El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ha considerado este jueves como «bajas» las posibilidades de llegar a un acuerdo con las autoridades de Cuba ante su supuesta falta de apertura para cambiar un sistema que califica de «fracasado», según ha recogido la agencia Europa Press. La mano derecha de Trump, gran canalizador de votos de la diáspora latinoamericana en los EE.UU., se refiere a lograr un acuerdo que normalice las relaciones bilaterales en general, como un cambio en el sistema político cubano. En declaraciones que han encendido todas las alarmas sobre una posible escalada militar, Rubio no ha descartado el uso de la fuerza bélica contra la isla caribeña, situando la crisis bilateral en el punto más tenso de las últimas décadas.
Una preferencia por la paz, pero con amenazas
«La preferencia del presidente Trump es siempre un acuerdo negociado y pacífico. En cuanto a Cuba, seré sincero, la probabilidad de que esto ocurra, teniendo en cuenta con quién estamos tratando, no es muy alta», ha afirmado el jefe de la diplomacia estadounidense en declaraciones a la prensa antes de viajar a Suecia para participar en la reunión de ministros de exteriores de la OTAN.
Rubio ha lanzado un mensaje al gobierno cubano: «Si cambian de opinión, aquí estamos». No obstante, sus palabras posteriores han revelado un tono significativamente más amenazante, porque no descarta la vía militar en el caso de Cuba, aludiendo que puede suponer una amenaza a la seguridad nacional estadounidense por su proximidad geográfica con los Estados Unidos.
El secretario de Estado ha insistido en que la distancia entre Cuba y la costa de Florida —solo 90 millas, unos 144 kilómetros— convierte cualquier inestabilidad en la isla en un asunto de seguridad nacional directa para Washington. «Nos veremos afectados por la crisis migratoria, por cualquier acto de violencia e inestabilidad que se produzca allí. Esto afecta directamente los intereses nacionales de los EE.UU.», ha indicado. Si «hay una amenaza para la seguridad nacional» de los EE.UU., el presidente «no solo tiene el derecho, sino también la obligación de enfrentar esta amenaza«, ha alegado Rubio, en unas palabras que recuerdan a las utilizadas en otras intervenciones militares estadounidenses en América Latina. «El futuro de Cuba pertenece al pueblo cubano, en cuanto a cómo se gobierna, pero la amenaza para la seguridad nacional es algo en lo que nos centraremos al 100%», ha rematado.
Rubio ha insistido en que Cuba es un «estado fallido» y que su modelo «no se asemeja a lo que nadie está haciendo en ninguna parte del mundo». El secretario de Estado ha comparado Cuba con sus vecinos caribeños: «En las Bahamas, Jamaica, República Dominicana o en Florida la gente tiene derecho a tener un negocio, trabajar por cuenta propia y poder votar por sus líderes».
«Todo esto es posible alrededor de Cuba, ¿por qué no es posible dentro de Cuba? Y ahora mismo, simplemente no parece haber personas al frente del régimen que estén de alguna manera abiertas a cualquiera de estos cambios», ha zanjado el responsable de la diplomacia estadounidense.
Escalada de presión sin precedentes
En los últimos días, Washington ha elevado considerablemente la presión sobre La Habana con una estrategia que combina retórica agresiva, sanciones económicas y acciones judiciales. Primero fue el mismo Rubio quien se dirigió directamente al pueblo cubano para proponer establecer una «nueva relación» sin la tutela de las autoridades de la isla, a las cuales ha acusado de «saquear miles de millones de dólares».
A esto siguió la imputación del expresidente y líder histórico de la Revolución Raul Castro por parte del Departamento de Justicia de los EE.UU. por el derribo en 1996 de dos aviones civiles en aguas internacionales pertenecientes a la organización de exiliados cubanos Hermanos al Rescate, un incidente que dejó cuatro muertos.

Respecto a la polémica sobre la ayuda humanitaria de 100 millones de dólares, Rubio ha asegurado que Cuba ha aceptado las condiciones estadounidenses de distribuirla a través de la Iglesia católica, aunque ha mostrado escepticismo: «Dicen que lo han aceptado. Ya veremos si eso es lo que significa».
«No prestaremos ayuda humanitaria que acabe en manos de sus empresas militares», ha afirmado categóricamente. «Estuve en Roma hace un par de semanas y me reuní con la Iglesia católica. Están dispuestos a dar un paso adelante», ha añadido, insistiendo en que Washington canalizará la asistencia a través de organizaciones no gubernamentales.
Cuba denuncia mentiras y preparativos de agresión
El jefe de la diplomacia cubana, Bruno Rodríguez, ha acusado a Rubio de mentir para «instigar una agresión militar» que «provocaría el derramamiento de sangre de cubanos y estadounidenses». Rodríguez ha asegurado que «Cuba no es, ni nunca ha sido, una amenaza para la seguridad nacional de los EE.UU.» y ha denunciado que «es el gobierno estadounidense el que agrede de forma despiadada y sistemática al pueblo cubano», prohibiendo la importación de combustible y reforzando «el carácter extraterritorial del bloqueo«.
El canciller cubano ha reprochado que Rubio «insiste en la falsedad de calificar a Cuba como estado patrocinador del terrorismo», cuando según él ha sido Washington quien ha permitido durante décadas «la organización y ejecución de acciones terroristas contra Cuba» desde su territorio. Rodríguez ha identificado al secretario de Estado, de origen cubano, como el «artífice» de las medidas contra la isla y «el principal obstáculo para el desarrollo económico de Cuba».
Con esta combinación de retórica belicosa, sanciones económicas asfixiantes y acciones judiciales contra líderes históricos, la relación entre Washington y La Habana ha entrado en una espiral de confrontación que no se veía desde los tiempos más álgidos de la Guerra Fría.
