Una norma básica de la supervivencia política es que, cuando el agua te pasa por encima de la cabeza, da igual si es potable. Una norma que parece haber interiorizado el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, cuando después de una pandemia, un volcán, unas inundaciones, la gestión de la amnistía, la guerra de Ucrania y un brutal asedio judicial, ahora ha topado con una sospechosa llegada masiva de inmigrantes a Ceuta, que ha generado una profundísima y agria crisis institucional y política. Ceuta es un enclave simbólico para el españolismo que ha servido a la derecha extrema y la extrema derecha para organizar una ofensiva final contra el sanchismo que hace tiempo que ha de vivir a reacción de los escándalos y la presión de la alta magistratura española. La oposición ve a Sánchez más débil que nunca y no quieren perder la oportunidad. Pero Sánchez también ha perdido apoyo de sus socios de gobierno y de gobernabilidad con su tesis de exonerar a Marruecos de la crisis porque desde Sumar, Comunes o ERC le han reprochado que niegue la implicación de Marruecos. No ha convencido ni a los que le apoyan, pero tampoco lo han dejado solo del todo.
Así se ha constatado este jueves por la mañana en el pleno del Congreso de Diputados, en una sesión especial en la que ha comparecido para dar explicaciones sobre la crisis. El presidente español ha mantenido la posición asegurando que «nadie ha aportado pruebas al gobierno que permitan concluir que la entrada masiva a Ceuta fuese diseñada o ejecutada por las autoridades marroquíes». Una reflexión nada gratuita a raíz de la última polémica, un informe del Cuerpo Nacional de Policía que señala al Reino de Marruecos como instigador de la llegada masiva de inmigrantes entre el 30 y el 31 de julio. Un informe en manos de la Audiencia Nacional del cual no tenía conocimiento ningún mando político del CNP. De hecho, Sánchez ha insinuado que los servicios de información tenían conocimiento de una posible llegada masiva y lo ocultaron al gobierno.
Sánchez ha dejado a los Comunes, a Sumar y, con más intensidad, a ERC –Gabriel Rufián ha hablado de «agresión»–, que apuntaran a la conspiración de los EE.UU. e Israel, pero han añadido la complicidad de Marruecos tras la maniobra. Pero él ha defendido su política de contención. «Otros rescataban bancos, nosotros ayudamos a la gente», ha sentenciado Sánchez. En todo caso, el líder del PSOE ha advertido que si existiesen «pruebas sólidas» de la participación de Marruecos actuaría con «total contundencia». «Mi ejecutivo no tiene miedo de enfrentarse a otros poderes extranjeros cuando así la situación lo exige», ha remarcado. La primera respuesta a Sánchez ha sido por parte del líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, que le ha amenazado sin tapujos: «Señor Sánchez, míreme, lo pagará. Ante la justicia y ante las urnas». Una amenaza que deja entrever que el PP es capaz de movilizar la judicatura para acabar de hacer caer al actual inquilino de la Moncloa. El debate ha sido durísimo y Sánchez ha replicado que si el discurso de la oposición es que los «enchironarán a todos», no van bien. Y les ha preguntado qué habrían hecho ellos, si habrían ordenado «disparar contra personas». Rufián ha reclamado al PSOE que agilice la gestión de la crisis y ha hecho un viraje en su discurso sobre la inmigración hasta ahora. Y Junts ha propuesto a Sánchez que «dé un paso al lado para evitar que la extrema derecha llegue al poder».

Insiste en que no había aviso previo
Sánchez se ha desgañitado para intentar centrar el debate en dos cuestiones. Por un lado, que el gobierno nunca tuvo un aviso concreto y claro sobre la llegada masiva de inmigrantes. Y, por otro lado, el esfuerzo presupuestario y de recursos para frenar la crisis y sus consecuencias. Todo ello, con la idea soterrada de que Marruecos no tuvo nada que ver en la operación porque no hay pruebas. En este sentido, el presidente español ha negado haber recibido en los días previos a la crisis avisos o alertas extraordinarios que pudieran anticipar los hechos. «Fallas hubo», ha admitido añadiendo que hay que mejorar los servicios de inteligencia. «El Estado debe mejorar ante las amenazas», ha remarcado y ha anunciado que solicitará a Europol la creación de un grupo para monitorizar la migración irregular en Ceuta, para que esta «frontera europea cuente con el apoyo europeo que se merece».
Sánchez ha insistido en que han examinado los informes, mensajes y notas verbales del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y los cuerpos y fuerzas de Seguridad del Estado. «Les aseguro que ninguno iba más allá de la descripción de datos o del aviso rutinario y ninguno preveía ni la escala ni la probabilidad de lo que finalmente ocurrió». Se ha mostrado tan convencido que se ha comprometido a desclasificar toda esta documentación para que tenga acceso la prensa y la ciudadanía. En todo caso, Sánchez ha reconocido que los servicios de seguridad y públicos se vieron desbordados y que ahora hay que gestionar las consecuencias, lo cual no puede consistir en «devolver como un saco de tierra» a los inmigrantes.
En el turno de réplica una vez había hablado la oposición, Sánchez ha negado que Feijóo tenga alguna «alternativa» porque «no tiene ni idea de gestión migratoria» y solo se ha visto su utilización «vil» de la crisis. «¿Qué habría hecho? ¿Disparar a la gente?», le ha espetado. «Yo no cojo el teléfono y ordeno a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado que disparen a la gente, no lo quiero para mi país ni para ningún otro», ha cerrado replicando a varias declaraciones del líder del PP que buscaban despreciarlo. En cambio, se ha vanagloriado de haber movilizado más de 300 millones y 500 policías para reducir los efectos de la crisis. De hecho, ha recordado que antes de la crisis la Moncloa ya había aumentado en 200 el número de policías en la zona, que el gobierno de Mariano Rajoy había reducido en cien miembros. Sánchez ha defendido que hay estrategias híbridas que no vienen de los «actores estatales» y se ha mostrado contrario a abrir un conflicto diplomático de primer orden con Marruecos sin pruebas.
El españolismo de derecha, a todo
Feijóo ha sido el primero en subirse a la tribuna. No se ha dejado nada. Ha exigido a Sánchez que convoque elecciones después de acusarlo de «mentir en la cara» en el pleno. El líder del PP no ha tenido reparos en acusar a Marruecos de la llegada masiva de inmigrantes. Una entrada que fue «consentida por Marruecos con indicios de que Rabat la coordinó y que el gobierno lo sabía». «¿Por qué teme a Marruecos?», ha preguntado socráticamente el popular con una referencia explícita al caso Pegasus y la información que habría obtenido el reino alauita de los teléfonos móviles de Sánchez o de ministros como Fernando Grande-Marlaska. «Señor Sánchez, míreme, lo pagará. Ante la justicia y en las urnas», le ha amenazado. Para Feijóo, el argumento de que el gobierno no se enteró de nada implica que debería dimitir por «incompetente». Pero si es falso, debe dimitir por «cómplice». En todo caso, el líder popular ha acusado a Sánchez de saber lo que pasaría y de haberlo ocultado.
La rudeza de Feijóo ha minimizado al líder de Vox, Santiago Abascal, que se ha subido a la tribuna justo después y ha blandido su oratoria habitual más propia de Roberto Alcázar y Pedrín que no de Federico García Lorca. Abascal ha tildado a Sánchez de «traidor» a los españoles y lo ha bautizado como «embajador de Marruecos» y de «virrey de al-Ándalus» y «encubridor del invasor». Así, ha instado a los diputados a activar el artículo 102 de la Constitución para juzgar a Sánchez como «traidor». «Lo encontramos muy valiente contra el rey de España y muy sumiso con el de Marruecos. Ya sabemos a qué corona rinde cuentas», ha remachado.
Sumar y Comunes también miran a Marruecos
En cuanto a los socios de gobierno, el diputado Enrique Barbero ha recriminado a Sánchez haber tardado en actuar y le ha reprochado que no acepte que ha sido Marruecos quien estaba detrás de la entrada masiva, que según él no tiene nada que ver con las mafias. «Defender una hipótesis diferente no es creíble», ha señalado. Por parte de los Comunes, Aina Vidal, ha abonado la tesis de que Marruecos estaba detrás. «Todo el mundo ha visto las imágenes de agentes marroquíes, uniformados o de paisano, alentando a los migrantes para cruzar la frontera de Ceuta». «La política de apaciguamiento con Marruecos no ha funcionado», le ha advertido, y le ha reprochado su giro con el Sáhara. «Los derechos de un pueblo no se intercambian por una supuesta tranquilidad diplomática, que de hecho ni siquiera ha sido así», ha sentenciado.
Los socios del gobierno han cargado contra el «descontrol con la información de inteligencia del CNI y de la policía es claramente la aplicación de la frase ‘el que pueda hacer, que haga'», de José María Aznar. Tanto Vidal como Santiago han argumentado que Marruecos, en coordinación con los Estados Unidos e Israel, está detrás de este intento de «desestabilización» con «claras intenciones políticas y geoestratégicas». Vidal, sin embargo, se ha negado a calificar «de invasión» la entrada masiva, porque «eran niños con flotadores y no gente armada».
Rufián vira en su discurso sobre la inmigración
El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, ha criticado que el gobierno de Pedro Sánchez oculte la participación de Marruecos en la llegada masiva de inmigrantes de los días 30 y 31 de julio, con la connivencia de EE.UU. e Israel, con el objetivo de «cargarse el gobierno español». De hecho, Rufián ha pronunciado una frase que le ha servido para construir su discurso y es que Marruecos ha planteado una «guerra que España no puede ganar». De hecho, ha acusado a Marruecos de enviar a los inmigrantes como «carne de cañón» mientras que su policía lo miraba como las «vacas hacen con el tren».
Así, también ha aprovechado para cargar contra Vox y PP con una comparación fiel a su estilo, cuando ha recordado que la «invasión de Marruecos fue en el año 1936, 37, 38 y 39 con 100.000 miembros de la Guardia Mora de Franco». Pero la importancia del discurso de Rufián ha sido el giro desacomplejado sobre la inmigración que hasta ahora ERC no había osado hacer. «Ante el reto de la migración, ¡orden, inclusión, integración, derechos y obligaciones! Quien la hace la paga; te llames Antonio, Dimitri o Hassan», ha proclamado. En este sentido, ha propuesto al gobierno «celeridad en la atención de los inmigrantes y su retorno con dignidad».

Míriam Nogueras centra su discurso en Cataluña
La portavoz de Junts en la cámara baja, Míriam Nogueras, ha aprovechado su intervención para volver a defender que las competencias en inmigración se traspasen a Cataluña. Ahora bien, no se ha quedado sin criticar con ferocidad la gestión de Sánchez, que considera que ya está «inhabilitado». En esta línea, la crisis de Ceuta, para Nogueras, muestra que Sánchez «o no controla la seguridad o bien protege a Marruecos». «Las dos opciones son muy graves y las dos opciones lo inhabilitan para continuar gobernando», ha concluido. «Los ciudadanos se merecen que siempre se les diga la verdad y usted no lo hace», ha criticado.
Nogueras, sin embargo, ha dado un paso más, insistiendo en su fórmula de que Sánchez «dé un paso al lado» y apueste por otro jefe del ejecutivo. Una manera, según Junts, «de evitar la llegada de la extrema derecha al poder». Así, ha cosido el ejercicio del poder de Sánchez con el de Salvador Illa, en la Generalitat, porque ambos muestran «una incapacidad de gestión que traspasa todas las líneas aceptables». «No se equivoque. Si se aferra al poder por el poder, usted, los socialistas y sus socios serán los culpables de la llegada de la extrema derecha», ha concluido.


