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El actual debate político sobre la gestión de la inmigración revela que la política en Cataluña ha pasado por alto la demografía. Y da la sensación de que todo son prisas. Por eso, el debate de la inmigración ocupa todo el espacio del debate político más intenso como una materia troncal que afecta a la vivienda, a los servicios sociales, a la sanidad y la educación pública e, incluso, a la identidad. Así se puede percibir en los actos más políticos de los dos primeros días de la 58ª edición de la Universidad Catalana de Verano, la UCE, que se celebra hasta el próximo 23 de agosto en Prada, el Conflent.

Tanto Laura Borràs, como Xavier Antich o Josep Rull han intervenido en el debate para reivindicar el papel del catalanismo inclusivo y las competencias para gestionar la acogida de recién llegados al país. Este martes, sin embargo, ha sido el turno de la secretaria general de ERC y candidata a la alcaldía de Barcelona de la formación, Elisenda Alamany, en una charla organizada por la Fundación Irla, el think tank de los republicanos, titulada «La Cataluña-Ciudad, hoy».

Alamany, que en el auditorio tenía como alumna a la diputada en el Congreso Pilar Vallugera y la expresidenta del Parlamento, Carme Forcadell, ha partido de la idea de que «Cataluña, los Países Catalanes están al borde del colapso», que es necesario «alejarse de la normalidad» impuesta, la «sensación de desconcierto» y sobre todo, frenar la idea de la «Cataluña de los diez millones». La número dos de ERC y candidata de los republicanos a Barcelona, concluye que la «lucha en torno a la identidad será clave en los próximos años para decidir qué Cataluña queremos». Todo esto en un contexto de «modelo económico español, que es un modelo económico perezoso» y un modelo territorial de la «Cataluña de la AP7», es decir, el hecho de que el 80% de la población se concentra en una franja litoral entre la costa y la autopista y un interior del país con comarcas con menos de diez mil habitantes. Aquí ha defendido un modelo de equilibrio territorial donde Barcelona ejerza de capital recíproca con el país.

Elisenda Alamany, en un moment de la seva xerrada a l'UCE/Josep Maria Montaner/UCE
Elisenda Alamany, en un momento de su charla en la UCE/Josep Maria Montaner/UCE

Los tres caminos

Alamany ha puesto la demografía sobre la mesa. En esta línea, ha remarcado que la población de Cataluña son «8,2 millones de habitantes, dos millones han nacido en el extranjero, con las mismas infraestructuras o peores y la misma financiación, es un reto brutal». Ahora bien, también ha alertado sobre cómo abordar la inmigración. «¡Cuidado cómo hablamos de la demografía!», ha enfatizado. Por ello, ha pedido afrontar el «desconcierto identitario como pueblo» porque «si no nos ocupamos nosotros, lo harán otros para empequeñecernos». De hecho, Alamany razona que ante un miedo o preocupación «legítima» de la pérdida de la identidad, lo que se necesita es plantear qué hacer ante ese miedo.

De esta manera, Alamany ha aprovechado la ocasión para cargar contra los que «quieren llegar a los diez millones porque les da igual el país». «Son los del cosmopolitismo ingenuo», ha calificado. En esta línea, ha recordado que Cataluña tiene 8,2 millones de habitantes para unos servicios pensados para seis millones, por tanto, con diez millones no es sostenible. A su parecer, los que defienden la Cataluña de los diez millones no creen en la identidad nacional del país cuando es un «elemento clave» para ERC con el sustrato de que lo importante no es crecer sino garantizar que los catalanes vivan «bien». Ante este miedo reverencial a la pérdida de la identidad, aparecen los que «se quieren cerrar» y «reparten carnets de identidad» que choca con el catalanismo identificado como un movimiento transversal «obsesionado por ser más». El camino para Alamany es el que llama la «identidad inclusiva». «Este es el único camino, seamos honestos, que nos permitirá crecer, ser más, y, sobre todo, ser más fuertes, para ganar», ha rematado.

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