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La crisis de Ceuta ha sido combustible para impulsar el viraje que ERC ha ido desarrollando, poco a poco y con cuidado, sobre cuestiones espinosas para la izquierda, como la gestión de la inmigración o de la seguridad. El posicionamiento contrario de Oriol Junqueras a la idea de la «Catalunya de los diez millones» o la conferencia política de Elisenda Alamany, secretaria general de la formación, en la 58ª edición de la Universitat Catalana d’Estiu, donde apostó por la gestión de la demografía y por la lucha por el mantenimiento de la identidad.  

De hecho, ambos apuntaban a la inmigración como una materia troncal que afecta la vivienda, los servicios sociales, la sanidad y la educación pública. Y, de rebote, un servicio público esencial como es la seguridad. Si bien los colíderes de ERC invocaban la «identidad inclusiva» para afrontar un debate que puede ser incómodo para las izquierdas, quien se ha arremangado para construir un discurso más claro ha sido el portavoz de ERC en Madrid, Gabriel Rufián.

El jefe de los republicanos en Madrid ha aprovechado la refriega política que ha generado la crisis de Ceuta para hacer más claro este discurso y centrar en clave popular una de las ideas que más preocupan a la militancia republicana, la pérdida de identidad nacional. También les inquieta dejar en manos de la derecha el discurso sobre la inmigración y la mezcla intencionada con la seguridad pública. De ahí la importancia de un nuevo eslogan que utilizó en el debate en el Congreso de los Diputados sobre la crisis: que los migrantes fueran «atendidos con celeridad y retornados con dignidad». Y dio un paso más allá al afirmar que «o la izquierda mira la realidad o aquí los traidores a su patria se inventarán una». Por eso repitió, dos veces, un concepto nuevo en el debate de ERC: «Orden».

El líder de ERC, Oriol Junqueras, y el portavoz del partido en el Congreso, Gabriel Rufián, en rueda de prensa / Europa Press

«Una OPA a las izquierdas»

«Si algo tiene el líder de ERC en Madrid es olfato y capacidad de penetración en la manera como expresa las ideas». Así lo admiten desde la dirección de los republicanos, a pesar de las evidentes diferencias internas o el revuelo por el hecho de que se acerque a la izquierda española. De manera desacomplejada, desde la dirección admiten incluso que su estilo ayuda a reformular discursos e ideas y llegar a públicos donde ERC lo tiene difícil. Lo demuestra la opinión de la secretaria general de la formación, que desde la UCE reconocía que «los proyectos que son capaces de seducir nuevas generaciones son los de kilómetro cero, de un proyecto territorial ante un proceso de globalización». «Las nuevas generaciones miran a Rufián», afirmaba Alamany, presentándolo como la otra cara de la moneda de Junqueras en la manera de expresar las ideas.

De ahí que fuentes de la formación interpreten que el contenido del discurso de Rufián del pasado 3 de septiembre se «desmarcaba del PSOE». De hecho, algunas voces consideran que inició «una OPA a las izquierdas y sobre todo, al PSOE y al PSC» en materia de inmigración porque se aleja del discurso de «papeles para todos o la acogida sin límite». La advertencia de Rufián fue clara: «Si no damos soluciones desde la izquierda, vendrá el primer alocado con una bandera, y mintiendo, dirá que lo arreglará con más banderas». El portavoz de ERC en Madrid partía de la idea de que no hay ninguna frontera que pueda «frenar» la migración, por eso apostaba por «gestionarla».

Una premisa que incorporaba un doble reto en relación con la inmigración: atacar desde la izquierda tanto «la criminalización de unos» como la «negación de otros». Lo que Alamany califica de «cosmopolitismo ingenuo». Por eso, proponía «orden, inclusión e integración, derechos y obligaciones». Unas palabras que parecían desterradas de la cultura política de ERC. Es decir, ordenar las vías de entrada y establecer un control de flujos migratorios. A fin de cuentas, una manera más directa de sintetizar la idea de Junqueras que razonaba en la UCE que «al menos en las condiciones actuales, en las condiciones del mercado de la vivienda, del transporte público, de la red educativa y de la red sanitaria, del colapso de las autopistas y de la AP-7 en particular, de los recursos energéticos, de la disponibilidad de agua, especialmente después de los episodios de sequía que hemos vivido no hace muchos años, es evidente que no se dan las circunstancias adecuadas para que Catalunya tenga muchos más habitantes de los que ya tiene”.

El presidente de ERC, Oriol Junqueras, y la secretaria general del partido, Elisenda Alamany, durante la segunda fase del Congreso Nacional del partido este sábado en Martorell / Maria Pratdesaba / ACN

La inmigración, una cuestión troncal

En este marco, la idea de Rufián presenta la inmigración como una cuestión troncal entre los principales problemas que, demoscópicamente, inquietan a la ciudadanía. La corriente de fondo ha hecho prestar atención a alcaldes republicanos o candidatos que el próximo mes de mayo se enfrentarán a unas elecciones municipales marcadas por la irrupción de partidos que forjan su discurso en la inmigración. Como ejemplo, el proyecto Llavors que ha llevado a cabo uno de los hombres de la sala de máquinas de la izquierda de Junqueras, Oriol López. Una especie de dinámica de grupo con las asambleas locales -ERC tiene una gran capilaridad por todo el país- y en las que el aparato de Calàbria ha captado las dudas que genera la inmigración en cuestiones como la lengua o la identidad.

Además, también ha servido que en zonas con alta densidad de población inmigrante y donde hay terreno fértil para fórmulas como Aliança Catalana o Vox, el discurso de ERC no se limite a tacharlos de fascistas. «Está muy bien decir lo que pensamos de ellos, ¡pero ganémosles, ganémosles!», explica a El Món uno de los veteranos de la actual dirección republicana. Pasado por la traductora, quiere decir usar la estructura de partido para contrarrestar el debate extremista y plantear la alternativa de que la izquierda independentista también quiere «orden» en un escenario de dificultades en la vivienda, unos precios disparados y el colapso sanitario, de la enseñanza o de la movilidad. Por eso, Rufián sintetizaba la idea con un llamado a los «señores de izquierdas». «Los eslóganes, los lugares comunes, en definitiva, la cobardía, frente a los dos dramas que nos arrasarán -la vivienda y la migración- no sirven de nada; o la izquierda mira la realidad o aquí los traidores a su patria se inventarán una», añadía.

¿Y la seguridad?

La troncalidad del debate de la inmigración también se entrelaza, aunque interesadamente, con los niveles de seguridad. El primer intento de intentar quitar a la derecha el debate de la seguridad, después de la experiencia de Joan Saura, fue con el consejero Joan Ignasi Elena. Su mandato se inició con una idea que repetía mucho: «La seguridad es de izquierdas porque es un servicio público esencial». Y añadía que no se podía «conceder». Es decir que afectaba a todos y a todo el mundo. Una idea motriz, pero que quedó tapada por proyectos como la feminización del cuerpo de los Mossos d’Esquadra. Ahora este discurso se recupera.

Joan Ballana, en una imatge a Vic/QS
Joan Ballana, en una imagen en Vic/QS

El discurso de Rufián en la cámara baja española era bastante rotundo al hacer un apartado titulado «derechos y obligaciones». El jefe de filas de los republicanos en el Congreso incidía en la frase: «Quien la hace la paga, te llames Antonio, Dimitri o Hassan». Es decir, ponía de relieve una de las inquietudes de los candidatos a alcaldes de cara a las próximas elecciones, la seguridad. De hecho, hay candidatos a alcaldes, como Joan Ballana, en Vic, que hace bandera de ello. A fin de cuentas, el candidato ya dirigió la cartera de seguridad del municipio cuando fue concejal, hace diez años, y ahora es el responsable de formar a los alcaldes y cabezas de lista del partido en esta materia. De hecho, ha elaborado una guía que determina la «tolerancia cero» con las ocupaciones delictivas -de hecho, ya han aplicado métodos de esta guía en diferentes poblaciones- o con el «incivismo». En el mismo sentido, está la lucha contra el burka y medidas para evitar «guetos» o la ruptura de tramas urbanas.

En este sentido, cabe recordar que Rufián pudo convencer a la dirección republicana y a sus colegas de escaño en el Congreso para abstenerse en la ley contra la multirreincidencia que impulsó Junts y que se aprobó a finales de marzo. Un giro costoso para ERC, que se encontraba en origen en el ‘no’ a cualquier reforma que ajustara más la reincidencia. El viraje se ha producido y ahora está en boca de un líder del cual Calàbria tiene claro su capacidad de penetración en zonas duras, con argumentos que son innovadores en el marco de la izquierda catalana.

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