«En aquel autobús Cataluña había desaparecido. Si me esforzaba, al menos, mi país aparecería de una manera u otra allí dentro». Con esta contundencia se expresa Roger Busqué, el pasajero que presentó una denuncia a los Mossos d’Esquadra por haber sufrido una agresión verbal y física el pasado 3 de junio de 2026 en la línea de autobuses de la compañía Teisa, en un trayecto entre Cassà de la Selva y Girona. Después de que El Món se hiciera eco de la denuncia y del asesoramiento de Acció Cassandra, Roger desglosa, en conversación con este diario, cómo fue que un simple trayecto de bus derivó en un veto lingüístico, vejaciones, insultos, amenazas, y finalmente su expulsión del vehículo.
Un conflicto por la música que destapó el veto lingüístico
Roger explica que subió al bus aproximadamente a las ocho y cuarenta y cinco de la noche. Inmediatamente, notó que la conductora tenía la música puesta a un volumen muy alto, «como si fuera una discoteca». Con un tono que describe como «correcto y administrativo», se dirigió a la trabajadora para pedirle, siempre en catalán, si podía bajarla o si los altavoces de la parte posterior del vehículo estaban regulados de modo que hicieran menos ruido, buscando una solución intermedia.
La respuesta inicial de la conductora, siempre según su relato, fue muy despectiva: “¿Qué? ¿Qué?”. Al pedirle de nuevo, de manera más clara, que bajara la música, la mujer le espetó que no le entendía y que le hablara en castellano. «Racionalmente, esta mujer me entendía perfectamente, pero no quería interactuar conmigo porque le hablaba en catalán“, asegura Roger, que también remarca la poca diferencia entre la frase en catalán y en castellano: «Ya me diréis en qué se diferencia ‘música fuerte’ de ‘música fuerte’, añadiendo la mímica natural de las manos, señalar la oreja, los altavoces“. Para el afectado, la reacción responde a «una decisión expresa de no interactuar conmigo como pasajero porque le hablaba en catalán». ”Me discriminó, me seleccionó como no digno de ser atendido, porque le hablaba en catalán”, sentencia.
Coincidencia de quince días atrás
Roger considera que la reacción de la conductora no fue casual. Recuerda que justo quince días antes ya se había encontrado con ella en un trayecto de ida entre Girona y Cassà. En aquella ocasión, la conductora pedía a los pasajeros que no usaran los teléfonos móviles basándose en unos carteles nuevos del autobús. «Al bajar por la puerta delantera, quise tener un gesto de cortesía y agradecerle que pusiera un poco de orden», relata Roger. Al agradecérselo en catalán, la conductora ya le respondió con desprecio diciendo que no le entendía: “¡No te entiendo si no me hablas en español!” Roger no le hizo caso y bajó tranquilamente, diciéndole: «Te has perdido la felicitación y el agradecimiento de un pasajero…»

“Linchamiento» y la «simbiosis» de la conductora con otra pasajera
Durante el incidente del 3 de junio, Roger decidió no ceder al chantaje lingüístico y mantenerse firme en el uso del catalán. Deja muy claro que en ningún momento entró en el “marco de desprecio” de la trabajadora: «No insulté, ni utilicé malas palabras y tampoco obstruí el libre tránsito del autobús». De hecho, pagó el billete y se apartó para dejar pasar a los pasajeros que venían detrás de él. Sin embargo, otra pasajera comenzó a increparlo e insultarlo gravemente en castellano, llamándolo “gilipollas” y amenazándolo con bajarlo «a patadas» del bus si no hablaba castellano.
«La conductora y esta pasajera entraron en una especie de simbiosis», lamenta Roger. «La conductora no hizo uso de su autoridad para detener los insultos ni para calmar la situación o para reconducirla hacia una situación más ponderada; al contrario, el marco era este, el de la grosería, el del linchamiento, con frases muy similares, las de la pasajera con desprecio e insultos, las de la conductora con desprecio sin insultos, alrededor de la amenaza de parar el bus y hacerme bajar». Y sentencia: «Obviamente, les molestaba, mucho, un pasajero que habla catalán y que se planta decidido a hablar solo en catalán. No sabían qué hacer conmigo. No había país, en ese bus, para saber qué hacer conmigo. Pero yo tenía que resolver qué hacer con mi país en ese bus», argumenta. Asegura que defendió con firmeza: «Soy catalán y en mi país hablo catalán”, pero recibió una respuesta «amenazante» y «a gritos» por parte de la conductora y frases de la pasajera como «¡tú lo que eres es un gilipollas, esto es España!”.
Roger también dice que la señora que lo empujó «se mantenía en el marco y la conducta que le permitía la conductora y, finalmente, siguió sus indicaciones». El único pasajero que intentó poner un poco de paz, y apaciguar la situación, fue un chico joven que tampoco hablaba catalán, el cual fue «el único contrapeso real, dispuesto a escucharme, como si fuera la única autoridad». Para evitar que la situación fuera a más, Roger se retiró a la parte posterior del vehículo, aunque la agresora lo siguió por el pasillo gritando e insultándolo.

Expulsión a empujones, grabada en un minuto y medio
Al llegar a Girona, Roger tomó el móvil y comenzó a grabar un vídeo de un minuto y 33 segundos. Entonces, se dirigió a la conductora —esta vez en castellano— para pedirle su nombre y advertirle que la estaba grabando. La conductora, según su testimonio, le respondió de forma altanera alegando que lo que era ilegal era grabarla. En ese instante de la grabación, un señor pidió pasar y Roger se apartó. Fue entonces cuando la conductora le dijo: “¿Puede bajar, por favor?”. Cuando Roger respondió que no bajaba, la pasajera que lo había estado insultando lo empujó físicamente por las escaleras. «Determinado a no oponer resistencia física, tuve que bajar las escaleras para no caer, e inmediatamente las puertas se cerraron y el bus se fue», relata, y subraya la coordinación implícita entre la conductora –que abre la puerta y pide que baje– y la pasajera –que ejecuta el empujón.
«De alguna manera, he hecho existir a Cataluña dentro de ese bus»
Roger ha decidido llevar el caso hasta las últimas consecuencias legales. Además de interponer la denuncia ante los Mossos y aportar la grabación, ha iniciado trámites con la Asociación de Consumidores y se ha puesto en manos de Acció Cassandra, que ha asumido la representación jurídica del afectado y ha abierto el estudio jurídico del caso para impulsar las acciones penales pertinentes. También destaca la buena atención recibida por parte del personal de taquillas, administración y atención al cliente de Teisa. Como usuario habitual, encuentra que «el servicio es muy bueno», pero opina que, sobre todo en algunas líneas, la empresa debe estar «desbordada» por la situación lingüística general. Roger lamenta no haber recibido ningún gesto de apoyo por parte de ningún otro viajero catalanohablante: «No había terreno de juego porque no había nadie que hablara en catalán o, si lo había, estaba aislado y no se atrevió a levantarse».
A pesar de mostrarse muy pesimista con la salud de la lengua en el espacio público –incluso en Girona–, Roger cierra el relato con una última reflexión: «Llevar esto adelante te da una cierta paz interior, un reequilibrio. Y además, he notado algunos cambios sutiles interesantes en mi entorno laboral, sobre todo. No sé si soy yo o son los demás, pero compañeros que antes me hablaban en castellano ahora me hablan en catalán, siendo para ellos un esfuerzo que conmigo, les es natural, hacerlo…». «Quien no hace todo lo posible es esclavo de sí mismo… Pues en ese momento hice todo lo posible, y ya está. Y el país, qué le vamos a hacer, veamos qué pasará, próximamente…», concluye.

