muchas caras sonrientes, muchas fotos y muchas hostias, pero la literatura queda allí escondida en un rincón. Aun así, es un día bonito, realmente. Es una fiesta cívica, que no es fiesta, y que en buena parte funciona, no por todos estos movimientos económicos sino porque la gente necesita la suya y en este sentido encuentro que se debe respetar, se debe seguir celebrando. Ya veremos cómo va.

Carles Rebassa, poeta i escriptor, guanya el 66è Premi Sant Jordi de novel·la. Barcelona 23.03.2026 | Mireia Comas
Carles Rebassa, poeta y escritor, gana el 66º Premio Sant Jordi de novela. Barcelona 24.03.2026 | Mireia Comas

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